
Liwe Española, la compañía textil murciana dueña de las tiendas de ropa Inside, queda abocada a declarar el concurso de acreedores después de que el juzgado de lo mercantil número 3 de Murcia haya rechazado su plan de reestructuración, presentado en noviembre para su homologación.
La compañía murciana cuenta con una deuda de más de 60 millones con 15 entidades financieras, entre ellas Caixabank, Santander y BBVA
Liwe Española, la compañía textil murciana dueña de las tiendas de ropa Inside, queda abocada a declarar el concurso de acreedores después de que el juzgado de lo mercantil número 3 de Murcia haya rechazado su plan de reestructuración, presentado en noviembre para su homologación.
Algo que el juez le ha denegado, lo que aboca a la empresa a presentar concurso de acreedores, como reconoce en un comunicado. “Este procedimiento se plantearía como la vía legal necesaria para ordenar la deuda financiera y alcanzar un acuerdo con la banca en el menor plazo de tiempo posible, con el objetivo final de preservar la continuidad del negocio“, explica Liwe.
Según esta, su plan contaba con el apoyo expreso de Caixabank, Caja Rural Central y Caja Rural Granada, “poseedores de la mitad de la deuda bancaria”. En total, Liwe mantiene una deuda de algo más de 60 millones de euros con 15 entidades financieras, con Caixabank acaparando un 40% de la misma. Santander y BBVA, que aglutinan cerca del 26% de ese pasivo entre las dos, no están entre los bancos que han respaldado la reestructuración. Completan la lista de acreedores, junto a las ya mencionadas, Unicaja, Sabadell, Deutsche Bank, Abanca, Bankinter, Cajamar, Banco de Crédito Social Cooperativo, Banca March, Kutxabank e Ibercaja.
“De llevarse a cabo, el concurso no tendría impacto en los proveedores ni en los acreedores comerciales, con los que la compañía se mantiene al corriente de pago y seguirá colaborando”, añade la compañía en un comunicado, en el que indica que sus ventas en la campaña de Navidad han tenido un “buen comportamiento”, lo que ha “reforzado el funcionamiento ordinario del negocio, que continúa desarrollándose con normalidad tanto en el ámbito comercial como logístico”.
El plan de reestructuración de Liwe, cuyos accionistas refrendaron el pasado 25 de noviembre, contemplaba una quita del 49% de la deuda, garantizando el pago del otro 51% en un plan que se iniciaría en 2027 y terminaría en 2032. La otra opción que planteaba era la de un préstamo participativo equivalente a ese 49% de la quita planteada en la otra alternativa.
Con él, según Liwe, las entidades podían recuperar “hasta el 100% de su deuda, ya que este instrumento permite el pago íntegro del principal y los intereses a su vencimiento”. En este caso su amortización hubiese sido en un único pago, el 31 de enero de 2033.
Entre los compromisos que adquiría la compañía, así como su primer accionista, Juan Carlos Pardo, se incluía la entrega de una garantía hipotecaria “de primer rango sobre los inmuebles propiedad del deudor en los que se ubica su sede central”, además de una prenda ordinaria, también de primer rango, sobre el 22,5% de las acciones de Pardo.
La situación operativa de Liwe es delicada. A cierre del primer semestre de 2025, había sufrido una pérdida neta de 18,3 millones, con unas ventas de 42,4 millones, un 15,5% menos. En los últimos meses ha acometido un ERE entre su plantilla de servicios centrales, con 41 despidos, aunque la reducción total de empleos alcanzaba los 96 en ese primer semestre. Todo ello unido a un importante plan de cierre de tiendas: hasta septiembre, echó el cerrojo a 91 establecimientos.
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