
Los inversores de todo el mundo llevan dos semanas conteniendo la respiración. El ataque de Estados Unidos e Israel sobre Irán —y la consiguiente respuesta del régimen de los ayatolás, expandiendo el conflicto bélico a toda la región— han hecho saltar por los aires todas las previsiones de los analistas. Como marcan los cánones en caso de conflicto en Oriente Próximo, el precio del petróleo se ha disparado (más de un 42% en dos semanas) y las Bolsas han caído. Con todo, los efectos de la guerra sobre los mercados financieros no han sido, por ahora, tan drásticos como muchos pronosticaban los primeros días. El petróleo parece haberse estabilizado en el entorno de los 103 dólares por barril de brent, lejos de los 120 dólares que llegó a tocar.
Los inversores se mantienen cautos con un petróleo que supera los 100 dólares por barril. El miedo a una mayor inflación se cristaliza en la caída de la deuda soberana
Los inversores de todo el mundo llevan dos semanas conteniendo la respiración. El ataque de Estados Unidos e Israel sobre Irán —y la consiguiente respuesta del régimen de los ayatolás, expandiendo el conflicto bélico a toda la región— han hecho saltar por los aires todas las previsiones de los analistas. Como marcan los cánones en caso de conflicto en Oriente Próximo, el precio del petróleo se ha disparado (cerca de un 50% en dos semanas) y las Bolsas han caído. Con todo, los efectos de la guerra sobre los mercados financieros no han sido, por ahora, tan drásticos como muchos pronosticaban los primeros días. El petróleo parece haberse estabilizado en el entorno de los 100 dólares por barril de Brent, lejos de los 120 dólares que llegó a tocar.
Desde que los misiles y los drones empezaron a volar de Israel a Teherán, el pasado 28 de febrero, la corrección en las acciones norteamericanas ha sido tan solo del 3%. Una minucia, teniendo en cuenta que el índice de referencia, el S&P 500, había comenzado 2026 en máximos históricos, y con muchas voces alertando de excesos de valoración en las tecnológicas al calor de la inteligencia artificial.
En el caso del Ibex, cierra la semana al borde de los 17.100 puntos, prácticamente igual que como terminó la anterior (-0,1%), comportamiento que se ha replicado en el Euro Stoxx 50. El mercado español ha vivido varias jornadas de caídas por las constantes informaciones sobre la guerra, el cierre del estrecho de Ormuz y el encarecimiento del gas y la gasolina, pero también registró el martes un fuerte rebote, del 3%, ante los mensajes (a menudo contradictorios) de Donald Trump, hablando de que el conflicto militar no durará mucho tiempo. En la jornada del viernes, el mercado contemporizó gracias al anuncio de la mayor liberación de petróleo de la historia, gracias al recurso a los depósitos de emergencia de varios países y la decisión de EE UU de permitir la compra temporal de petróleo ruso para tratar de contener los precios.
Jaime Garrido, director de estrategia de la gestora de fondos de CaixaBank, explica que la duración del conflicto será la variable clave. “Una resolución rápida tendría un impacto limitado en la inflación, mientras que un escenario prolongado podría elevar las expectativas inflacionarias y alterar la hoja de ruta de los bancos centrales”.
Precisamente es la evolución de la deuda soberana la que está desviando esta crisis bursátil del patrón. Lo más habitual cuando la Bolsa cae es que los inversores se refugien en los bonos gubernamentales, que aumentan su valor. Pero esta vez no está siendo así. Los inversores temen que la guerra afecte negativamente tanto a la renta fija pública como privada, a través de dos vías.
En primer lugar, porque los países implicados tendrán que aumentar su gasto público para costear misiles, drones y barcos. Más déficit, igual a mayor coste de la deuda. En segundo lugar, unos precios del petróleo y el gas altos, de forma sostenida, pueden disparar la inflación en Estados Unidos, Reino Unido o la Unión Europea, lo que obligaría a sus bancos centrales a subir los tipos de interés para frenar los precios. Esto también daña el valor de los bonos a largo plazo.
El rendimiento de los bonos alemanes a 10 años ha escalado durante la semana hasta su nivel más alto desde 2023, al borde del 3%. Desde 2011 no se ha superado esa barrera. Mientras, la deuda de Estados Unidos ofrece un rendimiento del 4,27% y la española se sitúa en el 3,48%.
Si los inversores no han encontrado el tradicional refugio en la deuda soberana de alta calidad, que se ha depreciado en los últimos días, tampoco lo han tenido en el oro. El metal precioso cierra la semana con una caída del 1,6% (cerca de los 5.100 dólares por onza). Será la segunda semana consecutiva de corrección, justo lo que dura la guerra en Irán.
Ni siquiera bitcoin, que algunos señalaban como un activo refugio ideal en contextos de máxima tensión geopolítica, se ha librado de las caídas en lo que va de marzo. Desde que empezó la guerra, la criptomoneda de referencia cede un 14%, hasta los 63.100 euros.
En el mercado de divisas, el euro se devaluó el viernes un 0,6% frente al dólar, hasta situarse en 1,1446 dólares por euro. Se trata de su nivel más bajo en más de siete meses. Este año se ha depreciado más de un 2%, ya que el alza de los precios de la energía amenaza la economía europea. En cambio, el dólar se está fortaleciendo frente a las principales divisas.
El euro ya se encontraba bajo presión, ya que los precios del petróleo por encima de los 100 dólares por barril pusieron de relieve la vulnerabilidad crónica de Europa: cuando los costes energéticos se disparan, la balanza comercial se deteriora y la moneda se ve afectada.
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