La parisina Plaza de la Concordia está acostumbrada a las revoluciones. Más de 230 años después de la decapitación de Luis XVI, un otro grupo de franceses abandera una nueva revolución: la de la IA. Mientras el mercado se plantea si la nueva tecnología es una burbuja a punto de estallar, una de las mayores gestoras de fondos de Europa, Carmignac, defiende que sigue siendo una inversión rentable y segura. “Habrá excesos, pero el mercado ya empieza a hacer el discernimiento”, ha señalado su presidente fundador, Édouard Carmignac, este jueves en la presentación de las perspectivas de la firma para 2026, en el Pabellón Gabriel, a unos 100 metros de la Concordia.
La gestora francesa no ve un riesgo inminente de crac, pero espera que los retornos de estas inversiones tardarán en llegar
La parisina Plaza de la Concordia está acostumbrada a las revoluciones. Más de 230 años después de la decapitación de Luis XVI, un otro grupo de franceses abandera una nueva revolución: la de la IA. Mientras el mercado se plantea si la nueva tecnología es una burbuja a punto de estallar, una de las mayores gestoras de fondos de Europa, Carmignac, defiende que sigue siendo una inversión rentable y segura. “Habrá excesos, pero el mercado ya empieza a hacer el discernimiento”, ha señalado su presidente fundador, Édouard Carmignac, este jueves en la presentación de las perspectivas de la firma para 2026, en el Pabellón Gabriel, a unos 100 metros de la Concordia.
“Tenemos un deber moral de ser optimistas”, ha predicado Édouard, a los 78 años, en su corto discurso de cierre ante unos 300 presentes, entre clientes, profesionales del mundo financiero y periodistas. “Estamos viviendo una revolución tecnológica como nunca antes. Internet permitió la difusión instantánea de la información, pero ahora estamos dotándonos de herramientas para mejorar el juicio”, ha añadido el presidente. Carmignac gestiona más de 40.000 millones de euros y ha batido el mercado los últimos ocho años. En 2025, el principal fondo de la gestora, Patrimoine, se revalorizó un 12%.
No todos son tan positivos como los franceses, en este caso. Más de la mitad de los gestores de fondos creen que la IA es una burbuja, de acuerdo con una encuesta de Bank of America de noviembre pasado. En aquel momento, grandes cotizadas del sector, como Nvidia o Meta, acababan de desplomarse en Bolsa pese a haber presentado unos resultados trimestrales con beneficios en máximos. La decepción arrastró a otros valores, como el proveedor de cloud Oracle.
“Para evitar cualquier tipo de respuesta sesgada (sobre el riesgo de burbuja), me he abstenido de preguntárselo a la IA”, ha bromeado Frédéric Leroux, responsable de la estrategia de Inversión en Carmignac, provocando la risa de los asistentes. Para Leroux, no hay riesgo de un desplome a corto plazo, porque las grandes cotizadas, como Nvidia o Meta, siguen con sus beneficios en alza: “Un crac bursátil inminente no es en absoluto el escenario base”.
La gran duda es si desarrolladoras como OpenAI —la primera ficha del dominó de la IA— serán capaces de alcanzar la rentabilidad. Se han endeudado para construir la infraestructura necesaria para entrenar sus modelos, cuyo funcionamiento exige cada vez más electricidad y agua, mientras que los ingresos de sus productos, a menudo gratuitos, no crecen al mismo ritmo.
Para los de Carmignac, sin embargo, hay que pensar en un plazo aún más largo. En la presentación, han comparado el desarrollo de la IA justamente a lo de la electricidad, a finales del siglo 19. En los primeros 15 años, la economía mundial creció a un ritmo inferior al 1,5%, comparado al 5% en los años veinte, hasta que las grandes cotizadas del sector eléctrico y de otras tecnologías relacionadas, como la radio, se convertieran en una burbuja y desplomaran en 1929. “Siempre hay excesos cuando hay innovación”, ha declardo Kristofer Barrett, responsable de renta variable global en Carmignac.
Todavía hay motivos para preocuparse, advierten desde Francia. Persiste el temor a que la IA no impulse la productividad tanto como descuenta el mercado, como señalaba una encuesta de la revista The Economist, que reveló que en 2025 se produjo por primera vez un retroceso en la adopción de esta tecnología por parte de las empresas en EE UU.
A ello se suma un problema específico para Europa: la escasa presencia de grandes compañías del Viejo Continente en el sector. “Nadie ha mencionado ni una sola empresa europea”, comentó uno de los ponentes, arrancando suspiros entre el público. Y, en un escenario aún más adverso, el riesgo de que la IA termine por lastrar la economía al destruir un gran número de empleos.
“El escenario más negativo sería que la IA sustituyera masivamente a los trabajadores, lo que plantearía un problema global mucho mayor”, estima Barett. Aunque no considere ese apocalipsis laboral como el futuro más probable, prevé que el ahorro de las empresas “vendrá sobre todo de la plantilla”: “La IA puede realizar tareas y empleos, aunque no sustituirá por completo a los humanos”. No hay ninguna revolución sin secuelas.
En este sentido, los países que más han adoptado la IA son aquellos en desarrollo. “El futuro de la IA no lo va a decidir quién tenga el mejor modelo de lenguaje de gran tamaño, sino quién sea capaz de industrializarla e implantar la IA física en la economía real. Y eso ya no es una ventaja exclusiva de Occidente”, ha hecho hincapié Naomi Waistell, gestora del fondo de países emergentes, que se revalorizó un 23% en 2025.En India, casi un 60% de las empresas han incorporado la nueva tecnología, según los datos presentados por Carmignac este jueves. Por comparar, la tasa en EE UU es del 33% y en España o Francia, algo menos del 30%. La nueva revolución todavía busca su Plaza de la Concordia.
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