La crisis que sufre la sociedad española por el incremento de los precios de la vivienda y la tensión que refleja en general el mercado inmobiliario tienen sus réplicas fuera del territorio nacional. Según revela ahora Hacienda, el pago de impuestos de los inversores extranjeros cuya residencia fiscal se encuentra fuera de España se incrementó más del 33% en 2025 gracias, en gran medida, al alto volumen de rentas de capital que provienen del sector inmobiliario.
Toca a los reguladores y las administraciones públicas buscar soluciones que vayan más allá del electoralismo
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
Toca a los reguladores y las administraciones públicas buscar soluciones que vayan más allá del electoralismo


La crisis que sufre la sociedad española por el incremento de los precios de la vivienda y la tensión que refleja en general el mercado inmobiliario tienen sus réplicas fuera del territorio nacional. Según revela ahora Hacienda, el pago de impuestos de los inversores extranjeros cuya residencia fiscal se encuentra fuera de España se incrementó más del 33% en 2025 gracias, en gran medida, al alto volumen de rentas de capital que provienen del sector inmobiliario.
Aunque ese dato incluye todo tipo de activos inmobiliarios, como hoteles, centros logísticos, centros comerciales, centros de datos y otros bienes inmuebles, el dato pone de manifiesto una de las causas ampliamente citadas por los expertos en la materia y que explica parte del fuerte incremento de precios que están experimentando en España las casas de los particulares. Los extranjeros, muchos de los cuales no residen en el país, están siendo muy activos en la adquisición de viviendas, sobre todo en zonas prime, lo que restringe aún más la oferta y empuja aún más unos precios ya en nivel récord. El problema está provocando una emergente contestación social, ya que muchos ciudadanos no solo no alcanzan a sufragar el coste del alquiler o la compra, sino que a menudo se sienten expulsados de zonas concretas de las ciudades.
España es uno de los países más abiertos a la inversión exterior y no cabe duda de que la recepción de capitales foráneos es un factor que acelera el círculo virtuoso de la economía española, que está creciendo por encima de la media europea y se mueve en niveles históricos de empleo. Sin embargo, la especulación con un bien de primera necesidad reconocido por la Constitución Española requiere de una reflexión profunda sobre los límites del mercado y hasta dónde pueden llegar los poderes públicos para tratar de evitar un problema para millones de familias que se ven cada vez más apretadas para llegar a fin de mes, en gran medida por el elevado coste de las hipotecas.
Las soluciones, por ahora, no llegan, pese a que el problema de precios está siendo cada vez más evidente y se refleja no solo en los elevados precios de algunas zonas, sino también en el incremento del pago de impuestos de los beneficiarios de esas subidas de alquileres y ventas. Toca ahora por parte de los reguladores y las administraciones públicas poner la cuestión en el centro del debate, analizar los datos con sosiego y buscar soluciones que vayan más allá del electoralismo.
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