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7 de noviembre de 2026

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‘Sherpas’ de la vanguardia digital

El pasado jueves 29 de octubre, Retina celebró en el Palacio de las Alhajas (Madrid) su décimo aniversario. El verbo carecía de presencia con el accidente de Urda (Toledo) en la memoria. Fue un recuerdo, en esta era de vanguardia digital, de la fragilidad del ser humano. Por unos instantes, el logo de la publicación, que creaba el fondo de escenario donde charlaban los ponentes, fundió a negro y la música quedó silenciada durante todo el acto. Un homenaje sencillo. Después, regresó la luz. Diez años observando el futuro y ayudando a entenderlo era el lema de unas jornadas sobre tecnología, sanidad, defensa, innovación, ciencia básica, geopolítica y cultura. Una década que miraba hacia atrás —Facebook, Twitter, el bum de las redes sociales, el omnipresente móvil, la salida del Reino Unido de la UE o la primera entrada de Donald Trump en la Casa Blanca— pero sobre todo hacia delante. A las tecnologías de vanguardia: inteligencia artificial (IA), ChatGPT, computación cuántica. Pero también con un alegato en favor de la ciencia básica —fue la que halló solución a la pandemia de covid— y su inmenso valor social. Temas apasionantes frente a una memoria triste. La jornada fue organizada por Retina, con Santander como impulsor y Abbott, DigitalES, Google e Indra como patrocinadores. Y pocos olvidaron aquella frase del filósofo Marshall McLuhan: “Estamos en un coche yendo hacia el futuro utilizando solo nuestro espejo retrovisor”. El pensador explica la tendencia del ser humano de interpretar los cambios y las nuevas tecnologías basándose en modelos del pasado.

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Bárbaros a las puertas de Europa

Daniel de Lorenzo, director comercial de Defensa España de Indra Group.

Una de las expresiones francesas más conocidas es Le Loup et l’Agneau (el lobo y el cordero). De esta forma se puede calificar, al menos en parte, la política de Defensa española en el flanco sur. El famoso artículo 5 de la OTAN —un ataque a un miembro será respondido por el conjunto de la organización— deja paso al tercero, que asume, observa Daniel de Lorenzo, director comercial de Defensa España de Indra Group, que todo el mundo debe hacerse cargo de su propia defensa. Esta actividad se ha convertido ya en un motor económico de innovación, atracción de talento y está “generando muchísimo movimiento”. A nadie, claro, le gustan las guerras. Pero avances como el GPS, internet o el ABS vienen de ese mundo de la defensa. En retorno, las tecnologías civiles que se aplican en el teatro de operaciones suponen un “cambio brutal”. La orografía del diálogo lleva hasta Ucrania. Son capaces de variar su sistema de defensa en dos semanas frente al gigante ruso. Los bárbaros a las puertas de Europa. “Y la ética es muy importante para nosotros”, admite el responsable de Indra. “A Rusia le da igual, ataca por saturación. Lanza 100 misiles. Nosotros estamos en Europa y si queremos que un misil entre por la ventana tiene que entrar” para evitar daños civiles. “Existe una dicotomía: estamos combatiendo con un adversario cuyos principios morales y éticos no son los mismos”, reconoce.

De Lorenzo es partidario de los campeones nacionales. Y distingue entre dos términos con rima: soberanía y autonomía. Esta segunda es su apuesta. “O gastamos dinero comprando a Estados Unidos, con la dependencia que genera, o empleamos esos fondos en desarrollos locales”, cuestiona. La respuesta resulta fácil. No se trata de gastar más, sino el destino del gasto. Tampoco quiere decir que se renuncie a la soberanía, pero es ir más allá. El relato lleva a la tecnología, la capacidad industrial y saber que la defensa tiene uno de los índices de retorno económico más altos. “España y Europa se han despertado con la anexión rusa de Crimea y luego con Ucrania, es algo que me gusta decir”, zanja De Lorenzo. Queda mucho trabajo por hacer.

Música ajena a los algoritmos

El dúo musical Pacífica, formado por Inés Adam y Martina Nintzel (derecha).

Si los números son la poesía de las matemáticas, las palabras son las corcheas de la música. “Dice que no se arrepiente / Y somos para siempre / Que soy diferente / Dice que no es suficiente / Nada es para siempre / Ya no puedo más/”. Es parte de la letra de ¡Soltame!, una variación en español de Just for fune, de Beyoncé, demostrando talento a través de los idiomas. Pertenece a Pacífica, dúo argentino de rock-pop formado por Inés Adam (27 años, guitarrista y cantante) y Martina Nintzel (22 años, bajista y también cantante) que dispersa una gran potencia creativa. Es su segundo álbum, In your face! (¡En tu cara!). Han pasado de ser una banda de covers (versiones) a emprender una gira mundial por más de 16 países en solo cuatro años. Ambas son fanáticas de la formación estadounidense Stroke. Y aquella famosa canción de 2006 You only live once (Solo se vive una vez). “Por dentro, quizá, se sienta triste y equivocado, oh no!”. En Nueva York las descubrió el sello Tag Music. Firmaron. Letras directas y frescas en inglés. Las visitas en YouTube de temas como Anita superan las 750.000. “Solo quiero oírte decirlo (necesito a Anita)”. Aportan aire en una habitación cerrada. Hace una década, Leonard Cohen publicaba su esencial You want it darker, (Lo quieres más oscuro) y el australiano Nick Cave & The Bad Seeds presentaba Skeleton tree (El esqueleto del árbol). La música, está bien estudiado, posee un efecto de catarsis durante los días oscuros.

Estamos con Pacífica. Contactaron a través de YouTube y entre ellas hablan en inglés. Ahora están afincadas en España, atril geográfico desde donde exportar su música. Están haciendo, quizá sin pensarlo, un homenaje al sonido de sus padres escuchando a sus abuelos. “Nos conocimos en internet y era una forma de conectar con gente distinta y buscar tu espacio”, sintetiza Inés Adam. Su sonido es analógico en un mundo de redes sociales y de las jerarquías que imponen plataformas como Spotify. “Con la tecnología actual podemos llevar los instrumentos en una sencilla tarjeta y evitar amplificadores u otros elementos y aún así seguimos sonando muy analógicas”, defiende Adam. Están agradecidas a las redes, si no, desde Argentina, sin apoyo, habría sido muy difícil que sus letras tuvieran el eco que disfrutan. Falta una voz en esta canción. Martina Nintzel. “El directo para nosotras cada vez es más importante y la IA la miramos poco. Hay canciones creadas con esta tecnología que tienen millones de visitas, pero nuestro sonido procede de dentro; no de una máquina”, remata.

 En el marco del décimo aniversario de Retina, expertos analizan un periodo vertiginoso de evolución tecnológica. Entre el poder de las ‘big techs’, la pugna geopolítica entre EE UU y China, la búsqueda de soberanía estratégica en Europa y el despegue de la computación cuántica, el debate se centra en dirigir la capacidad transformadora de la inteligencia artificial hacia un progreso ético y regulado  

El pasado jueves 29 de octubre, Retina celebró en el Palacio de las Alhajas (Madrid) su décimo aniversario. El verbo carecía de presencia con el accidente de Urda (Toledo) en la memoria. Fue un recuerdo, en esta era de vanguardia digital, de la fragilidad del ser humano. Por unos instantes, el logo de la publicación, que creaba el fondo de escenario donde charlaban los ponentes, fundió a negro y la música quedó silenciada durante todo el acto. Un homenaje sencillo. Después, regresó la luz. Diez años observando el futuro y ayudando a entenderlo era el lema de unas jornadas sobre tecnología, sanidad, defensa, innovación, ciencia básica, geopolítica y cultura. Una década que miraba hacia atrás —Facebook, Twitter, el bum de las redes sociales, el omnipresente móvil, la salida del Reino Unido de la UE o la primera entrada de Donald Trump en la Casa Blanca— pero sobre todo hacia delante. A las tecnologías de vanguardia: inteligencia artificial (IA), ChatGPT, computación cuántica. Pero también con un alegato en favor de la ciencia básica —fue la que halló solución a la pandemia de covid— y su inmenso valor social. Temas apasionantes frente a una memoria triste. La jornada fue organizada por Retina, con Santander como impulsor y Abbott, DigitalES, Google e Indra como patrocinadores. Y pocos olvidaron aquella frase del filósofo Marshall McLuhan: “Estamos en un coche yendo hacia el futuro utilizando solo nuestro espejo retrovisor”. El pensador explica la tendencia del ser humano de interpretar los cambios y las nuevas tecnologías basándose en modelos del pasado.

El mundo parece vivir entre dos títulos de novela: El llano en llamas (Juan Rulfo, 1953) y La vorágine (José Eustasio Rivera, 1924). El México seco, pétreo y sus áridas gentes, frente a la búsqueda de la redención en la selva de una pareja de amantes del escritor colombiano. Está contado —desde los días de García Márquez, 1985— que el olor de las almendras amargas recuerda al destino de los amores contrariados. Entre enamorados y una esperable redención del ser humano ha llovido una década. La pandemia de 2020; la invasión rusa de territorio ucraniano (2022); la destrucción de Gaza por Israel (2023); el ataque estadounidense a Irán y el estrecho de Ormuz (2026) o, en economía, la inmensa deuda americana (40 billones de dólares) han convertido en imposible transformar los titulares en poemas. De todas formas, seguimos hablando casi de lo mismo que hace diez años.

Ismael Faro, vigués, uno de los españoles que mejor conoce la IA y la cuántica, ha sido vicepresidente mundial de estas disciplinas en IBM y ahora preside la Asociación para la Aceleración de la Inteligencia Artificial (Anfaia). No se mostró partidario de frenar su “desarrollo”, pero sí de establecer “protocolos de actuación”. En el ámbito tecnológico “hay partes de la IA que aún no entendemos, y en el lado empresarial existe un juego geopolítico muy fuerte”, valoró, a pesar de ese discurso apocalíptico de que apenas queda una década antes de que la IA acabe con la humanidad. Una falacia. Las grandes tecnológicas son eternas enemigas entre ellas, pero salieron juntas y felices de la Casa Blanca tras llegar a un acuerdo con Trump sobre su “autorregulación”. Fue un mensaje a China. Juegan con dos barajas. Somos tan importantes que si necesitamos dinero siempre estará el Despacho Oval, algo impensable desde la mentalidad republicana. “Pero hay que interiorizar que Trump no es un político sino un empresario que entendió que la información es poder”, observó Faro. Tampoco habrá una burbuja. La tecnología solo ha dado dos: la de los videojuegos en los años ochenta del siglo pasado y la de las famosas .com. El presidente de Estados Unidos ha entendido que esa foto y la firma de la orden ejecutiva eran un éxito de marketing.

Open IA se llama así porque era abierto y después lo cerraron pues resultaba muy “peligroso”. ¿Les suena? Pero ahora, sintetizó Ismael Faro, millones de personas tienen acceso a sistemas más potentes que aquel, que era muy terrible, aunque ya no lo es. Entonces Nvidia, el mayor fabricante de chips para entrenar modelos de IA, lanza sus versiones open source, lo que pasa es que están selladas en EE UU. En toda esta tirantez geopolítica y científica España tiene oportunidad en la cuántica, aseveró el presidente de Anfaia, que es la siguiente tecnología de vanguardia.

Una vez enviado al olvido el apocalipsis, la realidad de las finanzas. La próxima salida de Anthropic viene acompañada de la “promesa” de facturar dos billones de dólares en cinco años. Las decenas de páginas escritas sobre su estreno en el parqué incluyen los riesgos y graves problemas que puede generar en los seres humanos. “¿Se imagina alguien un medicamento que salga a Bolsa y diga que puede causar malformaciones o muertes de colectivos importantes?”, reflexionó Senén Barro, catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y presidente del laboratorio de ideas de IA en la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA). “El gran problema de la IA es quizá que esté liderada por personas que no son tan inteligentes”. Respecto al adjetivo antropomórfico referido a una sucesión de algoritmos o matemáticas complejas, “su fin es apuntalar más el miedo”, avisó Ramon López de Mántaras, profesor de Investigación del Instituto de Investigación de Inteligencia Artificial del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Decir que tienen capacidad de rebelarse es como hacerlo del álgebra lineal solo porque detrás hay operaciones muy complejas, sobre todo matrices.

Batallas que hay que ganar

La IA tiene una capacidad transformadora. Por eso, la soberanía tecnológica debe asentarse en principios éticos, regulatorios y sociales. Y ahí están China y EE UU corriendo por una inteligencia general análoga al ser humano. Trump llama a la IA superinteligencia artificial, aunque el gigante asiático ya es el primero en publicaciones, patentes y modelos de vanguardia. Pese a todo, “no vamos a dar ninguna batalla por perdida, es algo de lo que estoy en contra por principio: Europa tiene maravillosas universidades, gente con talento y cultura”, reivindicó Barro.

Aquí entra el CSIC. Es el mayor organismo de esta materia en España. Unas 18.000 personas que representan el 1,5% del PIB. Han tirado de estas cifras los fondos europeos. Estamos lejos del 2,4% europeo o del 3,5% estadounidense, pero vamos en camino. Su trabajo es la ciencia fundamental. “Si no sabemos cómo funciona un virus es imposible desarrollar una vacuna”, indicó Eloísa del Pino, presidenta de la institución. “Estoy muy orgullosa de hacer ese tipo de ciencia”, declaró. Europa se ha dado cuenta de que “ha perdido la soberanía estratégica en muchos ámbitos”.

En esa mirada a través del retrovisor aparece Google. El buscador que anda en su particular competencia con los grandes de la IA. Aquí la escritura pertenece a Miguel Escassi, director de Relaciones Institucionales y Políticas Públicas de Google España y Portugal. En las páginas de Cinco Días ya reclamó un pacto de Estado digital pese a que suena complicado a las puertas de un nuevo ciclo electoral, y se mostró aún preocupado por la incorporación de la IA a las pymes. Bien es sabido que representan al 99% del tejido productivo español. Tecnología. AlphaFold es un sistema de inteligencia artificial desarrollado por Google DeepMind e Isomorphic Labs que predice la estructura tridimensional de las proteínas con precisión a nivel atómico en cuestión de minutos, y que ya usan, acorde con la compañía, cuatro millones de científicos en más de 190 países. Otra cuestión es el consumo de agua y energía de los centros de datos, que la Unión Europea no piensa hacer públicos hasta el próximo año.

El ecosistema tecnológico es complejo. Los proyectos público-privados son el eterno retorno de infinidad de actores en este sector. El director general de la Asociación Española para la Digitalización (DigitalEs), Miguel Sánchez Galindo, orientó el telescopio hacia una constelación interesante: “Lo primero que queremos hacer es una agenda digital consensuada con el sector. Hemos visto que no podemos ser líderes en todas las tecnologías, por lo tanto hay que desarrollar una agenda digital que incluya al sector, la academia y seleccione qué tecnologías podemos elegir”. Planteó cuatro retos: infraestructuras digitales y conectividad; adopción de estas tecnologías (pasar del 21% al 65%); digitalizar la Administración y el talento. Ahora estamos en el 4,8% de la población ocupada, cuando el objetivo para 2030 debería ser alcanzar el 10%. “Esto supone tener un millón de personas más en el sector”, cuantificó.

El futuro coincide a veces con el presente y el pasado. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, advirtió durante la pasada cumbre de Davos que ante la “ruptura” del sistema global provocada por el unilateralismo de Estados Unidos, estamos regresando a una era de rivalidad entre grandes potencias donde, citando al historiador griego Tucídides (460-395 antes de Cristo), “los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben”. Cae una persistente lluvia geopolítica. “El orden económico global de la posguerra está al borde del colapso”, escribió en abril el profesor de la London School of Economics (LSE) Francisco H.G. Ferreira. Es cierto que el ámbito político se fractura respecto al sistema establecido en 1945. Y no está claro qué vendrá ahora. EE UU ha roto todas las normas económicas globales. Quizá sea el más perjudicado. Desde luego, este tiempo es mucho mejor de lo que fue gran parte del periodo posterior a 1945. A veces, la historia se olvida. Tal vez no esté todo tan mal para un planeta procedente del gas y del polvo del espacio que se formó hace 4.540 millones de años.

Bárbaros a las puertas de Europa

Una de las expresiones francesas más conocidas es Le Loup et l’Agneau (el lobo y el cordero). De esta forma se puede calificar, al menos en parte, la política de Defensa española en el flanco sur. El famoso artículo 5 de la OTAN —un ataque a un miembro será respondido por el conjunto de la organización— deja paso al tercero, que asume, observa Daniel de Lorenzo, director comercial de Defensa España de Indra Group, que todo el mundo debe hacerse cargo de su propia defensa. Esta actividad se ha convertido ya en un motor económico de innovación, atracción de talento y está “generando muchísimo movimiento”. A nadie, claro, le gustan las guerras. Pero avances como el GPS, internet o el ABS vienen de ese mundo de la defensa. En retorno, las tecnologías civiles que se aplican en el teatro de operaciones suponen un “cambio brutal”. La orografía del diálogo lleva hasta Ucrania. Son capaces de variar su sistema de defensa en dos semanas frente al gigante ruso. Los bárbaros a las puertas de Europa. “Y la ética es muy importante para nosotros”, admite el responsable de Indra. “A Rusia le da igual, ataca por saturación. Lanza 100 misiles. Nosotros estamos en Europa y si queremos que un misil entre por la ventana tiene que entrar” para evitar daños civiles. “Existe una dicotomía: estamos combatiendo con un adversario cuyos principios morales y éticos no son los mismos”, reconoce.

De Lorenzo es partidario de los campeones nacionales. Y distingue entre dos términos con rima: soberanía y autonomía. Esta segunda es su apuesta. “O gastamos dinero comprando a Estados Unidos, con la dependencia que genera, o empleamos esos fondos en desarrollos locales”, cuestiona. La respuesta resulta fácil. No se trata de gastar más, sino el destino del gasto. Tampoco quiere decir que se renuncie a la soberanía, pero es ir más allá. El relato lleva a la tecnología, la capacidad industrial y saber que la defensa tiene uno de los índices de retorno económico más altos. “España y Europa se han despertado con la anexión rusa de Crimea y luego con Ucrania, es algo que me gusta decir”, zanja De Lorenzo. Queda mucho trabajo por hacer.

Música ajena a los algoritmos

Si los números son la poesía de las matemáticas, las palabras son las corcheas de la música. “Dice que no se arrepiente / Y somos para siempre / Que soy diferente / Dice que no es suficiente / Nada es para siempre / Ya no puedo más/”. Es parte de la letra de ¡Soltame!, una variación en español de Just for fune, de Beyoncé, demostrando talento a través de los idiomas. Pertenece a Pacífica, dúo argentino de rock-pop formado por Inés Adam (27 años, guitarrista y cantante) y Martina Nintzel (22 años, bajista y también cantante) que dispersa una gran potencia creativa. Es su segundo álbum, In your face! (¡En tu cara!). Han pasado de ser una banda de covers (versiones) a emprender una gira mundial por más de 16 países en solo cuatro años. Ambas son fanáticas de la formación estadounidense Stroke. Y aquella famosa canción de 2006 You only live once (Solo se vive una vez). “Por dentro, quizá, se sienta triste y equivocado, oh no!”. En Nueva York las descubrió el sello Tag Music. Firmaron. Letras directas y frescas en inglés. Las visitas en YouTube de temas como Anita superan las 750.000. “Solo quiero oírte decirlo (necesito a Anita)”. Aportan aire en una habitación cerrada. Hace una década, Leonard Cohen publicaba su esencial You want it darker, (Lo quieres más oscuro) y el australiano Nick Cave & The Bad Seeds presentaba Skeleton tree (El esqueleto del árbol). La música, está bien estudiado, posee un efecto de catarsis durante los días oscuros.

Estamos con Pacífica. Contactaron a través de YouTube y entre ellas hablan en inglés. Ahora están afincadas en España, atril geográfico desde donde exportar su música. Están haciendo, quizá sin pensarlo, un homenaje al sonido de sus padres escuchando a sus abuelos. “Nos conocimos en internet y era una forma de conectar con gente distinta y buscar tu espacio”, sintetiza Inés Adam. Su sonido es analógico en un mundo de redes sociales y de las jerarquías que imponen plataformas como Spotify. “Con la tecnología actual podemos llevar los instrumentos en una sencilla tarjeta y evitar amplificadores u otros elementos y aún así seguimos sonando muy analógicas”, defiende Adam. Están agradecidas a las redes, si no, desde Argentina, sin apoyo, habría sido muy difícil que sus letras tuvieran el eco que disfrutan. Falta una voz en esta canción. Martina Nintzel. “El directo para nosotras cada vez es más importante y la IA la miramos poco. Hay canciones creadas con esta tecnología que tienen millones de visitas, pero nuestro sonido procede de dentro; no de una máquina”, remata.

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