Se le puede llamar suerte del campeón o simplemente suerte. La verdad es que no se sabe qué hubiera pasado en el partido de Djokovic contra Musetti, correspondiente a los cuartos de final del Open de Australia, pero el italiano estaba siendo muy dominador. “La verdad es que no sé qué decir”, admitía el serbio. “Él merecía ganar este partido”, añadió… Pero una lesión le obligó a retirarse cuando había ganado los dos primeros sets por 6-4 y 6-3. El tercero, en el que ya estaba tocado, lo perdía por 1-3.
La situación recordó a lo vivido hace sólo unos meses en Wimbledon. Jannik Sinner, por entonces número uno del mundo, se enfrentaba en octavos de final contra Grigor Dimitrov. El talentoso búlgaro se había impuesto en los dos primeros sets por 6-3 y 7-5. En el tercero, con 1-2 para el italiano, Dimitrov fue a sacar, y reventó, pero de verdad. Se rompió el pectoral. Su rival incluso le tuvo que ayudar a abandonar la pista. No pudo continuar, lógicamente. Necesitó tres meses para recuperarse.
“No me siento ganador de este partido”, decía Jannik. Pero el físico también juega, y fue él el que avanzó de ronda, y también la siguiente, y la siguiente, y la final a Carlos Alcaraz, vengándose de lo que había sucedido unas semanas antes en la final de Roland Garros. En su caso sí terminó siendo la suerte del campeón.
El italiano iba perdiendo dos sets a cero contra Dimitrov en Londres, cuando el búlgaro se lesionó. Lo mismo ha ocurrido con Musetti y Novak en Melbourne
Se le puede llamar suerte del campeón o simplemente suerte. La verdad es que no se sabe qué hubiera pasado en el partido de Djokovic contra Musetti, correspondiente a los cuartos de final del Open de Australia, pero el italiano estaba siendo muy dominador. “La verdad es que no sé qué decir”, admitía el serbio. “Él merecía ganar este partido”, añadió… Pero una lesión le obligó a retirarse cuando había ganado los dos primeros sets por 6-4 y 6-3. El tercero, en el que ya estaba tocado, lo perdía por 1-3.
La situación recordó a lo vivido hace sólo unos meses en Wimbledon. Jannik Sinner, por entonces número uno del mundo, se enfrentaba en octavos de final contra Grigor Dimitrov. El talentoso búlgaro se había impuesto en los dos primeros sets por 6-3 y 7-5. En el tercero, con 1-2 para el italiano, Dimitrov fue a sacar, y reventó, pero de verdad. Se rompió el pectoral. Su rival incluso le tuvo que ayudar a abandonar la pista. No pudo continuar, lógicamente. Necesitó tres meses para recuperarse.
“No me siento ganador de este partido”, decía Jannik. Pero el físico también juega, y fue él el que avanzó de ronda, y también la siguiente, y la siguiente, y la final a Carlos Alcaraz, vengándose de lo que había sucedido unas semanas antes en la final de Roland Garros. En su caso sí terminó siendo la suerte del campeón.
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