«Muriqi, Balón de Oro«, cantaba la afición del Mallorca después del encuentro contra el Rayo, al que le hizo dos goles y desató la locura de una afición enamorada de un futbolista que no parece futbolista y que no sabía ni reaccionar ante esos cánticos.
El Rayo, derrotado por 3-0
Y es que el ariete kosovar, con esa forma de jugar que desafía cánones y expectativas, firmó un doblete para su equipo, un triunfo por la vía rápida, tres a cero, que alivia el alma bermellona. El otro grito de júbilo llegó de la bota de Jan Virgili, quien se estrenó en la máxima categoría con un tanto de bella factura. El rival, el Rayo Vallecano, se vio superado, envuelto en una niebla de desorientación, con la cabeza en Atenas, en la Conference League, y el cuerpo en un Son Moix que, si bien no presentaba el lleno absoluto, sí respiraba ansias de salvación. Los mallorquinistas necesitaban estos tres puntos como el comer para escapar de las garras del abismo, para salir de esa zona pantanosa que tantos equipos persiguen.
El cuadro de Vallecas, por su parte, llegaba con la moral inflada tras su hazaña europea frente al AEK. Sin embargo, la realidad de Son Moix dictó otro guion. Los primeros amagos del partido, avisos que podrían haber roto el equilibrio, se vieron frustrados por decisiones arbitrales, fueras de juego que enfriaron las intenciones rayistas. En el retaguardia balear, David López y Mascarell, ante las ausencias notables de Raíllo y Valjent, se erigieron en pilares inexpugnables, ofreciendo una solidez que contrastaba con la fragilidad visitante. Las jugadas a balón parado se convertían en oportunidades. Pablo Torre, con su zurda prodigiosa, obligó a una estirada felina de Cárdenas, el guardián franjirrojo, en una falta directa que llevaba veneno. Poco después, un saque de esquina botado por Darder encontró el remate de cabeza de Samu Costa, una maniobra previa al primer acto de la gesta de Muriqi.
Muriqi, como Eto’o
Con su primer tanto igualó a una leyenda como Samuel Eto‘o en la tabla de máximos artilleros del club en la élite del fútbol español. Era el prólogo de lo que vendría. El segundo golpe llegó antes de que el reloj marcara la media hora. Zito Luvumbo, con una carrera explosiva que recordó a los mejores escapistas, se fabricó la jugada, culminando con un centro medido que Vedat Muriqi, una vez más, empujó a la red. El dos a cero antes del descanso dejaba al Rayo Vallecano completamente noqueado, sin respuesta ante el vendaval bermellón.
Las transiciones rápidas del Mallorca se convertían en la pesadilla del equipo madrileño, que no encontraba la forma de frenar el ímpetu local. Leo Román, el portero del Mallorca, apenas tuvo que intervenir más allá de un lejano intento de Lejeune, una jugada aislada que no presagiaba el desenlace. En el vestuario franjirrojo, Íñigo Pérez movió ficha, introduciendo a De Frutos y Nteka, buscando un revulsivo que nunca llegó.
La tercera diana fue una obra de arte colectiva. Pablo Torre, protagonista de la tarde, volvió a ser clave. En una falta lateral, su centro raso encontró la llegada de Jan Virgili. El joven talento mallorquinista, en su confirmación en el panorama principal, no solo se estrenó como goleador, sino que lo hizo con un tanto que elevaba la moral de la parroquia local. El tres a cero, ya con el partido sentenciado, permitió a Demichelis dar entrada a Kumbulla y Asano, brindando minutos a futbolistas que buscaban su espacio.
El Rayo Vallecano, a pesar del marcador adverso, hizo ciertos méritos para haber arañado, al menos, un gol. El esfuerzo estuvo ahí, la intención se percibió, pero la eficacia les dio la espalda. Con este resultado, el Mallorca abandona los puestos de descenso, escalando hasta los treinta y cuatro puntos, una bocanada de aire fresco vital.
El delantero del conjunto balear hizo dos goles al Rayo Vallecano y su afición le cantó como nunca
«Muriqi, Balón de Oro«, cantaba la afición del Mallorca después del encuentro contra el Rayo, al que le hizo dos goles y desató la locura de una afición enamorada de un futbolista que no parece futbolista y que no sabía ni reaccionar ante esos cánticos.
El Rayo, derrotado por 3-0
Y es que el ariete kosovar, con esa forma de jugar que desafía cánones y expectativas, firmó un doblete para su equipo, un triunfo por la vía rápida, tres a cero, que alivia el alma bermellona. El otro grito de júbilo llegó de la bota de Jan Virgili, quien se estrenó en la máxima categoría con un tanto de bella factura. El rival, el Rayo Vallecano, se vio superado, envuelto en una niebla de desorientación, con la cabeza en Atenas, en la Conference League, y el cuerpo en un Son Moix que, si bien no presentaba el lleno absoluto, sí respiraba ansias de salvación. Los mallorquinistas necesitaban estos tres puntos como el comer para escapar de las garras del abismo, para salir de esa zona pantanosa que tantos equipos persiguen.
El cuadro de Vallecas, por su parte, llegaba con la moral inflada tras su hazaña europea frente al AEK. Sin embargo, la realidad de Son Moix dictó otro guion. Los primeros amagos del partido, avisos que podrían haber roto el equilibrio, se vieron frustrados por decisiones arbitrales, fueras de juego que enfriaron las intenciones rayistas. En el retaguardia balear, David López y Mascarell, ante las ausencias notables de Raíllo y Valjent, se erigieron en pilares inexpugnables, ofreciendo una solidez que contrastaba con la fragilidad visitante. Las jugadas a balón parado se convertían en oportunidades. Pablo Torre, con su zurda prodigiosa, obligó a una estirada felina de Cárdenas, el guardián franjirrojo, en una falta directa que llevaba veneno. Poco después, un saque de esquina botado por Darder encontró el remate de cabeza de Samu Costa, una maniobra previa al primer acto de la gesta de Muriqi.
Muriqi, como Eto’o
Con su primer tanto igualó a una leyenda como Samuel Eto‘o en la tabla de máximos artilleros del club en la élite del fútbol español. Era el prólogo de lo que vendría. El segundo golpe llegó antes de que el reloj marcara la media hora. Zito Luvumbo, con una carrera explosiva que recordó a los mejores escapistas, se fabricó la jugada, culminando con un centro medido que Vedat Muriqi, una vez más, empujó a la red. El dos a cero antes del descanso dejaba al Rayo Vallecano completamente noqueado, sin respuesta ante el vendaval bermellón.
Las transiciones rápidas del Mallorca se convertían en la pesadilla del equipo madrileño, que no encontraba la forma de frenar el ímpetu local. Leo Román, el portero del Mallorca, apenas tuvo que intervenir más allá de un lejano intento de Lejeune, una jugada aislada que no presagiaba el desenlace. En el vestuario franjirrojo, Íñigo Pérez movió ficha, introduciendo a De Frutos y Nteka, buscando un revulsivo que nunca llegó.
La tercera diana fue una obra de arte colectiva. Pablo Torre, protagonista de la tarde, volvió a ser clave. En una falta lateral, su centro raso encontró la llegada de Jan Virgili. El joven talento mallorquinista, en su confirmación en el panorama principal, no solo se estrenó como goleador, sino que lo hizo con un tanto que elevaba la moral de la parroquia local. El tres a cero, ya con el partido sentenciado, permitió a Demichelis dar entrada a Kumbulla y Asano, brindando minutos a futbolistas que buscaban su espacio.
El Rayo Vallecano, a pesar del marcador adverso, hizo ciertos méritos para haber arañado, al menos, un gol. El esfuerzo estuvo ahí, la intención se percibió, pero la eficacia les dio la espalda. Con este resultado, el Mallorca abandona los puestos de descenso, escalando hasta los treinta y cuatro puntos, una bocanada de aire fresco vital. urso, implacable, y las batallas por la supervivencia se recrudecen en cada jornada.
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