La cautela vuelve a imponerse en los mercados tras la euforia vista tras el alto el fuego firmado entre Estados Unidos e Irán. Aunque el peor de los escenarios —una escalada abierta del conflicto— no ha llegado a materializarse, la tregua se percibe frágil y lejos de generar una sensación de estabilidad duradera. Con el estrecho de Ormuz aún cerrado, las perspectivas de normalización de los precios energéticos siguen muy lejanas.
Las negociaciones entre Israel y Líbano permiten al ‘brent’ aflojar tras rozar los 100 dólares. Wall Street cierra con subidas
La cautela vuelve a imponerse en los mercados tras la euforia vista tras el alto el fuego firmado entre Estados Unidos e Irán. Aunque el peor de los escenarios —una escalada abierta del conflicto— no ha llegado a materializarse, la tregua se percibe frágil y lejos de generar una sensación de estabilidad duradera. Con el estrecho de Ormuz aún cerrado, las perspectivas de normalización de los precios energéticos siguen muy lejanas.
La volatilidad sigue marcando el pulso del mercado. El brent, crudo de referencia en Europa, retomó este jueves la senda alcista y llegó a rozar la barrera psicológica de los 100 dólares por barril, apenas un día después de haberse desplomado más de un 13 %. Sin embargo, el movimiento ha durado poco. En el tramo final de la sesión, los precios volvieron a subir y el barril cerró con un repunte del 1,23% hasta los 95,92 dólares, tras el anuncio del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sobre el inicio de conversaciones con Líbano. Estos bruscos cambios de dirección subrayan un mercado dominado por la incertidumbre geopolítica, en el que cada novedad provoca reacciones inmediatas y a menudo contradictorias. La amplitud de los movimientos confirma que la prima de riesgo geopolítico sigue muy presente.

Desde el estallido de la guerra en Oriente Próximo, cada repunte o corrección del petróleo se traslada con rapidez a las Bolsas, y la jornada no ha sido una excepción. Con los mercados europeos ya cerrados, es la renta variable estadounidense la que reacciona con mayor claridad. Wall Street aceleró las subidas y cerró con un repunte del 0,62%.
Los mercados europeos han logrado moderar las pérdidas, pero no las han esquivado. El Ibex 35, que un día antes había firmado su mejor jornada en un año, ha frenado el avance y retrocede un 0,15 %. Muy lejos del 0,7 % que llegó a perder en los peores momentos del día, cuando el crudo coqueteaba con los 100 dólares. El selectivo español ha logrado salvar por la mínima el nivel de los 18.100 puntos, pero ha seguido mostrando dificultades para recuperar el terreno perdido y permanece claramente por debajo de los 18.360,8 puntos que marcaba antes del inicio del conflicto.
Un comportamiento similar, e incluso más acusado, se ha registrado en el resto de las principales plazas europeas. El Dax alemán ha cedido un 1%, mientras que el Euro Stoxx 50 y el Cac francés han registrado recortes en el entorno del 0,3%.
El consenso de los analistas ya lo ha venido advirtiendo: la clave para una recuperación sostenida de los mercados pasa por la reapertura del estrecho de Ormuz, un escenario que todavía no se ha producido. A ello se suman los reiterados incumplimientos del alto el fuego y los ataques a Líbano, factores que refuerzan la percepción de que la tregua está lejos de consolidarse y mantienen elevada la prima de riesgo geopolítico.
Ante este escenario, los expertos empiezan a adoptar un enfoque más cauteloso. Los analistas de J. Safra Sarasin Sustainable AM señalan que el desenlace más probable no pasa ni por un retorno a la situación previa al inicio del conflicto ni por una nueva escalada. Su escenario central contempla que el régimen iraní conserve cierto grado de control sobre el Estrecho, una circunstancia que seguiría condicionando la evolución del mercado energético. Bajo este supuesto, consideran que el precio del petróleo incorporará previsiblemente una prima de riesgo y se mantendrá en niveles elevados, con un rango potencial de 80 a 90 dólares por barril en los próximos meses.
Más pesimistas se muestran los analistas de Goldman Sachs, que llaman a la prudencia ante un escenario energético aún marcado por la incertidumbre. En su última nota, los expertos del banco estadounidense subrayan que los riesgos para el precio del petróleo siguen inclinados al alza. Advierten de que el crudo podría mantenerse por encima de los 100 dólares por barril hasta finales de 2026 si la reapertura del estrecho de Ormuz vuelve a retrasarse, aunque solo sea un mes más. Una posibilidad que, a la vista de la evolución reciente de los acontecimientos, no puede descartarse en un contexto geopolítico todavía frágil y con una elevada capacidad de disrupción para los mercados energéticos.
Con los precios del petróleo todavía un 34% por encima de los niveles previos al conflicto, las expectativas de una inflación más elevada comienzan a abrirse paso en los círculos financieros. A la espera de que el viernes se confirmen los datos con la publicación del IPC de Estados Unidos de marzo, el primer mes completo desde el inicio de la guerra, los temores a un escenario de estanflación van ganando peso. El consenso de Bloomberg prevé que la tasa interanual haya repuntado del 2,4 % al 3,4 %.
Este repunte esperado de los precios empieza a trasladarse al debate sobre la política monetaria. Las actas de la última reunión de la Reserva Federal reflejan que un número creciente de miembros del comité considera que podría ser necesaria una subida de tipos. Sin embargo, frente a este endurecimiento potencial del discurso, también aumentan las voces que llaman a la prudencia.
Entre quienes llaman a la prudencia se sitúa Thomas Hempell, responsable de análisis macroeconómico y de mercados de Generali Investments. El estratega señala que los futuros sobre los fondos federales ya están anticipando un posible aumento en la política monetaria, pero cree que es poco probable que los bancos centrales respondan de inmediato a lo que ellos ven como un aumento temporal de la inflación. “El umbral para aplicar una política monetaria agresivamente restrictiva es hoy mucho más alto que en 2022”, explica Hempell. Según detalla, esta diferencia se debe a varios factores: la economía mundial sigue creciendo con solidez, el encarecimiento de la energía es por ahora más moderado y el riesgo de efectos de segunda ronda es menor, gracias a unas expectativas de inflación mejor ancladas y a unas políticas monetarias menos acomodaticias.
Damian McIntyre, responsable de Soluciones Multi‑Activo en Federated Hermes, se suma también a las voces que consideran prematuro un aumento de los tipos de interés. El experto subraya que, a diferencia de lo ocurrido hace cuatro años, la actual presión inflacionista no responde a un exceso de demanda que la Reserva Federal pueda enfriar mediante una subida de tipos. En esta ocasión, el origen del problema está en el lado de la oferta, por lo que recurrir a las herramientas monetarias tradicionales difícilmente resolverá el desequilibrio.
La prudencia también se impuso en el mercado de renta fija, donde el episodio de alivio vivido en la sesión anterior dio paso a un ligero ajuste. Tras registrar el miércoles el mayor descenso de rentabilidades en tres años, los bonos soberanos de la zona euro repuntaron tímidamente este jueves. El bono español y el alemán a diez años suman cuatro puntos básicos. A pesar de este repunte, la referencia germana se mantiene por debajo de la barrera del 3%.
En conjunto, los mercados encaran las próximas semanas con más preguntas que certezas. Mientras la evolución del conflicto en Oriente Próximo y la reapertura del estrecho de Ormuz sigan sin definirse, el petróleo continuará actuando como principal foco de volatilidad y condicionando tanto a las Bolsas como a las expectativas macroeconómicas.
Bolsas – Divisas – Deuda – Tipos de interés – Materias primas
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