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9 de marzo de 2026

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Liliput contra el gigante

«Los políticos constantemente utilizan esta forma de engaño cuando sus posibles votantes les piden que revelen sus compromisos. El engaño mediante la omisión de la verdad tiene muchas ventajas respecto a la mentira. Por una parte, permite esquivar el estigma cultural de la mentira, rebajando la presión moral sobre el individuo (arrepentimiento, culpa, miedo al castigo, etc.). Por la otra, permite obtener los beneficios de hacer trampa evitando sus consecuencias sociales negativas (posibles represalias de la víctima, desconfianza, exclusión del grupo, etc.)». La frase está cogida de la página 27 de la tesis doctoral (La ética del engaño) de Diego Rubio (40), jefe de gabinete de Pedro Sánchez desde septiembre de 2024, un cacereño listo licenciado en Historia por la Autónoma de Barcelona y doctorado en Literatura Española por Oxford. Entre las diversas formas de engaño, Rubio, a quien la propaganda oficial ha elevado a la categoría de “destacado académico” para impresionar a periodistas sin lecturas, menciona en un inglés un poco rudimentario prácticas como la prevaricación, la calumnia, la fabricación de hechos, la impostura, la tergiversación y la difusión de bulos, lo que el diccionario de Doña María Moliner define como «noticia falsa propalada con algún fin». Rubio es el autor del discurso que Sánchez asestó a los españoles el miércoles 4 de marzo. Un alegato tipo ‘Miss Universo’, ya saben, todo el mundo es guay, salvemos el planeta y no a la guerra, todo muy happy flower con el Imagine como música de fondo, lleno de ese buenismo bobo propio de gente acostumbrada a pastar en el rebaño de la mansedumbre. Una prédica mentirosa, falsaria, como todo lo que toca Sánchez.  

Y hubo gran jolgorio entre la grey sociata porque, tras el mitin mañanero del miércoles preparado por Rubio, el cadáver de Pedro parecía haber cobrado nueva vida. El Pedro desvencijado había encontrado un nuevo banderín de enganche en el viejo “No a la guerra” de Zapatero, que ya se encargó él de recordar al “trío de las Azores” y ahora no, ahora vamos de pacifistas y “no seremos cómplices de algo malo para el mundo por miedo a las represalias de algunos” y bla, bla, bla. Pero un rato después la ministra de Defensa, Margarita está linda la mar Robles, se fue a comerle la oreja al embajador y decirle, más menos, que no se preocupe, que transmita al Pentágono que, más allá de los discursos para distraer incautos, el Gobierno va a cumplir sus compromisos, va a arrimar el hombro, y que de Rota y Morón podrán seguir saliendo los aviones que Donald Trump quiera, eso sí, todo con mucha discreción de espaldas al populacho, y casi de inmediato nos enteramos que el campeón del pacifismo que nos preside se dispone a enviar al Mediterráneo Oriental la más moderna fragata de la Marina española como apoyo del portaaviones galo Charles De Gaulle, propulsión nuclear, porque Macron le ha llamado al orden. Claro que esta no es una fragata como la que en su día envió Aznar cuando la invasión de Irak, feroz buque de guerra, que lo que Sánchez despacha ahora es una barca del Retiro con la paloma de la paz en proa, una nueva flotilla Ada Colau, que se va a dedicar a emitir zarzuela en la costa chipriota mientras en su derredor suena el estruendo de los misiles iraníes. 

Todo falso, todo ruín, todo vil, como corresponde al personaje que padecemos. Un tipo instalado en una eterna huida hacia adelante, obligada para escapar del horizonte penal familiar que le rodea y de las miserias políticas de un Gobierno en minoría incapaz de aprobar Presupuestos y de gobernar. Es obvio que el sermón bufo del miércoles no movió un solo voto del centro derecha español, hoy ampliamente mayoritario, pero es que el asunto no iba de eso, que iba de mantener prietas las filas de la izquierda, iba de enviar un balón de oxígeno a esa militancia siempre dispuesta a comulgar con ruedas de molino pero muy cansada, muy machacada por tanta incompetencia y destrozo, y al mismo tiempo intentar movilizar a esa masa de centro izquierda moderada que hace tiempo decidió quedarse en casa, superada por la vergüenza ajena, en caso de elecciones generales. Pocas dudas caben de que, desde el punto de vista de la consecución de ambos objetivos, el discurso de Sánchez fabricado por ese maestro de la mentira que es Rubio fue modélico, casi perfecto. Un haz de luz al corazón del castigado rebaño sociata.

¿Tanto como para animarle a disolver las Cortes y convocar? El gallinero político, no digamos ya el periodístico, madrileño se ha convertido en un hervidero especulativo en torno a la posibilidad de que el banderín de enganche del “No a la guerra” funcione al punto de inducir al sátrapa a jugárselo todo a la carta del adelanto electoral aprovechando la oportunidad que la fanfarronería de Trump le ha servido en bandeja, agrupando a todo lo que se mueve en los caladeros de la izquierda bajo el paraguas de un nuevo Frente Popular nutrido por fieles e indecisos. No lo creo. Pienso que, por encima de cualquier contingencia, el objetivo del autócrata sigue siendo resistir hasta el final, aguantar a pie firme, soportar lo que sea menester hasta que no tenga más remedio legal que convocar en el verano del 27, sin descartar que este fenomenal envite propagandístico, esta crucial crisis internacional, le sirva como nueva prueba con la que testar la reacción del gentío ante la posibilidad de aplazar las generales incluso cuando toque. 

Lo pagaremos caro. De eso tampoco hay duda. Pagaremos cara la osadía de un quincallero dispuesto a traicionar sus compromisos sacando a España del espacio natural que por cultura, tradición y geografía le corresponde en el bloque occidental para encajarlo en el mundo de los nuevos autócratas, los nuevos tiranos, China, Irán, Turquía y por ahí. Pagaremos un alto precio político con el aislamiento de España, un país pequeño, una barca a la deriva sin capacidad de respuesta en caso de que el vecino del sur, socio preferente de Washington, pueda un día sentirse tentado a enmascarar sus propias miserias marchando sobre Ceuta y Melilla. Lo pagaremos también en el terreno económico-financiero, como este viernes adelantaba aquí Rubén Sampedro. Y lo pagará también Juan Español con la cesta de la compra a poco que las cosas se tuerzan. Tras Argelia (el 34,5%), Estados Unidos se ha convertido en nuestro segundo proveedor de gas (30%), porcentaje que solo hace un año era del 16,6%. Con la prohibición comunitaria a la importación de gas ruso (11,4% actual) a partir de 2027 y el cierre de nuestras centrales nucleares, España va a pasar a depender cada día más del gas, y en concreto del gas americano para su suministro. ¿Qué hace Sánchez? Tensar las relaciones con Estados Unidos, tensión que acabará afectando al suministro y/o al precio del gas resultando todo ello en una electricidad más cara para las empresas y los hogares españoles.

En este punto conviene hacer un recordatorio del comportamiento de nuestros ricos, esa elite empresarial y financiera que hoy se dice tan preocupada con el teatrillo montado por el yerno de Sabiniano, ese cobarde capitalismo español siempre dispuesto a lamer las botas del autócrata que nos Gobierna y reirle las gracias. El susto del martes fue morrocotudo. Nuestros próceres perdieron en Bolsa un 4,55%, miles de millones evaporados, y doña Ana Botín, esa mujer todo sonrisas en la primera etapa del tiranuelo, se vio obligada de inmediato a llamar a la puerta de Bloomberg para regalar los oídos de Trump con una golosina (“Spain and the United States have had an amazing relationship forever, you know, centuries”). La patada de Sánchez podría costarle una inversión de 12.000 millones en el Webster Financial Corp. y su estrategia de expansión norteamericana. Leído ayer mismo en Vozpópuli bajo la firma de Isaac Blasco: “Trump exige una lista de multinacionales españolas en EEUU con directivos impuestos por Sánchez”. Más allá de las Telefónicas y las Indras, este 27 de marzo Botín se dispone a renovar a Carlos Barrabés, el amigo de Begoña Gómez y su famosa cátedra, como miembro del Consejo de Administración del Santander por tres años más. En el BCE no salen de su asombro, pero manda Sánchez y nuestros ricos obedecen. ¿Aprenderán alguna vez los millonarios hispanos a comportarse con un cierto grado de dignidad?  

Por encima de todo, la primera consecuencia de este lance será el daño moral, el más grave, el más profundo. En su permanente huida hacia adelante, Sánchez le acaba de añadir varias filas más de ladrillos al muro que separa a las dos Españas, sigue crispando, enfrentando a unos contra otros y haciendo más y más difícil la convivencia entre hermanos, sigue polarizando, sigue alejando la posibilidad de esa España abierta basada en la convivencia entre distintos, sigue trabajando en la ruptura de la unidad de la nación de cara a esa República Plurinacional Socialista donde lo primero que sobrará es la Monarquía. El martes por la tarde, antes de que el gran bocazas regurgitara su “España es un aliado terrible”, Sánchez se desplazó a la Zarzuela para mantener un largo despacho con el rey Felipe VI. Nada se sabe, como es lógico, de lo allí hablado, pero supongo que en Palacio son conscientes del brutal desgaste al que este pájaro está sometiendo a la institución y al propio Monarca. Supongo que Felipe VI es consciente de ese desgaste, al que contribuyen también sus declaraciones tipo ‘Miss Universo’ ante los conflictos en marcha y el papel de España en los mismos. Cada día más debilitado, camino del envite final que el canalla podría plantear a los españoles en 2027, justo dentro de un año, cuando toque convocar (si es que convoca).  

Nadie puede sentir el menor grado de confort con el sufrimiento de miles y miles de personas que los conflictos bélicos inevitablemente acarrean, pero hay veces en que el pacifismo empieza a ser la alfalfa de los cobardes cuando lo que está en juego es la libertad. Frente a la amenaza de Teherán, es un deber moral posicionarse del lado de la defensa de los derechos de los iraníes y en contra de la tiranía de los Mulás. No es posible construir un futuro en paz cuando una nación vive bajo el puño de amenazas existenciales necesitadas de dolorosas correcciones quirúrgicas. No es posible vivir junto a vecinos que diariamente amenazan de muerte a tu familia. La eliminación permanente del riesgo nuclear iraní, la destrucción del principal patrocinador del terrorismo mundial, la liberación de casi 90 millones de personas de una teocracia medieval que masacra a mujeres y homosexuales, será siempre una gran noticia para los amantes de la libertad. Acabar con los Mulás tiene que valer la pena, porque la alternativa es un Irán con armas nucleares dispuesto no ya a aniquilar Israel sino también a incendiar Oriente Medio y aniquilar los valores que Occidente se ha empeñado en construir durante siglos.

«No está claro que esta guerra conduzca al establecimiento de la democracia en Irán, pero la amenaza militar que representa este país quedará neutralizada durante mucho tiempo, lo cual es en sí misma una excelente noticia», escribía el viernes en Le Figaro Guillaume Roquette, para quien «la seguridad de Israel debería ser la prioridad del mundo libre». Asistir este año al final de las sanguinarias dictaduras que desde hace tantos años soportan venezolanos, cubanos e iraníes sería un regalo de los Dioses por el que cualquier demócrata le estaría agradecido al bocazas que manda en Washington. Mientras tanto, a los españoles no nos queda más remedio que seguir soportando la pesadilla Sánchez, preclaro ejemplo de miseria moral, tipo insignificante que desesperadamente trata de llamar la atención del sheriff del condado para esconder su condición de mosca cojonera (Liliput contra el gigante) escondida en la ínsula Barataria en la que los Diego Rubio de la mentira le jalean sin recato. Resignación.

 Con su nuevo ‘No a la guerra’, Sánchez añade varias filas más de ladrillos al muro que separa a las dos Españas  

«Los políticos constantemente utilizan esta forma de engaño cuando sus posibles votantes les piden que revelen sus compromisos. El engaño mediante la omisión de la verdad tiene muchas ventajas respecto a la mentira. Por una parte, permite esquivar el estigma cultural de la mentira, rebajando la presión moral sobre el individuo (arrepentimiento, culpa, miedo al castigo, etc.). Por la otra, permite obtener los beneficios de hacer trampa evitando sus consecuencias sociales negativas (posibles represalias de la víctima, desconfianza, exclusión del grupo, etc.)». La frase está cogida de la página 27 de la tesis doctoral (La ética del engaño) de Diego Rubio (40), jefe de gabinete de Pedro Sánchez desde septiembre de 2024, un cacereño listo licenciado en Historia por la Autónoma de Barcelona y doctorado en Literatura Española por Oxford. Entre las diversas formas de engaño, Rubio, a quien la propaganda oficial ha elevado a la categoría de “destacado académico” para impresionar a periodistas sin lecturas, menciona en un inglés un poco rudimentario prácticas como la prevaricación, la calumnia, la fabricación de hechos, la impostura, la tergiversación y la difusión de bulos, lo que el diccionario de Doña María Moliner define como «noticia falsa propalada con algún fin». Rubio es el autor del discurso que Sánchez asestó a los españoles el miércoles 4 de marzo. Un alegato tipo ‘Miss Universo’, ya saben, todo el mundo es guay, salvemos el planeta y no a la guerra, todo muy happy flower con el Imagine como música de fondo, lleno de ese buenismo bobo propio de gente acostumbrada a pastar en el rebaño de la mansedumbre. Una prédica mentirosa, falsaria, como todo lo que toca Sánchez.  

Y hubo gran jolgorio entre la grey sociata porque, tras el mitin mañanero del miércoles preparado por Rubio, el cadáver de Pedro parecía haber cobrado nueva vida. El Pedro desvencijado había encontrado un nuevo banderín de enganche en el viejo “No a la guerra” de Zapatero, que ya se encargó él de recordar al “trío de las Azores” y ahora no, ahora vamos de pacifistas y “no seremos cómplices de algo malo para el mundo por miedo a las represalias de algunos” y bla, bla, bla. Pero un rato después la ministra de Defensa, Margarita está linda la mar Robles, se fue a comerle la oreja al embajador y decirle, más menos, que no se preocupe, que transmita al Pentágono que, más allá de los discursos para distraer incautos, el Gobierno va a cumplir sus compromisos, va a arrimar el hombro, y que de Rota y Morón podrán seguir saliendo los aviones que Donald Trump quiera, eso sí, todo con mucha discreción de espaldas al populacho, y casi de inmediato nos enteramos que el campeón del pacifismo que nos preside se dispone a enviar al Mediterráneo Oriental la más moderna fragata de la Marina española como apoyo del portaaviones galo Charles De Gaulle, propulsión nuclear, porque Macron le ha llamado al orden. Claro que esta no es una fragata como la que en su día envió Aznar cuando la invasión de Irak, feroz buque de guerra, que lo que Sánchez despacha ahora es una barca del Retiro con la paloma de la paz en proa, una nueva flotilla Ada Colau, que se va a dedicar a emitir zarzuela en la costa chipriota mientras en su derredor suena el estruendo de los misiles iraníes. 

Todo falso, todo ruín, todo vil, como corresponde al personaje que padecemos. Un tipo instalado en una eterna huida hacia adelante, obligada para escapar del horizonte penal familiar que le rodea y de las miserias políticas de un Gobierno en minoría incapaz de aprobar Presupuestos y de gobernar. Es obvio que el sermón bufo del miércoles no movió un solo voto del centro derecha español, hoy ampliamente mayoritario, pero es que el asunto no iba de eso, que iba de mantener prietas las filas de la izquierda, iba de enviar un balón de oxígeno a esa militancia siempre dispuesta a comulgar con ruedas de molino pero muy cansada, muy machacada por tanta incompetencia y destrozo, y al mismo tiempo intentar movilizar a esa masa de centro izquierda moderada que hace tiempo decidió quedarse en casa, superada por la vergüenza ajena, en caso de elecciones generales. Pocas dudas caben de que, desde el punto de vista de la consecución de ambos objetivos, el discurso de Sánchez fabricado por ese maestro de la mentira que es Rubio fue modélico, casi perfecto. Un haz de luz al corazón del castigado rebaño sociata.

¿Tanto como para animarle a disolver las Cortes y convocar? El gallinero político, no digamos ya el periodístico, madrileño se ha convertido en un hervidero especulativo en torno a la posibilidad de que el banderín de enganche del “No a la guerra” funcione al punto de inducir al sátrapa a jugárselo todo a la carta del adelanto electoral aprovechando la oportunidad que la fanfarronería de Trump le ha servido en bandeja, agrupando a todo lo que se mueve en los caladeros de la izquierda bajo el paraguas de un nuevo Frente Popular nutrido por fieles e indecisos. No lo creo. Pienso que, por encima de cualquier contingencia, el objetivo del autócrata sigue siendo resistir hasta el final, aguantar a pie firme, soportar lo que sea menester hasta que no tenga más remedio legal que convocar en el verano del 27, sin descartar que este fenomenal envite propagandístico, esta crucial crisis internacional, le sirva como nueva prueba con la que testar la reacción del gentío ante la posibilidad de aplazar las generales incluso cuando toque. 

Lo pagaremos caro. De eso tampoco hay duda. Pagaremos cara la osadía de un quincallero dispuesto a traicionar sus compromisos sacando a España del espacio natural que por cultura, tradición y geografía le corresponde en el bloque occidental para encajarlo en el mundo de los nuevos autócratas, los nuevos tiranos, China, Irán, Turquía y por ahí. Pagaremos un alto precio político con el aislamiento de España, un país pequeño, una barca a la deriva sin capacidad de respuesta en caso de que el vecino del sur, socio preferente de Washington, pueda un día sentirse tentado a enmascarar sus propias miserias marchando sobre Ceuta y Melilla. Lo pagaremos también en el terreno económico-financiero, como este viernes adelantaba aquí Rubén Sampedro. Y lo pagará también Juan Español con la cesta de la compra a poco que las cosas se tuerzan. Tras Argelia (el 34,5%), Estados Unidos se ha convertido en nuestro segundo proveedor de gas (30%), porcentaje que solo hace un año era del 16,6%. Con la prohibición comunitaria a la importación de gas ruso (11,4% actual) a partir de 2027 y el cierre de nuestras centrales nucleares, España va a pasar a depender cada día más del gas, y en concreto del gas americano para su suministro. ¿Qué hace Sánchez? Tensar las relaciones con Estados Unidos, tensión que acabará afectando al suministro y/o al precio del gas resultando todo ello en una electricidad más cara para las empresas y los hogares españoles.

En este punto conviene hacer un recordatorio del comportamiento de nuestros ricos, esa elite empresarial y financiera que hoy se dice tan preocupada con el teatrillo montado por el yerno de Sabiniano, ese cobarde capitalismo español siempre dispuesto a lamer las botas del autócrata que nos Gobierna y reirle las gracias. El susto del martes fue morrocotudo. Nuestros próceres perdieron en Bolsa un 4,55%, miles de millones evaporados, y doña Ana Botín, esa mujer todo sonrisas en la primera etapa del tiranuelo, se vio obligada de inmediato a llamar a la puerta de Bloomberg para regalar los oídos de Trump con una golosina (“Spain and the United States have had an amazing relationship forever, you know, centuries”). La patada de Sánchez podría costarle una inversión de 12.000 millones en el Webster Financial Corp. y su estrategia de expansión norteamericana. Leído ayer mismo en Vozpópuli bajo la firma de Isaac Blasco: “Trump exige una lista de multinacionales españolas en EEUU con directivos impuestos por Sánchez”. Más allá de las Telefónicas y las Indras, este 27 de marzo Botín se dispone a renovar a Carlos Barrabés, el amigo de Begoña Gómez y su famosa cátedra, como miembro del Consejo de Administración del Santander por tres años más. En el BCE no salen de su asombro, pero manda Sánchez y nuestros ricos obedecen. ¿Aprenderán alguna vez los millonarios hispanos a comportarse con un cierto grado de dignidad?  

Por encima de todo, la primera consecuencia de este lance será el daño moral, el más grave, el más profundo. En su permanente huida hacia adelante, Sánchez le acaba de añadir varias filas más de ladrillos al muro que separa a las dos Españas, sigue crispando, enfrentando a unos contra otros y haciendo más y más difícil la convivencia entre hermanos, sigue polarizando, sigue alejando la posibilidad de esa España abierta basada en la convivencia entre distintos, sigue trabajando en la ruptura de la unidad de la nación de cara a esa República Plurinacional Socialista donde lo primero que sobrará es la Monarquía. El martes por la tarde, antes de que el gran bocazas regurgitara su “España es un aliado terrible”, Sánchez se desplazó a la Zarzuela para mantener un largo despacho con el rey Felipe VI. Nada se sabe, como es lógico, de lo allí hablado, pero supongo que en Palacio son conscientes del brutal desgaste al que este pájaro está sometiendo a la institución y al propio Monarca. Supongo que Felipe VI es consciente de ese desgaste, al que contribuyen también sus declaraciones tipo ‘Miss Universo’ ante los conflictos en marcha y el papel de España en los mismos. Cada día más debilitado, camino del envite final que el canalla podría plantear a los españoles en 2027, justo dentro de un año, cuando toque convocar (si es que convoca).  

Nadie puede sentir el menor grado de confort con el sufrimiento de miles y miles de personas que los conflictos bélicos inevitablemente acarrean, pero hay veces en que el pacifismo empieza a ser la alfalfa de los cobardes cuando lo que está en juego es la libertad. Frente a la amenaza de Teherán, es un deber moral posicionarse del lado de la defensa de los derechos de los iraníes y en contra de la tiranía de los Mulás. No es posible construir un futuro en paz cuando una nación vive bajo el puño de amenazas existenciales necesitadas de dolorosas correcciones quirúrgicas. No es posible vivir junto a vecinos que diariamente amenazan de muerte a tu familia. La eliminación permanente del riesgo nuclear iraní, la destrucción del principal patrocinador del terrorismo mundial, la liberación de casi 90 millones de personas de una teocracia medieval que masacra a mujeres y homosexuales, será siempre una gran noticia para los amantes de la libertad. Acabar con los Mulás tiene que valer la pena, porque la alternativa es un Irán con armas nucleares dispuesto no ya a aniquilar Israel sino también a incendiar Oriente Medio y aniquilar los valores que Occidente se ha empeñado en construir durante siglos.

«No está claro que esta guerra conduzca al establecimiento de la democracia en Irán, pero la amenaza militar que representa este país quedará neutralizada durante mucho tiempo, lo cual es en sí misma una excelente noticia», escribía el viernes en Le Figaro Guillaume Roquette, para quien «la seguridad de Israel debería ser la prioridad del mundo libre». Asistir este año al final de las sanguinarias dictaduras que desde hace tantos años soportan venezolanos, cubanos e iraníes sería un regalo de los Dioses por el que cualquier demócrata le estaría agradecido al bocazas que manda en Washington. Mientras tanto, a los españoles no nos queda más remedio que seguir soportando la pesadilla Sánchez, preclaro ejemplo de miseria moral, tipo insignificante que desesperadamente trata de llamar la atención del sheriff del condado para esconder su condición de mosca cojonera (Liliput contra el gigante) escondida en la ínsula Barataria en la que los Diego Rubio de la mentira le jalean sin recato. Resignación.

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