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6 de diciembre de 2025

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Por qué nos estremecemos cuando vemos heridas en series o películas, según la ciencia

La sensación de escalofríos, los músculos que se tensan y las típicas muecas de dolor cuando vemos una herida que no nos pertenece tiene una explicación científica. Y es que nuestro cerebro envía señales que se salen por completo de nuestro control, como replicar la sensación que parece saltar de la pantalla. Curiosamente, no tiene nada que ver con la empatía o con imaginar cómo nos afectaría la herida, sino que nuestro cerebro activa las regiones que procesan el tacto.

Así lo explican los investigadores de las universidades de Reading (Reino Unido), Libre de Ámsterdam y Minnesota (EE. UU.) en un estudio publicado por Nature: hay áreas del cerebro que están organizadas según un ‘mapa’ del cuerpo, lo que permite que lo que vemos desencadene ecos de sensaciones táctiles. El autor principal del artículo, Nicholas Hedger, citado por la Universidad de Reading, afirma que las imágenes «activan patrones que coinciden con la parte del cuerpo afectada».

Así es cómo el tacto se activa desde lo visual

Con el fin de demostrar que los sentidos del tacto y la vista están interconectados, los investigadores desarrollaron un método para analizar la actividad cerebral de 174 personas mientras veían películas como ‘La red social’ y ‘El Origen’. De esta manera se comprobó que las regiones del cerebro que tradicionalmente se creían encargadas de procesar información visual mostraban patrones sensacionales en el cuerpo del espectador. Es decir, la forma en la que el cerebro procesa el tacto está ‘integrada’ en nuestro sistema visual.

El estudio, según recoge EFE, entendió dos maneras en la que la sensación se alinea con la información visual. La primera se produce en las regiones dorsales más altas del cerebro, esas que coinciden con nuestro campo de visión. En estas zonas, las sensaciones se activan de acuerdo con la posición de los estímulos en la escena. Por ejemplo, si algo aparece en la parte baja de lo que vemos, también se activan las áreas cerebrales que representan las partes del cuerpo correspondientes a esa zona, como los pies.

La segunda se da en las regiones ventrales inferiores del cerebro. Aquí, las sensaciones se sincronizan con la parte del cuerpo que estamos mirando, sin importar dónde se muestre en la escena. Por ejemplo, si vemos una herida en una mano, la sensación se percibe en la mano, aunque la imagen de la herida aparezca en cualquier lugar de la pantalla o escena.

Aplicaciones clínicas del descubrimiento

Nicholas Hedger afirma que el descubrimiento «podría transformar cómo entendemos trastornos como el autismo«. Esto ocurre porque la simulación interna de lo que observamos nos permite entender las vivencias de otros, una habilidad que efectivamente está vinculada con la empatía y que puede funcionar diferente en las personas neurodivergentes.

De hecho, el investigador afirma que se abren nuevas posibilidades para el diagnóstico de la afección. Esto porque las pruebas sensoriales tradicionales «son agotadoras, especialmente para los niños o las personas con problemas de salud crónicos», pero ahora se pueden medir esos mecanismos cerebrales mientras alguien «simplemente ve una película».

 Un estudio publicado por la revista Nature concluye que la reacción se debe a que el cerebro no solo observa, sino que simula lo que ve.  

La sensación de escalofríos, los músculos que se tensan y las típicas muecas de dolor cuando vemos una herida que no nos pertenece tiene una explicación científica. Y es que nuestro cerebro envía señales que se salen por completo de nuestro control, como replicar la sensación que parece saltar de la pantalla. Curiosamente, no tiene nada que ver con la empatía o con imaginar cómo nos afectaría la herida, sino que nuestro cerebro activa las regiones que procesan el tacto.

Así lo explican los investigadores de las universidades de Reading (Reino Unido), Libre de Ámsterdam y Minnesota (EE. UU.) en un estudio publicado por Nature: hay áreas del cerebro que están organizadas según un ‘mapa’ del cuerpo, lo que permite que lo que vemos desencadene ecos de sensaciones táctiles. El autor principal del artículo, Nicholas Hedger, citado por la Universidad de Reading, afirma que las imágenes «activan patrones que coinciden con la parte del cuerpo afectada».

Así es cómo el tacto se activa desde lo visual

Con el fin de demostrar que los sentidos del tacto y la vista están interconectados, los investigadores desarrollaron un método para analizar la actividad cerebral de 174 personas mientras veían películas como ‘La red social’ y ‘El Origen’. De esta manera se comprobó que las regiones del cerebro que tradicionalmente se creían encargadas de procesar información visual mostraban patrones sensacionales en el cuerpo del espectador. Es decir, la forma en la que el cerebro procesa el tacto está ‘integrada’ en nuestro sistema visual.

El estudio, según recoge EFE, entendió dos maneras en la que la sensación se alinea con la información visual. La primera se produce en las regiones dorsales más altas del cerebro, esas que coinciden con nuestro campo de visión. En estas zonas, las sensaciones se activan de acuerdo con la posición de los estímulos en la escena. Por ejemplo, si algo aparece en la parte baja de lo que vemos, también se activan las áreas cerebrales que representan las partes del cuerpo correspondientes a esa zona, como los pies.

La segunda se da en las regiones ventrales inferiores del cerebro. Aquí, las sensaciones se sincronizan con la parte del cuerpo que estamos mirando, sin importar dónde se muestre en la escena. Por ejemplo, si vemos una herida en una mano, la sensación se percibe en la mano, aunque la imagen de la herida aparezca en cualquier lugar de la pantalla o escena.

Aplicaciones clínicas del descubrimiento

Nicholas Hedger afirma que el descubrimiento «podría transformar cómo entendemos trastornos como el autismo«. Esto ocurre porque la simulación interna de lo que observamos nos permite entender las vivencias de otros, una habilidad que efectivamente está vinculada con la empatía y que puede funcionar diferente en las personas neurodivergentes.

De hecho, el investigador afirma que se abren nuevas posibilidades para el diagnóstico de la afección. Esto porque las pruebas sensoriales tradicionales «son agotadoras, especialmente para los niños o las personas con problemas de salud crónicos», pero ahora se pueden medir esos mecanismos cerebrales mientras alguien «simplemente ve una película».

 20MINUTOS.ES – Ciencia