It didn’t take long for a fairly innocuous debate between two outspoken corporate leaders to escalate into an ugly brawl, name-calling and all.
El fundador de Tesla responde también con insultos contra O’Leary: “El CEO de Ryanair es un completo idiota. Despedidle”
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
Las pocas perspectivas de lograr unas cuentas públicas obligan al Ejecutivo a diseñar otras fórmulas inversoras


El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reservó para el foro financiero Spain Investors Day uno de los anuncios más relevantes de política económica en un arranque de año marcado por una sobredosis de actualidad concentrada en apenas 15 días. El entorno era propicio: a ojos de los inversores, probablemente mucho menos expuestos que otros colectivos a la confrontación política que se respira en España, el país presenta una hoja de servicios envidiable en crecimiento, posición fiscal e indicadores financieros, más allá de los deberes pendientes en términos de productividad, actividad económica o crisis de la vivienda.
El anuncio del fondo soberano tiene una forma un tanto oportunista, que no tiene por qué empañar sus objetivos o funcionamiento. El instrumento parece diseñado a medida para dar continuidad al remanente de fondos europeos concedidos a España en el marco del fondo de recuperación tras la pandemia y que había que reciclar en otro formato para que no caducasen en 2026. Con esa primera aportación de 10.500 millones se inaugura una herramienta cuya composición y finalidad aún no están del todo perfiladas.
El carácter apalancado del fondo tampoco es habitual entre los fondos soberanos. En otras palabras, España Crece se parece más a un ICO reforzado que a un fondo soberano clásico. Pero, en su esencia, y obviando una u otra denominación, es un vehículo con muchas razones de ser en el contexto actual, cuando el destino económico de los Estados ya no está 100% subcontratado a la mano invisible del mercado. Términos que hace una década ni existían, como reindustrialización o autonomía estratégica, marcan ahora las prioridades económicas.
La política industrial está de vuelta, y España no es el primer país, ni será el último, que plantea un vehículo de inversión en sectores estratégicos. La denominación y el anuncio son menos relevantes que la capacidad para dirigir las inversiones (en este sentido, tanto ICO como Cofides tienen sobrada experiencia). Queda pendiente la duda de si habrá aportaciones al fondo, periódicas o no, adicionales al remanente del dinero europeo.
Más allá de los detalles, también resulta significativo que este instrumento busque movilizar dinero en un momento en que las vías presupuestarias en España están casi cegadas. Las pocas perspectivas de lograr unas cuentas públicas para el año próximo obligan al Ejecutivo a diseñar otras fórmulas inversoras, en este caso movilizando al sector privado.
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