Carlos Alcaraz demostró su personalidad en la final contra Novak Djokovic del Open de Australia. La calma llegó antes que el ruido. Mientras la pista central de Melbourne terminaba de llenarse y la final del Australian Open se preparaba para empezar, Carlos Alcaraz apareció en las imágenes previas con auriculares, ajeno al murmullo, moviendo el cuerpo durante unos segundos, bailando para soltarse antes de entrar en uno de los partidos más importantes de su carrera. No era un gesto para la galería, sino una forma de llegar ligero a una cita que puede marcar su trayectoria.
Final igualada
Carlos Alcaraz disputa este domingo la final del Open de Australia con la posibilidad de hacer historia. El español opta a conquistar por primera vez el título en Melbourne, el único Grand Slam que falta en su palmarés, y lo hace ante un rival que convierte cualquier final en un capítulo mayor del tenis contemporáneo. Enfrente está Novak Djokovic, referencia absoluta del torneo australiano y dueño de un registro que impresiona incluso antes de empezar a jugar.
El partido tiene un carácter histórico para ambos. Para Alcaraz, porque la victoria supondría su primer Open de Australia.
Para Djokovic, porque persigue su undécimo título en Melbourne y el que sería su Grand Slam número 25. Dos objetivos distintos que confluyen en la misma pista y elevan la final a una dimensión especial, tanto por lo que representa para el presente como por lo que puede significar en la historia del tenis. Rafael Nadal estuvo presente.
La imagen de la final
Antes de que la pelota empezara a volar, las cámaras captaron el calentamiento. Ambos jugadores realizaron ejercicios previos en el gimnasio, concentrados en preparar el cuerpo para un duelo que se intuía exigente. Entre esas imágenes, una escena de Alcaraz llamó especialmente la atención. El murciano apareció con auriculares, escuchando música, y durante unos segundos bailó para relajarse. Un gesto breve, natural, que contrastaba con la magnitud del reto que tenía por delante.
Cuando comenzó el partido, el primer set se inclinó con claridad hacia el lado de Djokovic. El serbio se llevó la manga inicial por 6-2, imponiendo su experiencia en finales y su capacidad para controlar los momentos tempranos del encuentro. Alcaraz buscó ritmo y soluciones, pero el marcador reflejó la superioridad de Djokovic en ese tramo inicial.
El desarrollo del segundo set cambió el guion. Djokovic mostró más errores no forzados, una estadística poco habitual en él cuando el partido entra en velocidad de crucero. Alcaraz aprovechó ese escenario y elevó su nivel para equilibrar la final. El español se llevó el segundo set también por 6-2, una respuesta contundente que devolvió el partido a un punto de partida distinto y confirmó que la final no se resolvería por la vía rápida.
Una final larga
Con un set para cada uno, la sensación general fue que la final apuntaba a ser larga y decisiva en lo físico y en lo mental. La igualdad en el marcador reflejaba una lucha que iba más allá del resultado parcial. Alcaraz había demostrado capacidad de reacción tras un inicio adverso y Djokovic, pese a los errores del segundo set, seguía siendo un competidor difícil de desbordar.
Son dos jugadores distintos en edad y temperamento. Alcaraz que persigue su primer título en Melbourne y que mostró, incluso antes de empezar, una serenidad poco común para su edad. Por otro, la determinación de Djokovic por seguir ampliando un palmarés que ya es histórico y que busca un nuevo hito con su undécima corona australiana y su Grand Slam número 25. marcaron el tono de un partido destinado a resolverse en los detalles.
El tenista español mostró su personalidad y carácter antes de medirse a la leyenda serbia. El partido está siendo muy igualado
Carlos Alcaraz demostró su personalidad en la final contra Novak Djokovic del Open de Australia. La calma llegó antes que el ruido. Mientras la pista central de Melbourne terminaba de llenarse y la final del Australian Open se preparaba para empezar, Carlos Alcaraz apareció en las imágenes previas con auriculares, ajeno al murmullo, moviendo el cuerpo durante unos segundos, bailando para soltarse antes de entrar en uno de los partidos más importantes de su carrera. No era un gesto para la galería, sino una forma de llegar ligero a una cita que puede marcar su trayectoria.
Final igualada
Carlos Alcaraz disputa este domingo la final del Open de Australia con la posibilidad de hacer historia. El español opta a conquistar por primera vez el título en Melbourne, el único Grand Slam que falta en su palmarés, y lo hace ante un rival que convierte cualquier final en un capítulo mayor del tenis contemporáneo. Enfrente está Novak Djokovic, referencia absoluta del torneo australiano y dueño de un registro que impresiona incluso antes de empezar a jugar.
El partido tiene un carácter histórico para ambos. Para Alcaraz, porque la victoria supondría su primer Open de Australia.
Para Djokovic, porque persigue su undécimo título en Melbourne y el que sería su Grand Slam número 25. Dos objetivos distintos que confluyen en la misma pista y elevan la final a una dimensión especial, tanto por lo que representa para el presente como por lo que puede significar en la historia del tenis. Rafael Nadal estuvo presente.
La imagen de la final
Antes de que la pelota empezara a volar, las cámaras captaron el calentamiento. Ambos jugadores realizaron ejercicios previos en el gimnasio, concentrados en preparar el cuerpo para un duelo que se intuía exigente. Entre esas imágenes, una escena de Alcaraz llamó especialmente la atención. El murciano apareció con auriculares, escuchando música, y durante unos segundos bailó para relajarse. Un gesto breve, natural, que contrastaba con la magnitud del reto que tenía por delante.
Cuando comenzó el partido, el primer set se inclinó con claridad hacia el lado de Djokovic. El serbio se llevó la manga inicial por 6-2, imponiendo su experiencia en finales y su capacidad para controlar los momentos tempranos del encuentro. Alcaraz buscó ritmo y soluciones, pero el marcador reflejó la superioridad de Djokovic en ese tramo inicial.
El desarrollo del segundo set cambió el guion. Djokovic mostró más errores no forzados, una estadística poco habitual en él cuando el partido entra en velocidad de crucero. Alcaraz aprovechó ese escenario y elevó su nivel para equilibrar la final. El español se llevó el segundo set también por 6-2, una respuesta contundente que devolvió el partido a un punto de partida distinto y confirmó que la final no se resolvería por la vía rápida.
Una final larga
Con un set para cada uno, la sensación general fue que la final apuntaba a ser larga y decisiva en lo físico y en lo mental. La igualdad en el marcador reflejaba una lucha que iba más allá del resultado parcial. Alcaraz había demostrado capacidad de reacción tras un inicio adverso y Djokovic, pese a los errores del segundo set, seguía siendo un competidor difícil de desbordar.
Son dos jugadores distintos en edad y temperamento. Alcaraz que persigue su primer título en Melbourne y que mostró, incluso antes de empezar, una serenidad poco común para su edad. Por otro, la determinación de Djokovic por seguir ampliando un palmarés que ya es histórico y que busca un nuevo hito con su undécima corona australiana y su Grand Slam número 25. marcaron el tono de un partido destinado a resolverse en los detalles.
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