En medio de la escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán, Moncloa ha decidido mantener su posición política incluso cuando el choque con Washington empieza a acumular episodios. El último llegó este miércoles, después de que la Casa Blanca insinuara una posible cooperación militar con España. El mensaje transmitido desde Moncloa no da lugar a dudas: «No es cierto», señalan fuentes del Ejecutivo. «Desmentimos tajantemente. La postura de España no ha cambiado».
La aclaración no es menor porque llega en un momento de tensión diplomática creciente con la Administración de Donald Trump. Desde que estalló la crisis con Irán, Sánchez ha optado por una línea política que se distancia de la ofensiva impulsada por Washington y respaldada por Israel. Ese posicionamiento ya había provocado fricciones con varios socios europeos y ahora empieza a trasladarse también a la relación bilateral con Estados Unidos.
En Moncloa sostienen que no existe ninguna novedad en la posición española. El Gobierno mantiene la misma línea que ha defendido desde el inicio del conflicto: rechazo a la escalada militar, apuesta por la contención y defensa de una salida diplomática. En ese marco, descartan cualquier participación española en operaciones militares que puedan interpretarse como un apoyo a la ofensiva contra Irán.
El episodio de este miércoles refleja hasta qué punto la crisis está entrando también en el terreno político y comunicativo. La Casa Blanca deslizó la idea de una cooperación militar que el Gobierno español niega de forma frontal. De hecho, Pedro Sánchez lleva varios días tratando de fijar el marco político del «no a la guerra» que movilizó a la izquierda durante la invasión de Irak en 2003.
Ese encuadre tiene también una dimensión internacional. En Bruselas, España ya comprobó el pasado fin de semana que su posición no coincide plenamente con la de las principales potencias europeas. Alemania, Francia e Italia optaron por un comunicado más prudente tras los ataques contra Irán, mientras que el Gobierno español defendía una condena más explícita de la ofensiva impulsada por Washington y Tel Aviv.
La discusión terminó con un texto de compromiso, pero dejó claro que la crisis no sólo divide a Occidente frente a Irán, sino que también abre diferencias dentro del propio bloque europeo.
En ese contexto, el choque verbal con la Casa Blanca añade una capa más a la situación. En Moncloa insisten en que la pertenencia a la Unión Europea condiciona cualquier represalia comercial o diplomática que Estados Unidos pudiera plantear contra España. La política comercial, recuerdan, es competencia comunitaria y no bilateral.
Pero la clave de la estrategia española no está tanto en ese cálculo jurídico como en la lectura política que hace el Gobierno del momento actual. Sánchez cree que el conflicto con Irán ha abierto un escenario que recuerda al de hace dos décadas y que, como entonces, el debate sobre la guerra puede reorganizar parte del tablero político interno. Por eso el Ejecutivo está tratando de fijar con claridad su posición incluso cuando eso implica corregir públicamente a Washington.
La Casa Blanca asegura que España «ha acordado cooperar con el ejército estadounidense» a pesar de que Sánchez se reafirme en su «no a la guerra»
En medio de la escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán, Moncloa ha decidido mantener su posición política incluso cuando el choque con Washington empieza a acumular episodios. El último llegó este miércoles, después de que la Casa Blanca insinuara una posible cooperación militar con España. El mensaje transmitido desde Moncloa no da lugar a dudas: «No es cierto», señalan fuentes del Ejecutivo. «Desmentimos tajantemente. La postura de España no ha cambiado».
La aclaración no es menor porque llega en un momento de tensión diplomática creciente con la Administración de Donald Trump. Desde que estalló la crisis con Irán, Sánchez ha optado por una línea política que se distancia de la ofensiva impulsada por Washington y respaldada por Israel. Ese posicionamiento ya había provocado fricciones con varios socios europeos y ahora empieza a trasladarse también a la relación bilateral con Estados Unidos.
En Moncloa sostienen que no existe ninguna novedad en la posición española. El Gobierno mantiene la misma línea que ha defendido desde el inicio del conflicto: rechazo a la escalada militar, apuesta por la contención y defensa de una salida diplomática. En ese marco, descartan cualquier participación española en operaciones militares que puedan interpretarse como un apoyo a la ofensiva contra Irán.
El episodio de este miércoles refleja hasta qué punto la crisis está entrando también en el terreno político y comunicativo. La Casa Blanca deslizó la idea de una cooperación militar que el Gobierno español niega de forma frontal. De hecho, Pedro Sánchez lleva varios días tratando de fijar el marco político del «no a la guerra» que movilizó a la izquierda durante la invasión de Irak en 2003.
Ese encuadre tiene también una dimensión internacional. En Bruselas, España ya comprobó el pasado fin de semana que su posición no coincide plenamente con la de las principales potencias europeas. Alemania, Francia e Italia optaron por un comunicado más prudente tras los ataques contra Irán, mientras que el Gobierno español defendía una condena más explícita de la ofensiva impulsada por Washington y Tel Aviv.
La discusión terminó con un texto de compromiso, pero dejó claro que la crisis no sólo divide a Occidente frente a Irán, sino que también abre diferencias dentro del propio bloque europeo.
En ese contexto, el choque verbal con la Casa Blanca añade una capa más a la situación. En Moncloa insisten en que la pertenencia a la Unión Europea condiciona cualquier represalia comercial o diplomática que Estados Unidos pudiera plantear contra España. La política comercial, recuerdan, es competencia comunitaria y no bilateral.
Pero la clave de la estrategia española no está tanto en ese cálculo jurídico como en la lectura política que hace el Gobierno del momento actual. Sánchez cree que el conflicto con Irán ha abierto un escenario que recuerda al de hace dos décadas y que, como entonces, el debate sobre la guerra puede reorganizar parte del tablero político interno. Por eso el Ejecutivo está tratando de fijar con claridad su posición incluso cuando eso implica corregir públicamente a Washington.
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