El Real Madrid de Álvaro Arbeloa se mide contra el Benfica de Mourinho en la Champions. El entrenador blanco va a meter pocos cambios en la alineación porque ya tiene un equipo claro. Tiene una duda. Pero, a parte de eso, el partido de hoy, sobre todo, es el reencuentro de dos amigos.
Doce años y medio no pasan en balde. Es imposible. Lo que dolía tanto se matiza y lo que no se perdona, es que ya no importa. José Mourinho vuelve a enfrentarse al Real Madrid de Álvaro Arbeloa, el jugador que fue su apoyo en el vestuario cuando todo empezaba a arder. Si Arbeloa entrena hoy al Real Madrid es debido a lo que nació ahí, en esas fechas convulsas. Pero a Mourinho, ayer, antes del partido en el que su Benfica tiene que ganar para intentar clasificarse, le preguntaron por Negreira y los pagos del Barcelona al vicepresidente de los árbitros. Le preguntaron porque no son pocos los que han querido ver en su famosa y antigua conferencia de prensa (la del «por qué, por qué, por qué», tras un partido de Champions contra el Barcelona) las primeras preguntas sobre el caso de los pagos, cuando aún no se sabía (y se tardaría muchos años) lo que pasaba. Sin embargo, Mourinho se negó a liderar una protesta, se negó a ser el Mourinho que los más mourinhistas querían que fuera: «No me interesa, honestamente. Vivo mi carrera día a día. Lo que ha pasado, ha pasado», dijo. Y ya.
Mourinho, regreso al pasado
Sin embargo, pese a que no quiso recordar eso, Mourinho se reencuentra con un club al que marcó durante tres temporadas decisivas con una reconstrucción profunda. Se reencuentra con una parte de sí mismo, con una época en la que eligió trincheras y creó lealtades a cambio de fracturas. Álvaro Arbeloa fue uno de esos soldados. No el más brillante, sí uno de los más firmes. Su fidelidad tuvo serios costes: enfrentamientos abiertos con internacionales del Barcelona, pero también una identificación con el madridismo que ha sido su principal empuje en los primeros días en el banquillo blanco.
Más de doce años después, la verdad, nada se olvida. «Lo primero, que le vaya todo bien, que es lo que quiero. A Arbeloa quiero que le vaya bien donde vaya. Yo quiero que al Madrid le vaya bien con cualquier entrenador. Imagínate al Madrid con Arbeloa», explicó Mourinho. «Solo quiero que les vaya contra nosotros».
Mourinho trabaja en un Benfica muy justito, obligado a ganar para seguir con vida en la Champions y lejos de los rumores de los grandes banquillos. Ya no entra en las quinielas porque su tiempo en la máxima élite, ha pasado. Arbeloa, en cambio, es la apuesta interna del Real Madrid tras la salida de Xabi Alonso, otro de los entrenadores moldeados por Mourinho en aquel Madrid que logró frenar la hegemonía del Barcelona de Pep Guardiola. El pulso del maestro contra el alumno. «Dentro de ese ‘ser Álvaro Arbeloa’, hay una parte importante de su influencia, así como de todo lo que significó. Y pude aprender a nivel comunicativo y táctico», decía el entrenador del Real Madrid.
Rivalidad con cariño
Es una rivalidad hoy, con cariño al fondo. «Lo único importante para mí es que sea feliz. Ser entrenador es muy difícil, porque hay mucha gente que sabe más que tú, que te critica cada día. Es importante que te guste», le aconsejaba Mourinho. «Esta silla está para disfrutarla, es la única manera de llevarla. Dar el máximo y trabajar todo lo posible. No hay otra manera de hacer las cosas, en cualquier ámbito, que disfrutando al máximo. Esto lleva muchísima dedicación, esfuerzo. Y así llegan los resultados», contestaba Arbeloa, como si de un diálogo se tratase.
No han hablado entre ellos «No he hablado con Álvaro. Mi número es muy complejo, solo lo tiene mi familia. Tengo otro teléfono, pero ese siempre cambia y pierdo el contacto de mucha gente», relató un Mourinho desapegado. «He intentado molestarle lo menos posible. Pero es uno de esos amigos que puedes estar mucho tiempo sin hablarle, que un día le llamas a las 03:00 y estoy seguro que respondería», contestó Arbeloa a esa «desconexión de la amistad».
Hace pocos días Mourinho habló con resquemor de los clubes que confían en entrenadores sin experiencia. Sonaba tanto a Arbeloa…: «La pregunta era sobre Spalletti. Mi respuesta es sobre él», explicó Mourinho. «A los españoles os ha venido bien para hablar de Arbeloa y a los italianos de Chivu. Ambos son mis niños, son exjugadores míos y son especiales. Desde el punto de vista humano, es de mis jugadores favoritos humanos. No ha sido el mejor, pero quizá ha sido de los mejores hombres del Madrid. Espero que a Arbeloa le vaya todo muy bien y tenga una carrera fantástica», afirmó el entrenador portugués.
Y Arbeloa, después, tampoco se quedó corto: «Lo que hizo aquí hace doce años tuvo muchísimo mérito. Como el trabajo de Carlo Ancelotti o Zizou, después. Pero las bases de aquellos años las puso Mourinho. Aquí vengo a dar mi opinión, no a convencer a nadie; pero esto es algo que tengo dentro. Como creo que dentro del club, le han valorado siempre. Y por eso, fue, es y será, uno di noi», acabó el entrenador del Madrid, el niño de Mourinho.
Alineación Real Madrid contra el Benfica
Courtois; Fede Valverde, Asencio, Huijsen, Carreras; Tchouaméni, Güler, Bellingham; Mastantuono o Rodrygo, Vinicius y Mbappé.
El conjunto blanco afronta el partido de la Champions con las ideas muy claras, pero con un puesto por definir
El Real Madrid de Álvaro Arbeloa se mide contra el Benfica de Mourinho en la Champions. El entrenador blanco va a meter pocos cambios en la alineación porque ya tiene un equipo claro. Tiene una duda. Pero, a parte de eso, el partido de hoy, sobre todo, es el reencuentro de dos amigos.
Doce años y medio no pasan en balde. Es imposible. Lo que dolía tanto se matiza y lo que no se perdona, es que ya no importa. José Mourinho vuelve a enfrentarse al Real Madrid de Álvaro Arbeloa, el jugador que fue su apoyo en el vestuario cuando todo empezaba a arder. Si Arbeloa entrena hoy al Real Madrid es debido a lo que nació ahí, en esas fechas convulsas. Pero a Mourinho, ayer, antes del partido en el que su Benfica tiene que ganar para intentar clasificarse, le preguntaron por Negreira y los pagos del Barcelona al vicepresidente de los árbitros. Le preguntaron porque no son pocos los que han querido ver en su famosa y antigua conferencia de prensa (la del «por qué, por qué, por qué», tras un partido de Champions contra el Barcelona) las primeras preguntas sobre el caso de los pagos, cuando aún no se sabía (y se tardaría muchos años) lo que pasaba. Sin embargo, Mourinho se negó a liderar una protesta, se negó a ser el Mourinho que los más mourinhistas querían que fuera: «No me interesa, honestamente. Vivo mi carrera día a día. Lo que ha pasado, ha pasado», dijo. Y ya.
Mourinho, regreso al pasado
Sin embargo, pese a que no quiso recordar eso, Mourinho se reencuentra con un club al que marcó durante tres temporadas decisivas con una reconstrucción profunda. Se reencuentra con una parte de sí mismo, con una época en la que eligió trincheras y creó lealtades a cambio de fracturas. Álvaro Arbeloa fue uno de esos soldados. No el más brillante, sí uno de los más firmes. Su fidelidad tuvo serios costes: enfrentamientos abiertos con internacionales del Barcelona, pero también una identificación con el madridismo que ha sido su principal empuje en los primeros días en el banquillo blanco.
Más de doce años después, la verdad, nada se olvida. «Lo primero, que le vaya todo bien, que es lo que quiero. A Arbeloa quiero que le vaya bien donde vaya. Yo quiero que al Madrid le vaya bien con cualquier entrenador. Imagínate al Madrid con Arbeloa», explicó Mourinho. «Solo quiero que les vaya contra nosotros».
Mourinho trabaja en un Benfica muy justito, obligado a ganar para seguir con vida en la Champions y lejos de los rumores de los grandes banquillos. Ya no entra en las quinielas porque su tiempo en la máxima élite, ha pasado. Arbeloa, en cambio, es la apuesta interna del Real Madrid tras la salida de Xabi Alonso, otro de los entrenadores moldeados por Mourinho en aquel Madrid que logró frenar la hegemonía del Barcelona de Pep Guardiola. El pulso del maestro contra el alumno. «Dentro de ese ‘ser Álvaro Arbeloa’, hay una parte importante de su influencia, así como de todo lo que significó. Y pude aprender a nivel comunicativo y táctico», decía el entrenador del Real Madrid.
Rivalidad con cariño
Es una rivalidad hoy, con cariño al fondo. «Lo único importante para mí es que sea feliz. Ser entrenador es muy difícil, porque hay mucha gente que sabe más que tú, que te critica cada día. Es importante que te guste», le aconsejaba Mourinho. «Esta silla está para disfrutarla, es la única manera de llevarla. Dar el máximo y trabajar todo lo posible. No hay otra manera de hacer las cosas, en cualquier ámbito, que disfrutando al máximo. Esto lleva muchísima dedicación, esfuerzo. Y así llegan los resultados», contestaba Arbeloa, como si de un diálogo se tratase.
No han hablado entre ellos «No he hablado con Álvaro. Mi número es muy complejo, solo lo tiene mi familia. Tengo otro teléfono, pero ese siempre cambia y pierdo el contacto de mucha gente», relató un Mourinho desapegado. «He intentado molestarle lo menos posible. Pero es uno de esos amigos que puedes estar mucho tiempo sin hablarle, que un día le llamas a las 03:00 y estoy seguro que respondería», contestó Arbeloa a esa «desconexión de la amistad».
Hace pocos días Mourinho habló con resquemor de los clubes que confían en entrenadores sin experiencia. Sonaba tanto a Arbeloa…: «La pregunta era sobre Spalletti. Mi respuesta es sobre él», explicó Mourinho. «A los españoles os ha venido bien para hablar de Arbeloa y a los italianos de Chivu. Ambos son mis niños, son exjugadores míos y son especiales. Desde el punto de vista humano, es de mis jugadores favoritos humanos. No ha sido el mejor, pero quizá ha sido de los mejores hombres del Madrid. Espero que a Arbeloa le vaya todo muy bien y tenga una carrera fantástica», afirmó el entrenador portugués.
Y Arbeloa, después, tampoco se quedó corto: «Lo que hizo aquí hace doce años tuvo muchísimo mérito. Como el trabajo de Carlo Ancelotti o Zizou, después. Pero las bases de aquellos años las puso Mourinho. Aquí vengo a dar mi opinión, no a convencer a nadie; pero esto es algo que tengo dentro. Como creo que dentro del club, le han valorado siempre. Y por eso, fue, es y será, uno di noi», acabó el entrenador del Madrid, el niño de Mourinho.
Alineación Real Madrid contra el Benfica
Courtois; Fede Valverde, Asencio, Huijsen, Carreras; Tchouaméni, Güler, Bellingham; Mastantuono o Rodrygo, Vinicius y Mbappé.
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