
Aragón ya se conoce en el sector de los centros de datos como “la Virginia española”, en referencia al Estado de EE UU con mayor concentración de este tipo de infraestructuras. El presidente de la comunidad, Jorge Azcón, ha hecho de esta floreciente industria la punta de lanza de sus logros económicos. El martes sacó pecho en una entrevista en EL PAÍS de su gestión en este ámbito: “El Gobierno anterior [presidido por el socialista Javier Lambán], en ocho años, presentó inversiones por valor de 10.000 millones de euros y yo, en dos años y medio, llevo 80.000 millones”.
La gran cantidad de proyectos en tramitación obligará a tomar decisiones sobre cómo alimentar de electricidad a esta industria en expansión
Aragón ya se conoce en el sector de los centros de datos como “la Virginia española”, en referencia al Estado de EE UU con mayor concentración de este tipo de infraestructuras. El presidente de la comunidad, Jorge Azcón, ha hecho de esta floreciente industria la punta de lanza de sus logros económicos. El martes sacó pecho en una entrevista en EL PAÍS de su gestión en este ámbito: “El Gobierno anterior [presidido por el socialista Javier Lambán], en ocho años, presentó inversiones por valor de 10.000 millones de euros y yo, en dos años y medio, llevo 80.000 millones”.
La cifra que esgrime Azcón no coincide con la que manejan los analistas consultados por este periódico, que hablan de unos 48.000 millones en inversiones anunciadas entre 2019 y 2025. Más allá del baile de números, algo se está moviendo en Aragón. AWS, la filial de servicios de la nube de Amazon, tiene operativos tres hiperescalares (los centros de datos de más de 50 megavatios de potencia instalada), que ya está ampliando y a los que añadirá una cuarta instalación. Microsoft tiene luz verde para construir otros tres hiperescalares. En total hay unos 28 proyectos de envergadura, desde el gran centro de datos (300 megavatios) que quiere levantar el fondo Azora en Villamayor de Gállego hasta el de ACS en La Puebla de Alfindén (300 megavatios) o el Proyecto Rhodes, de Blackstone, un complejo de ocho centros de datos con hasta 650 megavatios de capacidad instalada. Si todos salen adelante, consumirán cinco veces la energía de Aragón.
Los centros de datos son grandes naves repletas de procesadores funcionando día y noche de forma ininterrumpida. Es el lugar en el que se computan los servicios en la nube, los programas que se ejecutan en remoto. También es donde se alojan los datos que, como sucede con los emails, no están guardados en un dispositivo físico. El bum inmobiliario que rodea a este sector tiene que ver con la tercera cosa que sucede en esas instalaciones: en los centros de datos se entrenan y se da servicio a los sistemas de inteligencia artificial (IA).

¿Qué hace de Aragón un territorio más apetecible que otros para ubicar allí este tipo de infraestructuras? Los centros de datos necesitan un suministro estable de energía para alimentar los procesadores, agua para refrigerar los sistemas y mucho espacio (este tipo de instalaciones son grandes y a menudo se amplían), además de una buena infraestructura de fibra a la que conectarse. Aragón tiene las tres cosas, y una cuarta, que es la que realmente la ha hecho despegar. “Los inversores buscan también facilidades en la obtención de permisos, y creo que por eso Aragón se ha convertido en un polo de atracción de proyectos en los últimos años”, dice Víctor Gago, responsable de centros de datos y servicios en la nube de Schneider Electric.
La herramienta a través de la que se están tramitando los centros de datos son los llamados PIGA (Plan de Interés General de Aragón). Los proyectos que obtienen esta categoría son prioritarios, por lo que reducen a la mitad los tiempos de la burocracia y obtienen importantes beneficios fiscales, como no tener que pagar el impuesto municipal asociado a la construcción (ICIO).
“En Aragón se han hecho las cosas bien. Y con consenso, porque empezó un Gobierno de un color y lo ha seguido otro distinto”, explica Begoña Villacís, que dirige desde hace un año SpainDC, la principal asociación empresarial de los centros de datos. “Los PIGA hacen que los proyectos estén siendo debidamente auditados, pero no altamente ralentizados. Eso, unido a que Aragón tiene muchísima energía renovable, la han convertido en una región ideal”, añade.

El de la energía es un tema clave. Atendiendo a los proyectos previstos, Aragón necesitará una potencia instalada de 2.545 megavatios, según datos de la Fundación Basilio Paraíso. Eso la colocaría como la tercera región de Europa en concentración de centros de datos, solo por detrás de Londres y Fráncfort y por delante de París o Dublín.
Pese a ser una gran productora de energía, especialmente renovable, Aragón necesitará importar electricidad. Y eso implica el desarrollo de infraestructuras públicas para transportar y transformar esa energía.
Qué proponen los partidos
El PP dice explícitamente en su programa electoral que quiere “convertir a Aragón en un territorio atractivo para la industria, centros de datos, economía digital y nuevos proyectos tecnológicos”. “Desde el Gobierno de Jorge Azcón consideramos que es la inversión productiva la que tiene que acercarse a la energía, y no al revés”, señalan fuentes del PP. “Eso no puede ocurrir sin el beneplácito del Gobierno central que, en su propuesta de planificación energética, deja de lado la energía que piden muchos inversores, apostando por las necesidades de otros territorios”.
“No estamos radicalmente en contra de los centros de datos, pero exigimos al Gobierno de Aragón y a las empresas que expliquen el consumo real tanto de energía como de agua, para asegurar que no hipotecan el futuro desarrollo de Aragón”, dicen, por su parte, fuentes del PSOE. “Exigimos, asimismo, que se aclare la verdadera creación de empleo, ya que los tres centros actualmente en funcionamiento de AWS apenas han generado un centenar de puestos de trabajo”.
Chunta Aragonesista propone “diseñar una planificación general de la industria de los centros de datos” con especial atención a su “impacto medioambiental y de seguridad de suministro energético”. El Partido Aragonés ve los centros de datos como “una oportunidad de crecimiento territorial”, en tanto que ayudará al desarrollo industrial de la región y a que no se exporte la energía generada en el territorio.
IU-Sumar es el único partido que pide una moratoria en la construcción de centros de datos hasta que una comisión de las Cortes de Aragón “evalúe los efectos sociales, económicos y ambientales” y “proponga medidas regulatorias”. También quieren que los promotores “compensen las mermas tributarias y urbanísticas de los municipios donde se implantan”. Otras formaciones que concurren a las elecciones, como Vox, Aragón Existe o Podemos, han preferido no participar en este reportaje.
El aluvión de anuncios de centros de datos está provocando algunas resistencias. Es el caso del Ayuntamiento de Villamayor de Gállego, en Zaragoza, que rechaza la construcción de un complejo a manos del fondo Azora al considerar que la energía que requiere para funcionar limitará sus opciones de crecimiento futuro. El alcalde y su equipo creen que el pueblo, que ya alojará uno de los centros de datos de Microsoft, se vería desbordado con un segundo proyecto.
Las asociaciones ecologistas están en pie de guerra ante lo que consideran una industria problemática, tanto por su consumo de recursos como por su impacto ambiental. “Las promesas que está haciendo esta industria son falsas, y los impactos negativos que van a tener los centros de datos en la región van a ser devastadores, a nivel ambiental, social, e incluso democrático”, subraya Aurora Gómez, de la plataforma TuNubeSecaMiRío.
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