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7 de marzo de 2026

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Si la madera flota, ¿por qué hay barcos en el fondo del mar? ‘One Piece’ y una despedida

Todos los fans de One Piece repetimos como un mantra que «tiene muchos capítulos, pero la historia merece la pena» a todas aquellas personas que no quieren ver esta serie porque son ‘dibujos animados’.

Nada más lejos de la realidad, cuenta con temas muy serios como la esclavitud, la corrupción en el gobierno, tejemanejes de altas esferas para realizar ingeniería social, conspiraciones de grupos rebeldes, dramas familiares extremos y un largo etcétera que dista mucho de un mero show para niños. Tal es el nivel, que la empatía que generas por los personajes es como si de tus propios amigos o familiares se tratara, tomando como un triunfo sus victorias y como dolor sus penas. Y no solo empatizas con seres vivos, sino también con objetos como barcos.

Una de las escenas más emotivas de la serie es la despedida de uno de los miembros de la banda Sombrero de paja, el Going Merry. Aunque sucediera hace casi 20 años, nadie se esperaba que lo amasen tanto ni que su marcha supusiera un dolor de corazón tan grande, a pesar de que fuera un barco.

Su destino está en el fondo del mar junto con otros buques naufragados. A no ser que sean barcos de la marina, reforzados y blindados, el fondo marino está repleto de embarcaciones piratas de madera que vivieron tiempos mejores, yendo de isla en isla y de aventura en aventura.

Pero ojo, la madera flota. Entonces esos barcos hundidos ¿por qué no flotan? ¿Qué hace que un barco entero, hecho de ese mismo material, termine en el lecho marino sin volver a emerger? Vamos a investigarlo como si fuera una aventura y a descubrir por qué el Going Merry, el primer barco de la tripulación de Los Sombrero de Paja no flota a la deriva (Suena We are!, la música del primer opening de One Piece, para darle más dramatismo al asunto)

El ser humano aprende, la mayoría de las veces, a base de ensayo y error. No me quiero imaginar qué materiales probaron antes de darse cuenta de que la madera flotaba, pero seguro que hubo muchos fracasos. Sería digno de ver el momento en el que barajaron el plomo como posible material y descubrieran el submarino.

La vulnerabilidad de los barcos de madera

No es recomendable usar cualquier tipo de madera para los barcos. Por su ligereza, disponibilidad y capacidad natural para flotar, maderas como el roble, el pino y el abeto han sido pilares de la construcción naval durante siglos. Los vikingos lo sabían bien cuando diseñaban sus barcos rápidos y ligeros, igual que los piratas del Caribe, quienes aprovechaban las maderas ligeras para mástiles y cubiertas, y duras para cascos resistentes.

La razón por la que la madera flota es, esencialmente, su densidad. Como la madera es menos densa que el agua, flota. Explicación más simple no hay. Esto ocurre gracias a la estructura interna de la madera, formada por fibras lignocelulósicas y miles de microcavidades llenas de aire. Este aire interno permite que, cuando se coloca un trozo de madera seca en agua, el empuje que recibe sea superior a su peso, y por ende, flote.

Sin embargo, cuando esa madera se sumerge durante periodos prolongados o sufre daños estructurales, las cavidades se llenan de agua, aumentando progresivamente su peso hasta igualar o superar el del líquido desplazado. Cuando eso ocurre, la flotabilidad desaparece. A esto se suma que un barco no es solo madera; está lleno de cargas, cubiertas, mástiles y, sobre todo, cámaras estancas que, al perforarse o inundarse, reducen de forma crítica la flotación total.

El Going Merry, por ejemplo, a lo largo de la serie sufre múltiples averías: grietas en el casco, roturas en el mástil, reventones ornamentales porque la tripulación de Luffy lo que tiene de fuerte lo tiene de inútil, o averías más serias, como la rotura de la quilla. A pesar de las reparaciones improvisadas y el cariño de sus tripulantes, el barco acumulaba cada vez más fallos estructurales. El agua penetraba por los daños no reparados y saturaba la madera, aumentando su peso específico. Además, las bodegas y compartimentos inferiores se inundaban, eliminando los volúmenes de aire vitales para la flotación. Justo como ocurría en los naufragios históricos.

Cuando un barco de madera se inunda por completo, no basta con que sus maderas puedan flotar individualmente. La estructura total, al estar saturada de agua y sin cámaras de aire, pierde cualquier capacidad de empuje. Además, los restos sueltos que podrían reflotar se ven muchas veces lastrados por clavos, herrajes y lastre metálico, o quedan atrapados en redes, sedimentos y corrientes. Por eso, incluso en el mundo real, la mayor parte de los pecios de madera acaban asentados en el fondo. Son muchos detalles que evitan que el barco de Luffy y compañía reflote, pero si nos vamos a la simpleza de las fórmulas y la teoría física, hay que recordar a un griego dentro de una bañera en pelotas.

El ¡Eureka! de ‘One Piece’

La mítica imagen de Arquímedes en la bañera entendiendo al fin cómo funcionaba la flotabilidad de los objetos y su consiguiente ¡Eureka! es uno de los tesoros de la física de fluidos. La flotabilidad de un objeto está regida por el principio de nombre homónimo, el principio de Arquímedes: «Un cuerpo sumergido en un fluido recibe una fuerza hacia arriba igual al peso del volumen de fluido que desplaza». Esto implica que si el peso del objeto es menor que ese empuje, flotará.

La madera, seca o parcialmente húmeda, flota porque su densidad efectiva es menor que la del agua. Pero cuando esa madera se satura, es decir, cuando toda su estructura celular se llena de agua, su densidad se acerca a la del fluido circundante, reduciendo y finalmente anulando su capacidad de flotar.

Las maderas usadas en construcción naval, como el roble o el pino, pueden absorber hasta un 30% de su peso en agua en estado de saturación celular. Más allá de ese punto, continúan absorbiendo agua libre en los huecos intercelulares, lo que eleva su peso sin aumentar volumen, reduciendo progresivamente la flotación. La mayoría de las maderas utilizadas en construcción naval tienen densidades que van de los 450 kg/m³ a los 770 kg/m³, por debajo de los 1.000 kg/m³ del agua. Una tabla de pino, por ejemplo, puede pasar de 510 kg/m³ a cerca de 950 kg/m³ al saturarse por completo. Si se le añaden daños estructurales, el proceso se acelera: el agua penetra por grietas y roturas, y en ausencia de cámaras estancas, la embarcación se inunda rápidamente.

¿Quiere decir que el Going Merry entero está en el fondo del mar? Como dirían en Grecia por Arquímedes, parte sí, parte-nón. Puede haber restos de madera suelta que pueden reflotar si conservan suficiente aire en su interior o si no arrastran pesos adicionales. Algo bastante turbio, pero la física no busca hacerte sentir bien, busca explicaciones a la realidad.

Incluso en un mundo de fantasía, superpoderes, habilidades loquísimas y misterios aún por descubrir, la física de los barcos se sigue cumpliendo. La ciencia náutica ha avanzado a pasos agigantados desde la época de navíos de madera y vela al viento a un mundo regido por mascarones metálicos mucho más resistentes y que, espero, cada vez que subo a un barco sigan soportando, porque no querría acabar saludando al Going Merry en el fondo del oceano y que todo hiciera aguas.

 En esta obra de piratas hay muchas despedidas amargas, pero no tan dolorosas como la de un barco.  

Todos los fans de One Piece repetimos como un mantra que «tiene muchos capítulos, pero la historia merece la pena» a todas aquellas personas que no quieren ver esta serie porque son ‘dibujos animados’.

Nada más lejos de la realidad, cuenta con temas muy serios como la esclavitud, la corrupción en el gobierno, tejemanejes de altas esferas para realizar ingeniería social, conspiraciones de grupos rebeldes, dramas familiares extremos y un largo etcétera que dista mucho de un mero show para niños. Tal es el nivel, que la empatía que generas por los personajes es como si de tus propios amigos o familiares se tratara, tomando como un triunfo sus victorias y como dolor sus penas. Y no solo empatizas con seres vivos, sino también con objetos como barcos.

Una de las escenas más emotivas de la serie es la despedida de uno de los miembros de la banda Sombrero de paja, el Going Merry. Aunque sucediera hace casi 20 años, nadie se esperaba que lo amasen tanto ni que su marcha supusiera un dolor de corazón tan grande, a pesar de que fuera un barco.

Su destino está en el fondo del mar junto con otros buques naufragados. A no ser que sean barcos de la marina, reforzados y blindados, el fondo marino está repleto de embarcaciones piratas de madera que vivieron tiempos mejores, yendo de isla en isla y de aventura en aventura.

Pero ojo, la madera flota. Entonces esos barcos hundidos ¿por qué no flotan? ¿Qué hace que un barco entero, hecho de ese mismo material, termine en el lecho marino sin volver a emerger? Vamos a investigarlo como si fuera una aventura y a descubrir por qué el Going Merry, el primer barco de la tripulación de Los Sombrero de Paja no flota a la deriva (Suena We are!, la música del primer opening de One Piece, para darle más dramatismo al asunto)

El ser humano aprende, la mayoría de las veces, a base de ensayo y error. No me quiero imaginar qué materiales probaron antes de darse cuenta de que la madera flotaba, pero seguro que hubo muchos fracasos. Sería digno de ver el momento en el que barajaron el plomo como posible material y descubrieran el submarino.

La vulnerabilidad de los barcos de madera

No es recomendable usar cualquier tipo de madera para los barcos. Por su ligereza, disponibilidad y capacidad natural para flotar, maderas como el roble, el pino y el abeto han sido pilares de la construcción naval durante siglos. Los vikingos lo sabían bien cuando diseñaban sus barcos rápidos y ligeros, igual que los piratas del Caribe, quienes aprovechaban las maderas ligeras para mástiles y cubiertas, y duras para cascos resistentes.

La razón por la que la madera flota es, esencialmente, su densidad. Como la madera es menos densa que el agua, flota. Explicación más simple no hay. Esto ocurre gracias a la estructura interna de la madera, formada por fibras lignocelulósicas y miles de microcavidades llenas de aire. Este aire interno permite que, cuando se coloca un trozo de madera seca en agua, el empuje que recibe sea superior a su peso, y por ende, flote.

Sin embargo, cuando esa madera se sumerge durante periodos prolongados o sufre daños estructurales, las cavidades se llenan de agua, aumentando progresivamente su peso hasta igualar o superar el del líquido desplazado. Cuando eso ocurre, la flotabilidad desaparece. A esto se suma que un barco no es solo madera; está lleno de cargas, cubiertas, mástiles y, sobre todo, cámaras estancas que, al perforarse o inundarse, reducen de forma crítica la flotación total.

El Going Merry, por ejemplo, a lo largo de la serie sufre múltiples averías: grietas en el casco, roturas en el mástil, reventones ornamentales porque la tripulación de Luffy lo que tiene de fuerte lo tiene de inútil, o averías más serias, como la rotura de la quilla. A pesar de las reparaciones improvisadas y el cariño de sus tripulantes, el barco acumulaba cada vez más fallos estructurales. El agua penetraba por los daños no reparados y saturaba la madera, aumentando su peso específico. Además, las bodegas y compartimentos inferiores se inundaban, eliminando los volúmenes de aire vitales para la flotación. Justo como ocurría en los naufragios históricos.

Cuando un barco de madera se inunda por completo, no basta con que sus maderas puedan flotar individualmente. La estructura total, al estar saturada de agua y sin cámaras de aire, pierde cualquier capacidad de empuje. Además, los restos sueltos que podrían reflotar se ven muchas veces lastrados por clavos, herrajes y lastre metálico, o quedan atrapados en redes, sedimentos y corrientes. Por eso, incluso en el mundo real, la mayor parte de los pecios de madera acaban asentados en el fondo. Son muchos detalles que evitan que el barco de Luffy y compañía reflote, pero si nos vamos a la simpleza de las fórmulas y la teoría física, hay que recordar a un griego dentro de una bañera en pelotas.

El ¡Eureka! de ‘One Piece’

La mítica imagen de Arquímedes en la bañera entendiendo al fin cómo funcionaba la flotabilidad de los objetos y su consiguiente ¡Eureka! es uno de los tesoros de la física de fluidos. La flotabilidad de un objeto está regida por el principio de nombre homónimo, el principio de Arquímedes: «Un cuerpo sumergido en un fluido recibe una fuerza hacia arriba igual al peso del volumen de fluido que desplaza». Esto implica que si el peso del objeto es menor que ese empuje, flotará.

La madera, seca o parcialmente húmeda, flota porque su densidad efectiva es menor que la del agua. Pero cuando esa madera se satura, es decir, cuando toda su estructura celular se llena de agua, su densidad se acerca a la del fluido circundante, reduciendo y finalmente anulando su capacidad de flotar.

Las maderas usadas en construcción naval, como el roble o el pino, pueden absorber hasta un 30% de su peso en agua en estado de saturación celular. Más allá de ese punto, continúan absorbiendo agua libre en los huecos intercelulares, lo que eleva su peso sin aumentar volumen, reduciendo progresivamente la flotación. La mayoría de las maderas utilizadas en construcción naval tienen densidades que van de los 450 kg/m³ a los 770 kg/m³, por debajo de los 1.000 kg/m³ del agua. Una tabla de pino, por ejemplo, puede pasar de 510 kg/m³ a cerca de 950 kg/m³ al saturarse por completo. Si se le añaden daños estructurales, el proceso se acelera: el agua penetra por grietas y roturas, y en ausencia de cámaras estancas, la embarcación se inunda rápidamente.

¿Quiere decir que el Going Merry entero está en el fondo del mar? Como dirían en Grecia por Arquímedes, parte sí, parte-nón. Puede haber restos de madera suelta que pueden reflotar si conservan suficiente aire en su interior o si no arrastran pesos adicionales. Algo bastante turbio, pero la física no busca hacerte sentir bien, busca explicaciones a la realidad.

Incluso en un mundo de fantasía, superpoderes, habilidades loquísimas y misterios aún por descubrir, la física de los barcos se sigue cumpliendo. La ciencia náutica ha avanzado a pasos agigantados desde la época de navíos de madera y vela al viento a un mundo regido por mascarones metálicos mucho más resistentes y que, espero, cada vez que subo a un barco sigan soportando, porque no querría acabar saludando al Going Merry en el fondo del oceano y que todo hiciera aguas.

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