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El futbolista internacional que jugó su último partido en Auschwitz y fue asesinado por sus goles

Hoy, 27 de enero, se conmemora el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto, establecido por la ONU para recordar el genocidio nazi que acabó con la vida de seis millones de judíos y millones de personas de otros grupos. La fecha marca la liberación en 1945 del campo de Auschwitz-Birkenau. Esta jornada honra a las víctimas, rinde homenaje a los supervivientes y busca prevenir la repetición de tales atrocidades mediante la educación y la memoria. Fue proclamado oficialmente por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2005, tras una resolución adoptada en noviembre de ese año.

El 27 de enero de 1945, el Ejército Rojo soviético liberó el mayor campo de concentración y exterminio nazi, situado en la Polonia ocupada. Un horror al que tampoco fue ajeno al fútbol. Se disputaron «partidos de la muerte» y muchos futbolistas sufrieron en sus propias carnes el horror del nazismo. Ese es caso de Antoni Lyko, delantero internacional polaco que fue ejecutado por el comandante Karl Fritzsch el 3 de julio de 1941, un día después de jugar un «partido de la muerte» contra guardias alemanes y marcar dos goles.

 

Criado en el seno de una familia polaca, jugó como profesional en dos clubes amateurs de fútbol cracovianos: primero en el Prądniczanka y posteriormente en el Rakowiczanka, donde permaneció hasta 1929. A principios de la década de 1930 fichó por uno de los equipos más importantes de Polonia, el Wisła Cracovia, en el que estuvo hasta 1939, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Marcó un total de 30 goles en 108 partidos.

Fue internacional con la selección de fútbol de Polonia, siendo uno de los convocados para la Copa Mundial de Fútbol de 1938 celebrada en Francia, pero no llegó a ir a Estrasburgo para enfrentarse a Brasil en los octavos de final. De hecho solo jugó dos partidos internacional, ambos contra Letonia.

«El partido de la muerte»

Tras el comienzo de la guerra, Łyko se unió a la Związek Walki Zbrojnej (Unión de Lucha Armada), antecesora del Armia Krajowa, principal movimiento de la resistencia polaca. El futbolista fue detenido por la Gestapo en las calles de Cracovia y encarcelado en Auschwitz, donde fue fusilado en junio de 1941 a la edad de 34 años.

Lyko murió un día después de haber jugado su último partido de fútbol, después de haberle convertido dos goles a los guardias alemanes, castigado por la pena capital «resistencia contra el poder del Estado» (Erschiessung wegen Widerstand gegen die Staaatsgewalt). La orden de ejecución fue emitida por la estación de policía de seguridad para el distrito de Cracovia. El fusilamiento significó un festival de exterminio nazi en procura de acabar con la población más instruida de la ciudad polaca: mataron a miembros de inteligencia, médicos, ingenieros, políticos, estudiantes y un futbolista, Antoni Andrzej Lyko.

En Auschwitz, como en tantos otros campos de concentración, se jugaba al fútbol. Era, entendían, un sistema de mantener entretenidos a los prisioneros, pero sobre todo a los guardias. Uno de los habituales partidos era el que disputaban prisioneros polacos contra kapos o miembros de las SS presentes en Auschwitz.

Uno de aquellos encuentros se disputó el 2 de junio de 1941. Sería el último de Antoni Lyko. En esa ocasión, el equipo compuesto por prisioneros polacos se impuso a los alemanes por 5-3. Lyko anotaría dos tantos. Unos goles que fueron su sentencia de muerte.

Murió de un tiro en la nuca. Una ejecución perpetrada por el comandante Karl Fritzsch que borracho y pistola en mano lo remató sobre el suelo.

Sus restos no existen: fue quemado en el horno crematorio. Tiene una tumba honorífica en el cementerio de Rakowicki, el más noble y antiguo de su ciudad natal.

Su pasión por el fútbol lo acompañó a lo largo de su vida pero también fue su sentencia de muerte.

 Fue internacional con la selección de fútbol de Polonia, siendo uno de los convocados para el Mundial de 1938. Un tiro en la nuca acabó con su vida tras endosar dos tantos a los alemanes.  

Hoy, 27 de enero, se conmemora el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto, establecido por la ONU para recordar el genocidio nazi que acabó con la vida de seis millones de judíos y millones de personas de otros grupos. La fecha marca la liberación en 1945 del campo de Auschwitz-Birkenau. Esta jornada honra a las víctimas, rinde homenaje a los supervivientes y busca prevenir la repetición de tales atrocidades mediante la educación y la memoria. Fue proclamado oficialmente por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2005, tras una resolución adoptada en noviembre de ese año.

El 27 de enero de 1945, el Ejército Rojo soviético liberó el mayor campo de concentración y exterminio nazi, situado en la Polonia ocupada. Un horror al que tampoco fue ajeno al fútbol. Se disputaron «partidos de la muerte» y muchos futbolistas sufrieron en sus propias carnes el horror del nazismo. Ese es caso de Antoni Lyko, delantero internacional polaco que fue ejecutado por el comandante Karl Fritzsch el 3 de julio de 1941, un día después de jugar un «partido de la muerte» contra guardias alemanes y marcar dos goles.

Criado en el seno de una familia polaca, jugó como profesional en dos clubes amateurs de fútbol cracovianos: primero en el Prądniczanka y posteriormente en el Rakowiczanka, donde permaneció hasta 1929. A principios de la década de 1930 fichó por uno de los equipos más importantes de Polonia, el Wisła Cracovia, en el que estuvo hasta 1939, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Marcó un total de 30 goles en 108 partidos.

Fue internacional con la selección de fútbol de Polonia, siendo uno de los convocados para la Copa Mundial de Fútbol de 1938 celebrada en Francia, pero no llegó a ir a Estrasburgo para enfrentarse a Brasil en los octavos de final. De hecho solo jugó dos partidos internacional, ambos contra Letonia.

Tras el comienzo de la guerra, Łyko se unió a la Związek Walki Zbrojnej (Unión de Lucha Armada), antecesora del Armia Krajowa, principal movimiento de la resistencia polaca. El futbolista fue detenido por la Gestapo en las calles de Cracovia y encarcelado en Auschwitz, donde fue fusilado en junio de 1941 a la edad de 34 años.

Lyko recibió el número de prisionero 11.780 al ingresar al campo de concentración de Auschwitz

Lyko murió un día después de haber jugado su último partido de fútbol, después de haberle convertido dos goles a los guardias alemanes, castigado por la pena capital «resistencia contra el poder del Estado» (Erschiessung wegen Widerstand gegen die Staaatsgewalt). La orden de ejecución fue emitida por la estación de policía de seguridad para el distrito de Cracovia. El fusilamiento significó un festival de exterminio nazi en procura de acabar con la población más instruida de la ciudad polaca: mataron a miembros de inteligencia, médicos, ingenieros, políticos, estudiantes y un futbolista, Antoni Andrzej Lyko.

En Auschwitz, como en tantos otros campos de concentración, se jugaba al fútbol. Era, entendían, un sistema de mantener entretenidos a los prisioneros, pero sobre todo a los guardias. Uno de los habituales partidos era el que disputaban prisioneros polacos contra kapos o miembros de las SS presentes en Auschwitz.

Uno de aquellos encuentros se disputó el 2 de junio de 1941. Sería el último de Antoni Lyko. En esa ocasión, el equipo compuesto por prisioneros polacos se impuso a los alemanes por 5-3. Lyko anotaría dos tantos. Unos goles que fueron su sentencia de muerte.

Murió de un tiro en la nuca. Una ejecución perpetrada por el comandante Karl Fritzsch que borracho y pistola en mano lo remató sobre el suelo.

Sus restos no existen: fue quemado en el horno crematorio. Tiene una tumba honorífica en el cementerio de Rakowicki, el más noble y antiguo de su ciudad natal.

Su pasión por el fútbol lo acompañó a lo largo de su vida pero también fue su sentencia de muerte.

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