20 de abril de 2026

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Magyar arrebata a Orbán el Gobierno de Hungría 16 años después y la izquierda no saca ni un escaño

Peter Magyar y su partido Tisza se han proclamado vencedores de las elecciones celebradas este domingo en Hungría, poniendo fin a 16 años de Viktor Orbán en el poder. El que ha sido primer ministro desde 2010 ha aceptado su derrota primero ante su rival y luego frente a sus seguidores admitiendo que «el resultado de las elecciones es claro y doloroso».

Con más del 95% escrutado, el partido de Magyar ha sumado 138 escaños (53,6%), muy por encima de los 54 (37,7%) cosechados por la formación de Orbán. El tercer y último partido capaz de lograr representación parlamentaria ha sido el ultranacionalista Nuestra Patria, con 7 diputados (5,9%), por lo que los socialistas de Coalición Democrática se quedan fuera con apenas el 1,20% de los votos, muy cerca de la formación satírica Partido del Perro de Dos Colas Húngaro (0,8%). 

Este escenario dibuja un parlamento húngaro sin representacion de la izquierda y con una amplia mayoría de Tsiza que supera los dos tercios de la cámara lo que le otroga la capacidad de cambiar la constitución. Además, el partido liderado por Magyar lo ha logrado con una participación de récord del 78,95%, muy por encima del 73,5% de la participación en las elecciones de 2002, hasta ahora la participación más alta según los datos de la Comisión Electoral de Hungría. Cifras que reflejan la masiva movilización y el hartazgo del pueblo húngaro con respecto al gobierno de Orbán.

Europa lo celebra

La victoria de Magyar abre una nueva etapa en un país que se había convertido en uno de los referentes clave de la derecha nacionalista europea. Tal era la relevancia de estas elecciones en clave internacional que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Lyen, ha publicado un post en la red social X celebrando la victoria de Magyar: «Hungría ha elegido a Europa. Europa siempre ha elegido a Hungría. Un país reclama su camino europeo. La Unión se fortalece».

Otro de los líderes que más entusiasmo ha mostrado ha sido Emmanuel Macron: «Francia saluda una victoria de la participación democrática, del apego del pueblo húngaro a los valores de la Unión Europea y por Hungría en Europa». Una celebración a la que se han sumado el canciller alemán Merz: «Hungría ha decidido. Felicitaciones por ganar las elecciones, querido Péter Magyar. Espero con ilusión la cooperación en pos de una Europa, fuerte, segura y sobre todo unida». Incluso el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha mostrado su satisfacción con el triunfo de Magyar asegurando que «hoy ganan Europa y los valores europeos». «Deseando trabajar juntos, por un futuro mejor para todos los europeos», ha pubicado en su perfil de X.

En esa misma línea se ha mostrado el primer ministro británico, Keir Starmer, calificando el triunfo como «histórico» para la democracia europea. Desde Italia, Giorgia Meloni por su parte ha felicitado a Magyar por su «claro» triunfo electoral en Hungría y ha agradecido a su amigo y hasta ahora homólogo Viktor Orbán, la «intensa colaboración» de estos años.

Un sistema electoral a medida de Orbán

Este resultado que adquiere más relevancia si se tiene en cuenta que las elecciones húngaras se celebraban en un sistema que la oposición llevaba años denunciando por su sesgo estructural a favor del partido gobernante, tanto por el diseño electoral como por la desigualdad en recursos, visibilidad y acceso al espacio mediático.

La Asamblea Nacional (Országgyűlés) tiene 199 diputados, elegidos mediante un sistema mixto, es decir, una parte se reparte por listas de partido al candidato más votado (106 escaños), y otra (93 escaños) que se reparte por circunscripciones uninominales a escala nacional mediante el método D’Hondt. Por lo que no solo importa quién suma más votos, sino también cómo se distribuyen territorialmente y cómo se transforman esos apoyos en escaños.

En la práctica, este mecanismo ha beneficiado durante años a Fidesz, tal y como denuncia la oposición, porque premia al partido con más implantación y más control del terreno político. Pero con los datos de la victoria de Magyar, que superan la mayoría de dos tercios (133 escaños) necesaria para cambiar la constitución, Tisza podría modificar la ley electoral y acabar con esta ventaja.

El fenómeno Magyar

Peter Magyar ha sido eurodiputado formando parte del Grupo del Partido Popular Europeo en la Eurocámara desde 2024, año en el que se apartó de la formación de Orbán y se puso al frente de Tisza, representa una alternativa de derecha conservadora muy crítica con la corrupción y el deterioro de los servicios públicos.

Magyar irrumpió en esta campaña como un aspirante capaz de atraer votantes conservadores descontentos, clases medias cansadas del clientelismo y sectores urbanos que ven en él una oportunidad de alternancia menos ideológica y más pragmática. No llegaba desde la izquierda tradicional ni desde el espacio liberal que había intentado sin éxito desalojar a Fidesz. Su partido, Tisza, ha logrado convertir la frustración dispersa en una candidatura capaz de disputar el poder, algo que la oposición húngara llevaba años sin conseguir.

En clave internacional, el líder de Tisza defiende el europeismo, pero no como una sumisión a la UE, sino como una forma de devolver a Hungría al núcleo occidental y recuperar la interlocución con sus socios. Pero al mismo tiempo, mantiene posiciones duras en cuestiones como la inmigración irregular, y no se alinea con la UE en temas sensibles como Ucrania. Por lo que hace de él un dirigente conservador reformista, más que un candidato rupturista o progresista.

«Nadie debe tener miedo, hoy habrá un cambio de sistema en Hungría. Millones de húngaros harán historia. No hay de quién tener miedo», advirtió el candidato conservador de 45 años después de votar este domingo, y tras señalar, en una clara alusión a Orbán, que «el Estado mafioso ya no tiene poder sobre ningún ciudadano húngaro«.

Fin de la era Orbán

Desde 2010, el hasta ahora primer ministro había consolidado un sistema de poder apoyado en el control institucional, una fuerte implantación territorial y una relación de confrontación casi permanente con Bruselas. Durante años, esa combinación le permitió resistir a una oposición fragmentada y mantener una posición central en la política húngara. Esta vez, sin embargo, el desgaste acumulado ha pesado más que la fortaleza del aparato oficialista.

Viktor Orbán, tras conceder su derrota electoral
Viktor Orbán, tras conceder su derrota electoral. Efe

Orbán llegaba a estos comicios en una situación de vulnerabilidad desconocida para él desde su regreso al poder. En las semanas previas las encuestas y los análisis políticos ya apuntaban a que afrontaba por primera vez en 16 años una posibilidad real de derrota. 

El propio primer ministro reconoció, tras depositar su voto, que en caso de una «enorme victoria» de Magyar abandonará la presidencia del Fidesz, el partido que él mismo cofundó en 1988 y que domina desde hace décadas. Aunque preguntado por la prensa si éstas serían sus últimas elecciones en caso de una derrota clara, Orbán, de 62 años, respondió: «De ninguna manera, soy un hombre joven, éstas no serán mis últimas elecciones«.

Cambio de ciclo

Debido a la importancia de Orbán para el movimiento populista ultraconservador, su caída será clave en la política internacional. El dirigente húngaro ha sido en los últimos años el socio más incómodo de la Unión Europea, con choques constantes por la independencia judicial, la situación de los medios, la sociedad civil y el uso de los fondos comunitarios.

Ha sido el primer ministro europeo que más afinidad ha tenido con Vladimir Putin y Donald Trump, y su liderazgo ha sido esencial para el resto de representantes de la ultraderecha europea, como la francesa Marine Le Pen o Santiago Abascal, entre otros.

El relevo también puede afectar a la guerra de Ucrania. Orbán ha mantenido siempre una posición respecto al resto de los países miembros de la UE, más reacia que la de la mayoría de socios a aumentar la presión sobre Moscú e inclinada a utilizar su capacidad de bloqueo como herramienta negociadora. Sin embargo, aunque la posición de Magyar no promete demasiada variación en la postura húngara frente a Ucrania, sí se abre a un distanciamiento con respecto a Rusia.

En el plano interno, el resultado deja dos certezas. La primera es que el ciclo político iniciado por Orbán en 2010 ha terminado. La segunda es que el líder de Tisza hereda un país profundamente condicionado por 16 años de concentración de poder, polarización y debilitamiento de los contrapoderes institucionales.

 Una participación de récord otorga al partido opositor una mayoría de más de dos tercios capaz de cambiar la Constitución  

Peter Magyar y su partido Tisza se han proclamado vencedores de las elecciones celebradas este domingo en Hungría, poniendo fin a 16 años de Viktor Orbán en el poder. El que ha sido primer ministro desde 2010 ha aceptado su derrota primero ante su rival y luego frente a sus seguidores admitiendo que «el resultado de las elecciones es claro y doloroso».

Con más del 95% escrutado, el partido de Magyar ha sumado 138 escaños (53,6%), muy por encima de los 54 (37,7%) cosechados por la formación de Orbán. El tercer y último partido capaz de lograr representación parlamentaria ha sido el ultranacionalista Nuestra Patria, con 7 diputados (5,9%), por lo que los socialistas de Coalición Democrática se quedan fuera con apenas el 1,20% de los votos, muy cerca de la formación satírica Partido del Perro de Dos Colas Húngaro (0,8%). 

Este escenario dibuja un parlamento húngaro sin representacion de la izquierda y con una amplia mayoría de Tsiza que supera los dos tercios de la cámara lo que le otroga la capacidad de cambiar la constitución. Además, el partido liderado por Magyar lo ha logrado con una participación de récord del 78,95%, muy por encima del 73,5% de la participación en las elecciones de 2002, hasta ahora la participación más alta según los datos de la Comisión Electoral de Hungría. Cifras que reflejan la masiva movilización y el hartazgo del pueblo húngaro con respecto al gobierno de Orbán.

Europa lo celebra

La victoria de Magyar abre una nueva etapa en un país que se había convertido en uno de los referentes clave de la derecha nacionalista europea. Tal era la relevancia de estas elecciones en clave internacional que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Lyen, ha publicado un post en la red social X celebrando la victoria de Magyar: «Hungría ha elegido a Europa. Europa siempre ha elegido a Hungría. Un país reclama su camino europeo. La Unión se fortalece».

Otro de los líderes que más entusiasmo ha mostrado ha sido Emmanuel Macron: «Francia saluda una victoria de la participación democrática, del apego del pueblo húngaro a los valores de la Unión Europea y por Hungría en Europa». Una celebración a la que se han sumado el canciller alemán Merz: «Hungría ha decidido. Felicitaciones por ganar las elecciones, querido Péter Magyar. Espero con ilusión la cooperación en pos de una Europa, fuerte, segura y sobre todo unida». Incluso el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha mostrado su satisfacción con el triunfo de Magyar asegurando que «hoy ganan Europa y los valores europeos». «Deseando trabajar juntos, por un futuro mejor para todos los europeos», ha pubicado en su perfil de X.

En esa misma línea se ha mostrado el primer ministro británico, Keir Starmer, calificando el triunfo como «histórico» para la democracia europea. Desde Italia, Giorgia Meloni por su parte ha felicitado a Magyar por su «claro» triunfo electoral en Hungría y ha agradecido a su amigo y hasta ahora homólogo Viktor Orbán, la «intensa colaboración» de estos años.

Un sistema electoral a medida de Orbán

Este resultado que adquiere más relevancia si se tiene en cuenta que las elecciones húngaras se celebraban en un sistema que la oposición llevaba años denunciando por su sesgo estructural a favor del partido gobernante, tanto por el diseño electoral como por la desigualdad en recursos, visibilidad y acceso al espacio mediático.

La Asamblea Nacional (Országgyűlés) tiene 199 diputados, elegidos mediante un sistema mixto, es decir, una parte se reparte por listas de partido al candidato más votado (106 escaños), y otra (93 escaños) que se reparte por circunscripciones uninominales a escala nacional mediante el método D’Hondt. Por lo que no solo importa quién suma más votos, sino también cómo se distribuyen territorialmente y cómo se transforman esos apoyos en escaños.

En la práctica, este mecanismo ha beneficiado durante años a Fidesz, tal y como denuncia la oposición, porque premia al partido con más implantación y más control del terreno político. Pero con los datos de la victoria de Magyar, que superan la mayoría de dos tercios (133 escaños) necesaria para cambiar la constitución, Tisza podría modificar la ley electoral y acabar con esta ventaja.

El fenómeno Magyar

Peter Magyar ha sido eurodiputado formando parte del Grupo del Partido Popular Europeo en la Eurocámara desde 2024, año en el que se apartó de la formación de Orbán y se puso al frente de Tisza, representa una alternativa de derecha conservadora muy crítica con la corrupción y el deterioro de los servicios públicos.

Magyar irrumpió en esta campaña como un aspirante capaz de atraer votantes conservadores descontentos, clases medias cansadas del clientelismo y sectores urbanos que ven en él una oportunidad de alternancia menos ideológica y más pragmática. No llegaba desde la izquierda tradicional ni desde el espacio liberal que había intentado sin éxito desalojar a Fidesz. Su partido, Tisza, ha logrado convertir la frustración dispersa en una candidatura capaz de disputar el poder, algo que la oposición húngara llevaba años sin conseguir.

En clave internacional, el líder de Tisza defiende el europeismo, pero no como una sumisión a la UE, sino como una forma de devolver a Hungría al núcleo occidental y recuperar la interlocución con sus socios. Pero al mismo tiempo, mantiene posiciones duras en cuestiones como la inmigración irregular, y no se alinea con la UE en temas sensibles como Ucrania. Por lo que hace de él un dirigente conservador reformista, más que un candidato rupturista o progresista.

«Nadie debe tener miedo, hoy habrá un cambio de sistema en Hungría. Millones de húngaros harán historia. No hay de quién tener miedo», advirtió el candidato conservador de 45 años después de votar este domingo, y tras señalar, en una clara alusión a Orbán, que «el Estado mafioso ya no tiene poder sobre ningún ciudadano húngaro«.

Fin de la era Orbán

Desde 2010, el hasta ahora primer ministro había consolidado un sistema de poder apoyado en el control institucional, una fuerte implantación territorial y una relación de confrontación casi permanente con Bruselas. Durante años, esa combinación le permitió resistir a una oposición fragmentada y mantener una posición central en la política húngara. Esta vez, sin embargo, el desgaste acumulado ha pesado más que la fortaleza del aparato oficialista.

Viktor Orbán, tras conceder su derrota electoral
Viktor Orbán, tras conceder su derrota electoral. Efe

Orbán llegaba a estos comicios en una situación de vulnerabilidad desconocida para él desde su regreso al poder. En las semanas previas las encuestas y los análisis políticos ya apuntaban a que afrontaba por primera vez en 16 años una posibilidad real de derrota. 

El propio primer ministro reconoció, tras depositar su voto, que en caso de una «enorme victoria» de Magyar abandonará la presidencia del Fidesz, el partido que él mismo cofundó en 1988 y que domina desde hace décadas. Aunque preguntado por la prensa si éstas serían sus últimas elecciones en caso de una derrota clara, Orbán, de 62 años, respondió: «De ninguna manera, soy un hombre joven, éstas no serán mis últimas elecciones«.

Cambio de ciclo

Debido a la importancia de Orbán para el movimiento populista ultraconservador, su caída será clave en la política internacional. El dirigente húngaro ha sido en los últimos años el socio más incómodo de la Unión Europea, con choques constantes por la independencia judicial, la situación de los medios, la sociedad civil y el uso de los fondos comunitarios.

Ha sido el primer ministro europeo que más afinidad ha tenido con Vladimir Putin y Donald Trump, y su liderazgo ha sido esencial para el resto de representantes de la ultraderecha europea, como la francesa Marine Le Pen o Santiago Abascal, entre otros.

El relevo también puede afectar a la guerra de Ucrania. Orbán ha mantenido siempre una posición respecto al resto de los países miembros de la UE, más reacia que la de la mayoría de socios a aumentar la presión sobre Moscú e inclinada a utilizar su capacidad de bloqueo como herramienta negociadora. Sin embargo, aunque la posición de Magyar no promete demasiada variación en la postura húngara frente a Ucrania, sí se abre a un distanciamiento con respecto a Rusia.

En el plano interno, el resultado deja dos certezas. La primera es que el ciclo político iniciado por Orbán en 2010 ha terminado. La segunda es que el líder de Tisza hereda un país profundamente condicionado por 16 años de concentración de poder, polarización y debilitamiento de los contrapoderes institucionales.

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