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Un grupo de arqueólogos dice haber hallado el lugar donde Jesús hizo su famoso milagro de devolver la vista a un ciego

La figura de Jesucristo es, probablemente, la de mayor importancia en la historia de la humanidad. Su vida y sus hechos son narrados sobre todo en la Biblia, y de entre ellos, destacan los milagros que desempeñó durante sus tres años de vida pública.

Uno de los más conocidos es narrado por San Juan en el capítulo 9 de su Evangelio. En él, Jesucristo devuelve la vista a un ciego. Según el relato de Juan, Jesús untó los ojos de un ciego con barro formado con su propia saliva, y luego le dijo que se lavara «en la Piscina de Siloé». Tras hacerlo, el invidente veía.

Ese lugar, la Piscina de Siloé, está identificado. Arqueólogos israelíes han descubierto en el corazón de la antigua ciudad de Jerusalén una presa monumental que marca la antigua ubicación de la piscina, en realidad una especie de embalse que daba servicio a la gran urbe judía.

El director de excavación, Itamar Berko, de la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA), dice en declaraciones recogidas por el Daily Mail que el descubrimiento proporciona un vínculo «tangible» con el lugar descrito en las Escrituras.

«Si hasta hoy sólo podíamos leer en el texto bíblico sobre la existencia de la Piscina de Siloé, ahora podemos ver sus restos tangibles y su inicio hace 2.800 años», prosigue Berko.

«Detrás de nosotros hay un muro de represa monumental, de enorme tamaño, de más de 11 metros de altura, que data de hace 2.800 años, durante el Período del Primer Templo, en la época de los reyes Joás y Amasías», indica el arqueólogo israelí.

«Gracias a una datación científica de gran precisión, esta es la primera vez que es posible señalar con certeza una estructura que formó la base para la construcción de la Piscina de Siloé, que hasta ahora solo conocíamos por la Biblia y fuentes históricas», dice Berko.

Otro de los autores del estudio, Nahshon Szanton, dice: «Es el punto más bajo de la antigua Jerusalén. Toda el agua, toda la escorrentía de la lluvia que cae fluye esencialmente aquí a esta gran cuenca de drenaje central de la ciudad. Si no fuera por este muro de contención, el agua que fluye por este canal simplemente fluiría hacia el valle de Cedrón, directo al Mar Muerto».

 Arqueólogos israelíes identifican la llamada Piscina de Siloé, citada en el Evangelio de San Juan, y que daba servicio a la ciudad de Jerusalén.  

La figura de Jesucristo es, probablemente, la de mayor importancia en la historia de la humanidad. Su vida y sus hechos son narrados sobre todo en la Biblia, y de entre ellos, destacan los milagros que desempeñó durante sus tres años de vida pública.

Uno de los más conocidos es narrado por San Juan en el capítulo 9 de su Evangelio. En él, Jesucristo devuelve la vista a un ciego. Según el relato de Juan, Jesús untó los ojos de un ciego con barro formado con su propia saliva, y luego le dijo que se lavara «en la Piscina de Siloé». Tras hacerlo, el invidente veía.

Ese lugar, la Piscina de Siloé, está identificado. Arqueólogos israelíes han descubierto en el corazón de la antigua ciudad de Jerusalén una presa monumental que marca la antigua ubicación de la piscina, en realidad una especie de embalse que daba servicio a la gran urbe judía.

El director de excavación, Itamar Berko, de la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA), dice en declaraciones recogidas por el Daily Mail que el descubrimiento proporciona un vínculo «tangible» con el lugar descrito en las Escrituras.

«Si hasta hoy sólo podíamos leer en el texto bíblico sobre la existencia de la Piscina de Siloé, ahora podemos ver sus restos tangibles y su inicio hace 2.800 años», prosigue Berko.

«Detrás de nosotros hay un muro de represa monumental, de enorme tamaño, de más de 11 metros de altura, que data de hace 2.800 años, durante el Período del Primer Templo, en la época de los reyes Joás y Amasías», indica el arqueólogo israelí.

«Gracias a una datación científica de gran precisión, esta es la primera vez que es posible señalar con certeza una estructura que formó la base para la construcción de la Piscina de Siloé, que hasta ahora solo conocíamos por la Biblia y fuentes históricas», dice Berko.

Otro de los autores del estudio, Nahshon Szanton, dice: «Es el punto más bajo de la antigua Jerusalén. Toda el agua, toda la escorrentía de la lluvia que cae fluye esencialmente aquí a esta gran cuenca de drenaje central de la ciudad. Si no fuera por este muro de contención, el agua que fluye por este canal simplemente fluiría hacia el valle de Cedrón, directo al Mar Muerto».

 20MINUTOS.ES – Ciencia