
María José Torres trabajó casi ininterrumpidamente hasta los 51 años. “Me fui al paro porque mi empresa cerró por jubilación, en la que trabajaba de comercial. Tengo más de 30 años cotizados”, explica esta granadina de 55 años. “Llevo cuatro años en paro. He echado cientos de currículums. Echas primero en lo que más te interesa y luego vas bajando a cualquier cosa, pero solo he hecho una entrevista. Y no me cogieron”. Cuenta que en una oficina del paro un empleado público le dijo: “Con tu edad y en España lo tienes difícil. Mira el portal Eures”. Es el servicio de empleo europeo.
2,47 millones de personas continúan sin trabajo, de las cuales casi un millón lleva más de un año buscando, pese a la mejora de la economía respecto al anterior periodo en que se bajó del 10%
María José Torres trabajó casi ininterrumpidamente hasta los 51 años. “Me fui al paro porque mi empresa cerró por jubilación, en la que trabajaba de comercial. Tengo más de 30 años cotizados”, explica esta granadina de 55 años. “Llevo cuatro años en paro. He echado cientos de currículums. Echas primero en lo que más te interesa y luego vas bajando a cualquier cosa, pero solo he hecho una entrevista. Y no me cogieron”. Cuenta que en una oficina del paro un empleado público le dijo: “Con tu edad y en España lo tienes difícil. Mira el portal Eures”. Es el servicio de empleo europeo.
Esta granadina es una de los 2,47 millones de desempleados que hay en España, según la Encuesta de Población Activa que el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó este martes. Es una edición histórica, que sitúa la tasa de paro por debajo del 10% (9,93%) por primera vez desde la burbuja del ladrillo. Y, sin embargo, España sigue notificando un volumen altísimo de parados en comparación con la media europea, del 6%. Esta realidad convive con una generación masiva de empleos: en el último año España ganó 605.000, más que ningún otro país del continente.

Ninguno de esos puestos fue para María José, que, atendiendo a las estadísticas oficiales, se asemeja a uno de los perfiles más comunes de desempleado: es mujer, mayor de 50 años, en paro de larga duración y vive en el sur.
Empezando por el final, Nacho Álvarez, profesor de Economía Aplicada en la Universidad Autónoma de Madrid, cree que “el principal determinante del fuerte desempleo que existe en España en algunos colectivos sigue estando vinculado al infradesarrollo del tejido productivo y empresarial de ciertas regiones del país”. Sostiene que “allí donde este infradesarrollo es mayor (Extremadura, Andalucía y Castilla-La Mancha), el desempleo es mayor”. La provincia en la que vive María José, Granada, notifica la segunda tasa de paro más alta del país (17,3%), solo por detrás de Cádiz. En Gipuzkoa es de un 6,4%, como la media comunitaria.

Arturo Lahera, profesor del departamento de Sociología Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid, destaca que, pese a la evolución positiva del desempleo en estos territorios en los últimos años (a la vez, los que más margen de mejora tienen), estas economías no terminan de diversificarse lo suficiente, que siguen dependiendo en exceso de sectores poco productivos como el turismo o el campo. Este especialista advierte de que la crisis de precios de la vivienda acentúa este fenómeno, ya que complica la movilidad a los territorios con más empleos y donde, a la vez, más caros son los pisos.
Problemas para los mayores
Por edad, el paro se concentra con mayor intensidad en los dos extremos de la carrera laboral: al empezar y al acabar. A Marcel Jansen, investigador de Fedea, le preocupa especialmente la situación de los segundos: “Si tienes la mala suerte de tener 50 años e irte al paro, si no encuentras trabajo en el primer año estás prácticamente acabado. La puerta de salida está más abierta que la de reintegro”. Los datos del INE muestran que de las 900.800 personas en paro desde hace más de un año, el 56% tiene más de 45 años.

El también especialista de Fedea Ignacio Conde-Ruiz abunda en esta falla: “El problema de los trabajadores mayores tiene que ver con dos efectos: uno, que lo que hacían ya no lo demanda el mercado de trabajo con tanta intensidad y, como las políticas activas no funcionan, no hay reciclaje profesional para estas personas. De ahí que tantas personas encuentren empleo y ellos no. Y dos, que tenemos un diseño de prestaciones que no incentiva el empleo”.
Este especialista pone el foco en el esquema, no en los beneficiarios como tal, al criticar que la prestación para mayores de 52 años (que no se agota hasta la jubilación y por la que se cotiza al 125% del salario mínimo) “es poco dinámica”. “Aunque permite compaginar empleo y prestación, está muy limitado y no acaba de funcionar. Para estas personas es un riesgo muy grande aceptar ofertas mal remuneradas que impliquen que puedan perder la prestación”, añade Conde-Ruiz.

María José es una de las 455.700 personas que reciben esta prestación asistencial, la más común de las no contributivas. Es de 480 euros al mes. “No tengo otro ingreso. Te apañas mal. Tengo una hija de 34 años y otro de 30, y tener que pedirles ayuda con algún gasto jode, te desmoraliza”, dice.
En promedio, las personas en paro están más tristes que las empleadas y sufren más problemas de salud mental: el 9,4% de los parados dicen que nunca se sienten felices, casi el doble que entre trabajadores (5,1%), se sienten más solos (8,5%, frente al 3,6% de los ocupados) y sufren más ansiedad crónica (9,2%, y 4,6% los trabajadores). “Si no has trabajado nunca, pues vale, pero que yo trabajo desde los 16 años y te ves con esta edad que no te llaman, que no te alcanza… Hay a quienes les gustará vivir de las paguillas, pero no es mi caso”, añade esta desempleada granadina.

Álvarez cree que el problema del paro de los sénior es “endémico”: “Ha mejorado y se ha invertido mucho, pero no lo suficiente. Solucionarlo requiere políticas activas que permitan la recualificación. Es una asignatura pendiente de España y de las comunidades autónomas”. Lahera cree que otro factor que empeora el problema es que hay una “discriminación etaria” en las empresas. “Es un perfil, por lo general, rechazado por las empresas”.
Con todo, las tasas de desempleo de los empleados veteranos (7,4% de 50 a 54 años y 9,1% de 55 a 59) están por debajo del promedio (9,3%). Pero los especialistas agregan un matiz: muchos mayores que no trabajan y que aún no están jubilados son inactivos. No cuentan como parados porque no buscan empleo (ya sea porque se han rendido o por otros muchos motivos), pero igualmente son mano de obra desaprovechada. De ahí que la tasa de actividad en estos grupos de edad (86% de 50 a 54 años, 79% de 55 a 59 y 60% de 60 a 64) sea muy inferior a la de aquellos a la mitad del camino laboral, entre los 35 y los 45 años (90% de activos).
Jóvenes y mujeres
Las tasas de desempleo son mucho mayores entre los jóvenes, el otro grupo que más desempleo notifica. De 16 a 19 años es de un 30,4%, de un 21,8% de 20 a 24 años y del 12,7% de 25 a 29 años. Rafael Domenech, responsable de Análisis Económico de BBVA Research, subraya que estos porcentajes han mejorado mucho en los últimos años, en buena parte gracias a la bajada del abandono escolar: ahora se sitúa en el 12,8%, cuando en 2008 rondaba el 32%. Cabe destacar que, aunque está en su nivel más bajo en años y ya no es el peor de la UE, el paro juvenil español sigue situándose entre los más altos del club comunitario (23,4%), solo superado por Finlandia (24,1%), Suecia (26,2%) y Rumanía (26,9%).

Pese a la mayor penetración de la Formación Profesional en los últimos años, Conde-Ruiz y Jansen destacan la importancia de reforzar esta modalidad educativa para que siga bajando el paro juvenil. “Hay más capital humano, pero queda mucho por mejorar”, insiste Domenech, que a la vez subraya la relación entre mayor formación y menor desempleo. La tasa de paro entre las personas con estudios superiores se limita al 6,3%, muy por debajo del 20% que ronda la de aquellos que terminaron su vida académica en la primera etapa de secundaria.

De vuelta a la coincidencia del perfil de María José con el más común en España, es mujer. Hay 1,32 millones de mujeres en paro, frente a 1,15 millones de hombres. Ellas son más en la estadística negativa, mientras que en la cara positiva de la población activa, la ocupación, ellos las superan. De nuevo, es el menor dato de mujeres desempleadas en muchos años, pero ello no evita que su tasa de desempleo (11,2%) siga empeorando la de los varones (8,8%).
Por otro lado, la tasa de paro de los extranjeros (14,5%) es mayor que la de los españoles (9,01%), pero aquí de nuevo aplica el matiz de la población activa. La mayoría de extranjeros en edad laborable que viven en España trabajan o buscan empleo, mientras que esta circunstancia no se repite entre españoles, con muchos más inactivos. La tasa de actividad de los foráneos escala hasta el 69%, frente al 57% de los españoles.
“Está muy bien que baje el paro, pero los que seguimos ahí necesitamos más respuestas”, finaliza la granadina de 55 años. Los especialistas avisan de que la contracción del paro se está atenuando en los últimos trimestres, tras la fuerte bajada de estos años. “Pasar del 10% al 5% es más difícil que del 15% al 10%. Sin solucionar algunos problemas estructurales va a ser muy complicado”, agrega Jansen.
¿En qué se diferencia este mercado laboral y el de 2008?
La economía española ha cambiado mucho respecto a la que era la última vez que bajó de una tasa de paro del 10%, en 2008. “Aquella era una economía dopada por la burbuja del ladrillo, con muchos desequilibrios macroeconómicos que salieron a la superficie cuando llegó la crisis. Este patrón de crecimiento es mucho más sano”, opina Jansen. “Lo de ahora tiene más mérito, es más estructural. Entonces se construían 600.000 viviendas al año y ahora unas 100.000”, agrega Conde-Ruiz. “Aquello tenía pies de barro”, insiste Álvarez.
Lahera, en una línea parecida, destaca que los sectores de alta cualificación están generando mucho más empleo que antes, con un peso relativo a la baja de las actividades menos productivas. Esto se observa claramente en la composición del tejido productivo: el peso de la construcción se ha desplomado y algunas actividades de alto valor añadido, como las técnicas y las relacionadas con las comunicaciones, ganan cuota.

“Otra diferencia es que España en 2008 tenía una balanza comercial y de pagos muy desequilibrada, mientras que ahora ha ganado mucha competitividad y capacidad exportadora“, agrega Lahera. Domenech pone el foco en algunos de los retos pendientes de solucionar, como la mejora de la productividad hasta alcanzar a los pares europeos, el alza de la tasa de empleo y la corrección de las diferencias territoriales.
Feed MRSS-S Noticias
Más noticias
Las claves: los emergentes intentan sacar partido del recalentamiento de los mercados
Enrique Hernández, el CEO que va en bici al trabajo y defiende comprar menos
“Cuéntame un cuento” o el poder de las narrativas en los mercados