La base militar francesa de Istres, en el sur del país, sustituye a Morón y Rota, como centro de apoyo a la intervención de Estados Unidos en Irán. Emmanuel Macron acude en ayuda de su aliado transatlántico y le permitirá también, “de manera “temporal”, la utilización de sus bases militares en Próximo Oriente.
Según portavoces del Estado Mayor francés, Francia ha obtenido “la garantía completa” de que las aeronaves norteamericanas (aviones yhelicópteros) participan en operaciones de “apoyo” en Istres, y no en acciones militares en Irán.
Que las posturas de Emmanuel Macron y Pedro Sánchez no se asemejan en nada con respecto a la guerra de EEUU e Israel en Irán se confirma cada hora, a pesar de que algunos pretendan lo contrario.
El presidente francés ha sido claro en sus dos recientes discursos sobre el régimen islámico de Teherán: «La República islámica de Irán es la primera responsable de esta situación”, manifestó, recordando el “peligroso programa nuclear”, el apoyo a “grupos terroristas en el Líbano, en Yemen, las milicias en Irak” y “la orden de disparar contra su propio pueblo”.
Obligado, entre otras razones, como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, a desaprobar “operaciones militares fuera de los estipulado en el derecho internacional, el jefe del Estado francés reaccionó, sin embargo, así a la eliminación del ayatolá Jamenei: “La Historia nunca llora por los verdugos de su propio pueblo: Ninguno será lamentado”.
Macron no es Sánchez
Algunos en España pretendieron que Macron aplaudía el “no a la guerra” de Sánchez, cuando lo único que hizo es responder por reflejo europeísta – “a la Von der Layen”- a las amenazas de castigo comercial de Donald Trump al jefe de gobierno español.
El presidente francés, en la grave situación actual y en defensa de sus intereses internos y exteriores, no afirma directamente “sí a la guerra”, pero Francia pone en marcha – por tierra, mar y aire – su fuerza militar, implicada desde el primer día en el conflicto. Sus declaraciones y sus actos tienen la solemnidad que requiera la situación y están muy lejos de poder ser asimilados a soflamas pueriles pro-paz, propias de aspirantes a Miss o Míster Universo.
Lo cierto es que Estados Unidos cuentan con un aliado serio que cede sus instalaciones de guerra “en apoyo” al despliegue norteamericano en el Mediterráneo y en el Golfo.
París cuenta en la zona con bases militares en Catar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos. Ya en las primeras horas de la guerra, Francia derribó drones iraníes, “en legítima defensa”, que habían atacado dos de estas bases.
Macron no quiere afirmar claramente el “sí a la guerra”, pero en pocas horas dio la orden de enviar al Mediterráneo a la joya de su Armada, el portaviones “Charles De Gaulle”, con su escolta aérea y de fragatas, además de los aviones “Rafale”, un sitema de defensa antiaérea, un radar aeroportado y, por supuesto, la fragata estrella, “Languedoc”, que acostará en Chipre.
Sin mencionarlo todavía claramente, París participaría sin reparos a una eventual – y cada día menos improbable -operación para desatascar el Estrecho de Ormuz, por donde se da salida al combustible que nutre a Europa y que hoy está cerrado por los ataques de las fuerzas militares de la teocracia islamista.
Que en un principio el presidente francés pudiera parecer ambiguo en su actitud no es una sorpresa para sus compatriotas Es su habitual comportamiento hasta que alguno de sus consejeros o la propia realidad le hace ver las cosas más claras. En este caso, los consejeros militares son más convincentes que los políticos.
Melenchón, “no a la guerra”
Francia sabe que está al borde de participar directamente en una guerra que, inevitablemente, tendrá repercusiones internas. El líder de la extrema izquierda, Jean-Lun Melenchón y su partido, “La Francia Insumisa”, condena la intervención militar contra el régimen de los “moláhs”, reafirma su antiamericanismo y algunos de sus miembros, repiten insultos antisemitas dirigidos a Israel. En un intento de mantener un cierto equilibrio, Melenchón tuvo un recuerdo para “los miles de víctimas de Alí Jamenei y subrayó “la “lucha implacable que llevó a cabo contra el pueblo iraní. Una crítica mucho más clara que cualquier declaración en ese sentido de Pedro Sánchez.
A menos de diez días de las elecciones municipales, los partidos políticos franceses miden con atención sus declaraciones sobre la guerra. El jefe de los socialistas, Olivier Faure, ha pedido este jueves a Macron que reúna a los jefes de las formaciones políticas para informarles del papel que va a jugar Francia en el conflicto. Faure sabe que Melenchón ha edificado su estrategia electoral para esos comicios como para las presidenciales del año que viene en torno al electorado de los franceses musulmanes y le es difícil diputarle esos votos. “LFI” ha querido “racializar” la campaña apoyar el “gran reemplazo” de población que antes se consideraba
una teoría de “ultraderecha”.
La izquierda, en todo caso, desde los melenchonistas a los socialistas, pasando por los ecologistas y los comunistas son partidarios de mantenerse al margen del conflicto, como Francia hizo en la guerra contra el Irak de Sadam Husein. Pero las circunstancias no son las mismas y, como ha recordado Macron, en el caso actual, Irán ataca al conjunto de países árabes del Golfo y, por supuesto, al Líbano, a través de sus aliados de “Hisbulá”, algo que, por razones históricas y actuales Francia no puede permitir. En definitiva, los miles de asesinatos del régimen de Teherán son una prueba más convincente que las supuestas armas de “destrucción masiva” de Sadam Hussein.
Marine Le Pen, de acuerdo con Macron
Por su parte, Marine Le Pen, líder del partido “Agrupación Nacional”, manifestó un apoyo tácito a las palabras del presidente: “No encuentro nada chocante en las decisiones de Emmanuel Macron; el concepto de disuasión nuclear supone mostrar nuestras fuerzas. Macron ha expresado la necesidad de la defensa de los intereses franceses, lo que pasa por la protección de nuestros compatriotas y nuestras bases militares. El marco definido por el presidente, que consiste a estar en una posición defensiva, me parece el correcto”.
A la espera de que la posición de “defensa” se convierta en “ataque”, según la respuesta militar de Irán, los franceses parecen desinteresarse por esta ambigüedad conceptual y centran su temor en el aumento del coste de los combustibles. Basta que el ministro de economía asegure que no hay que ceder al pánico para que las gasolineras hayan sido asaltadas por ciudadanos preocupados no sólo por su bolsillo, sino por una eventual penuria de gasolina.
Según un sondeo del instituto “Elabe”, seis de cada cuatro franceses se oponen a la guerra. Esa mayoría estima que el conflicto es algo negativo para el comercio mundial y para la economía francesa, pero positivo para los derechos humanos en Irán. Motivo de inquietud es, sin duda, la posibilidad de que la guerra dé pie atentados en suelo francés o contra militares franceses en el exterior. Pocos olvidan aquí el reguero de muerte dejado por terroristas sufragados por el régimen islamista contra intereses franceses en los años 80, especialmente el atentado que se cobró la vida de 58 militares franceses, el 23 de octubre de 1983, en Beirut.
El ministro francés del Interior, Laurent Núñez, ha dado orden de aumentar la seguridad en sinagogas y en sedes de organizaciones de oposición a la República Islámica.
El presidente galo encuentra un aliado tímido en Le Pen, siempre que no se traduzca en una ofensiva, y tiene a la izquierda opuesta a ayudar a EEUU
La base militar francesa de Istres, en el sur del país, sustituye a Morón y Rota, como centro de apoyo a la intervención de Estados Unidos en Irán. Emmanuel Macron acude en ayuda de su aliado transatlántico y le permitirá también, “de manera “temporal”, la utilización de sus bases militares en Próximo Oriente.
Según portavoces del Estado Mayor francés, Francia ha obtenido “la garantía completa” de que las aeronaves norteamericanas (aviones yhelicópteros) participan en operaciones de “apoyo” en Istres, y no en acciones militares en Irán.
Que las posturas de Emmanuel Macron y Pedro Sánchez no se asemejan en nada con respecto a la guerra de EEUU e Israel en Irán se confirma cada hora, a pesar de que algunos pretendan lo contrario.
El presidente francés ha sido claro en sus dos recientes discursos sobre el régimen islámico de Teherán: «La República islámica de Irán es la primera responsable de esta situación”, manifestó, recordando el “peligroso programa nuclear”, el apoyo a “grupos terroristas en el Líbano, en Yemen, las milicias en Irak” y “la orden de disparar contra su propio pueblo”.
Obligado, entre otras razones, como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, a desaprobar “operaciones militares fuera de los estipulado en el derecho internacional, el jefe del Estado francés reaccionó, sin embargo, así a la eliminación del ayatolá Jamenei: “La Historia nunca llora por los verdugos de su propio pueblo: Ninguno será lamentado”.
Macron no es Sánchez
Algunos en España pretendieron que Macron aplaudía el “no a la guerra” de Sánchez, cuando lo único que hizo es responder por reflejo europeísta – “a la Von der Layen”- a las amenazas de castigo comercial de Donald Trump al jefe de gobierno español.
El presidente francés, en la grave situación actual y en defensa de sus intereses internos y exteriores, no afirma directamente “sí a la guerra”, pero Francia pone en marcha – por tierra, mar y aire – su fuerza militar, implicada desde el primer día en el conflicto. Sus declaraciones y sus actos tienen la solemnidad que requiera la situación y están muy lejos de poder ser asimilados a soflamas pueriles pro-paz, propias de aspirantes a Miss o Míster Universo.
Lo cierto es que Estados Unidos cuentan con un aliado serio que cede sus instalaciones de guerra “en apoyo” al despliegue norteamericano en el Mediterráneo y en el Golfo.
París cuenta en la zona con bases militares en Catar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos. Ya en las primeras horas de la guerra, Francia derribó drones iraníes, “en legítima defensa”, que habían atacado dos de estas bases.
Macron no quiere afirmar claramente el “sí a la guerra”, pero en pocas horas dio la orden de enviar al Mediterráneo a la joya de su Armada, el portaviones “Charles De Gaulle”, con su escolta aérea y de fragatas, además de los aviones “Rafale”, un sitema de defensa antiaérea, un radar aeroportado y, por supuesto, la fragata estrella, “Languedoc”, que acostará en Chipre.
Sin mencionarlo todavía claramente, París participaría sin reparos a una eventual – y cada día menos improbable -operación para desatascar el Estrecho de Ormuz, por donde se da salida al combustible que nutre a Europa y que hoy está cerrado por los ataques de las fuerzas militares de la teocracia islamista.
Que en un principio el presidente francés pudiera parecer ambiguo en su actitud no es una sorpresa para sus compatriotas Es su habitual comportamiento hasta que alguno de sus consejeros o la propia realidad le hace ver las cosas más claras. En este caso, los consejeros militares son más convincentes que los políticos.
Melenchón, “no a la guerra”
Francia sabe que está al borde de participar directamente en una guerra que, inevitablemente, tendrá repercusiones internas. El líder de la extrema izquierda, Jean-Lun Melenchón y su partido, “La Francia Insumisa”, condena la intervención militar contra el régimen de los “moláhs”, reafirma su antiamericanismo y algunos de sus miembros, repiten insultos antisemitas dirigidos a Israel. En un intento de mantener un cierto equilibrio, Melenchón tuvo un recuerdo para “los miles de víctimas de Alí Jamenei y subrayó “la “lucha implacable que llevó a cabo contra el pueblo iraní. Una crítica mucho más clara que cualquier declaración en ese sentido de Pedro Sánchez.
A menos de diez días de las elecciones municipales, los partidos políticos franceses miden con atención sus declaraciones sobre la guerra. El jefe de los socialistas, Olivier Faure, ha pedido este jueves a Macron que reúna a los jefes de las formaciones políticas para informarles del papel que va a jugar Francia en el conflicto. Faure sabe que Melenchón ha edificado su estrategia electoral para esos comicios como para las presidenciales del año que viene en torno al electorado de los franceses musulmanes y le es difícil diputarle esos votos. “LFI” ha querido “racializar” la campaña apoyar el “gran reemplazo” de población que antes se consideraba
una teoría de “ultraderecha”.
La izquierda, en todo caso, desde los melenchonistas a los socialistas, pasando por los ecologistas y los comunistas son partidarios de mantenerse al margen del conflicto, como Francia hizo en la guerra contra el Irak de Sadam Husein. Pero las circunstancias no son las mismas y, como ha recordado Macron, en el caso actual, Irán ataca al conjunto de países árabes del Golfo y, por supuesto, al Líbano, a través de sus aliados de “Hisbulá”, algo que, por razones históricas y actuales Francia no puede permitir. En definitiva, los miles de asesinatos del régimen de Teherán son una prueba más convincente que las supuestas armas de “destrucción masiva” de Sadam Hussein.
Marine Le Pen, de acuerdo con Macron
Por su parte, Marine Le Pen, líder del partido “Agrupación Nacional”, manifestó un apoyo tácito a las palabras del presidente: “No encuentro nada chocante en las decisiones de Emmanuel Macron; el concepto de disuasión nuclear supone mostrar nuestras fuerzas. Macron ha expresado la necesidad de la defensa de los intereses franceses, lo que pasa por la protección de nuestros compatriotas y nuestras bases militares. El marco definido por el presidente, que consiste a estar en una posición defensiva, me parece el correcto”.
A la espera de que la posición de “defensa” se convierta en “ataque”, según la respuesta militar de Irán, los franceses parecen desinteresarse por esta ambigüedad conceptual y centran su temor en el aumento del coste de los combustibles. Basta que el ministro de economía asegure que no hay que ceder al pánico para que las gasolineras hayan sido asaltadas por ciudadanos preocupados no sólo por su bolsillo, sino por una eventual penuria de gasolina.
Según un sondeo del instituto “Elabe”, seis de cada cuatro franceses se oponen a la guerra. Esa mayoría estima que el conflicto es algo negativo para el comercio mundial y para la economía francesa, pero positivo para los derechos humanos en Irán. Motivo de inquietud es, sin duda, la posibilidad de que la guerra dé pie atentados en suelo francés o contra militares franceses en el exterior. Pocos olvidan aquí el reguero de muerte dejado por terroristas sufragados por el régimen islamista contra intereses franceses en los años 80, especialmente el atentado que se cobró la vida de 58 militares franceses, el 23 de octubre de 1983, en Beirut.
El ministro francés del Interior, Laurent Núñez, ha dado orden de aumentar la seguridad en sinagogas y en sedes de organizaciones de oposición a la República Islámica.
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