En Rebelde sin causa (1955), los personajes de James Dean y Corey Allen lanzan sus coches a toda velocidad hacia un acantilado, en una representación clásica del ‘juego del gallina’: quien antes salte del coche, pierde; quien gana se arriesga a despeñarse. El presidente de EEUU, Donald Trump, está acostumbrado a jugar a ello aprovechando la superioridad militar y económica de su país. Y, aunque Irán no ha dado señales de saltar del coche, el inquilino de la Casa Blanca ha decidido reiniciar la partida.
El magnate republicano anunciaba este domingo su decisión de bloquear el estrecho de Ormuz, yendo un paso más allá del bloqueo al que ya le sometía Irán. El objetivo estratégico es que Irán no pueda cobrar «peajes ilegales» -en sus propias palabras- a los barcos en tránsito ni usar el acceso al paso marítimo como una ventaja geoestratégica para que el resto del mundo dé la espalda a EEUU, como estaba logrando mediante alianzas bilaterales del régimen de los ayatolás con otros Estados.
«Esto es extorsión mundial«, clamaba Trump en Truth Social, anunciando que seguirán atacando el país hasta que se presten a liberar el paso por Ormuz y renuncien a su programa nuclear. «Nuestras fuerzas terminarán con Irán», amenazaba.
Sin embargo, el jefe negociador iraní, Mohamed Baqer Qalibaf, tenía claro que las nuevas bravatas del líder estadounidense no conseguirán su efecto. «No cederemos ante ninguna amenaza»; que pongan a prueba nuestra voluntad una vez más para que podamos darles una lección aún mayor», indicó a medios estatales.
Nikki Haley, quien fuese representante de EEUU ante la ONU durante el primer mandato de Trump, lo resumía desde su particular punto de vista en declaraciones a la CNN: «Esto es como el juego del gallina. Se trata de quién cede primero. El régimen iraní espera que Trump ceda. Hoy ha demostrado que no«, ha afirmado.
Sin embargo, la teoría de juegos ha estudiado ampliamente este tipo de negociación, poniendo de manifiesto las grandes pérdidas que afrontan los dos contendientes si ninguno da su brazo a torcer. Trump está acostumbrado a negociar desde una posición de fuerza absoluta, mientras Irán es consciente de que, cada día que pasa, el líder estadounidense recibe más críticas de la comunidad internacional, de su ciudadanía y de su propio partido.
El vicepresidente JD Vance, junto con la delegación de EEUU, pasó más de 20 horas negociando una paz con los representantes iraníes el sábado en Pakistán. Y, aunque ambas partes se acusan mutuamente de ser inflexibles en sus pretensiones, lo cierto es que el mero hecho de sentarse a la mesa indica que las sucesivas declaraciones de Trump de las últimas semanas sobre cómo ha destruido toda la capacidad militar iraní, su liderazgo o su programa nuclear no son ciertas.
Por otra parte, en su anuncio amenazante del domingo, Trump volvió a mencionar a unos indeterminados aliados que colaborarían en la operación. «Otros países participarán en este bloqueo», afirmó, para decir más tarde a Fox News que «el Reino Unido y un par de países más están enviando dragaminas». Un portavoz del Gobierno británico se apresuró a indicar que colaborar en operaciones de desminado -en el marco de la coalición al margen de EEUU para liberar el paso en Ormuz- no equivale a sumarse al bloqueo del estrecho.
El bloqueo y sus consecuencias
El manual de la Armada de los Estados Unidos de 2022 sobre derecho de operaciones navales define un bloqueo como una «operación bélica para impedir que buques y/o aeronaves de todos los Estados, enemigos y neutrales, entren o salgan de puertos, aeródromos o zonas costeras específicas que pertenezcan a, estén ocupadas por, o se encuentren bajo el control de un Estado enemigo«.
De hacerse efectivo, EEUU reduciría a cero una fuente de ingresos de Irán -la de los peajes que ha empezado a cobrar hace unos días- que podría ser importante si la situación sigue enquistada, además de arrebatar una baza de negociación diplomática con otros Estados como ha venido haciendo el régimen de los ayatolás con China, Rusia, India o Pakistán.
Por una parte, al cerrar la puerta al paso de petroleros por la ruta por la que antes de la guerra transitaba el 20% del crudo mundial, los precios del ‘oro negro’ podrían experimentar otro fuerte repunte. Sin embargo, algunos analistas, como Robin Brooks, de la Brookings Institution, señalan que el bloqueo de Trump podría verse como una medida que aceleraría el fin del conflicto, entre otras cosas porque incentivaría a que China presionase a Irán para ceder, ya que el gigante asiático compra la mayoría del crudo iraní.
De hecho, el petróleo de Irán es el único que ha circulado con libertad por el estrecho de Ormuz desde el inicio del conflicto. Se calcula que el país exportó 1,85 millones de barriles diarios en marzo, más de lo que hacía antes del conflicto, según la empresa de análisis Kpler. Esto ha supuesto una fuente de financiación constante y ha impedido que el precio de la materia prima se disparase aún más.
China, por su parte, sí apuntó en las últimas semanas que debe garantizarse el libre paso por el estrecho, pero sus gestos no han ido hacia una conciliación. Informaciones de medios especializados han avisado de que el país liderado por Xi Jinping y en el que se encuentra de viaje Pedro Sánchez podría estar preparándose para enviar sistemas avanzados de misiles y defensa aérea a Irán. «Si China lo hace, tendrá grandes problemas», advirtió Trump el sábado ante la prensa.
El ‘juego del gallina’ al que vuelve a jugar Trump es, por tanto, bastante más complejo que un enfrentamiento entre dos. Pero cabe recordar cómo acaba el juego en la película: el personaje de Corey Allen se acobarda y quiere salir del coche, pero, cuando quiere hacerlo, se chaqueta se engancha en la puerta y el vehículo se despeña por el acantilado.
La reacción de China al dejar de recibir petróleo puede ser decisiva para el fin del conflicto
En Rebelde sin causa (1955), los personajes de James Dean y Corey Allen lanzan sus coches a toda velocidad hacia un acantilado, en una representación clásica del ‘juego del gallina’: quien antes salte del coche, pierde; quien gana se arriesga a despeñarse. El presidente de EEUU, Donald Trump, está acostumbrado a jugar a ello aprovechando la superioridad militar y económica de su país. Y, aunque Irán no ha dado señales de saltar del coche, el inquilino de la Casa Blanca ha decidido reiniciar la partida.
El magnate republicano anunciaba este domingo su decisión de bloquear el estrecho de Ormuz, yendo un paso más allá del bloqueo al que ya le sometía Irán. El objetivo estratégico es que Irán no pueda cobrar «peajes ilegales» -en sus propias palabras- a los barcos en tránsito ni usar el acceso al paso marítimo como una ventaja geoestratégica para que el resto del mundo dé la espalda a EEUU, como estaba logrando mediante alianzas bilaterales del régimen de los ayatolás con otros Estados.
«Esto es extorsión mundial«, clamaba Trump en Truth Social, anunciando que seguirán atacando el país hasta que se presten a liberar el paso por Ormuz y renuncien a su programa nuclear. «Nuestras fuerzas terminarán con Irán», amenazaba.
Sin embargo, el jefe negociador iraní, Mohamed Baqer Qalibaf, tenía claro que las nuevas bravatas del líder estadounidense no conseguirán su efecto. «No cederemos ante ninguna amenaza»; que pongan a prueba nuestra voluntad una vez más para que podamos darles una lección aún mayor», indicó a medios estatales.
Nikki Haley, quien fuese representante de EEUU ante la ONU durante el primer mandato de Trump, lo resumía desde su particular punto de vista en declaraciones a la CNN: «Esto es como el juego del gallina. Se trata de quién cede primero. El régimen iraní espera que Trump ceda. Hoy ha demostrado que no«, ha afirmado.
Sin embargo, la teoría de juegos ha estudiado ampliamente este tipo de negociación, poniendo de manifiesto las grandes pérdidas que afrontan los dos contendientes si ninguno da su brazo a torcer. Trump está acostumbrado a negociar desde una posición de fuerza absoluta, mientras Irán es consciente de que, cada día que pasa, el líder estadounidense recibe más críticas de la comunidad internacional, de su ciudadanía y de su propio partido.
El vicepresidente JD Vance, junto con la delegación de EEUU, pasó más de 20 horas negociando una paz con los representantes iraníes el sábado en Pakistán. Y, aunque ambas partes se acusan mutuamente de ser inflexibles en sus pretensiones, lo cierto es que el mero hecho de sentarse a la mesa indica que las sucesivas declaraciones de Trump de las últimas semanas sobre cómo ha destruido toda la capacidad militar iraní, su liderazgo o su programa nuclear no son ciertas.
Por otra parte, en su anuncio amenazante del domingo, Trump volvió a mencionar a unos indeterminados aliados que colaborarían en la operación. «Otros países participarán en este bloqueo», afirmó, para decir más tarde a Fox News que «el Reino Unido y un par de países más están enviando dragaminas». Un portavoz del Gobierno británico se apresuró a indicar que colaborar en operaciones de desminado -en el marco de la coalición al margen de EEUU para liberar el paso en Ormuz- no equivale a sumarse al bloqueo del estrecho.
El bloqueo y sus consecuencias
El manual de la Armada de los Estados Unidos de 2022 sobre derecho de operaciones navales define un bloqueo como una «operación bélica para impedir que buques y/o aeronaves de todos los Estados, enemigos y neutrales, entren o salgan de puertos, aeródromos o zonas costeras específicas que pertenezcan a, estén ocupadas por, o se encuentren bajo el control de un Estado enemigo«.
De hacerse efectivo, EEUU reduciría a cero una fuente de ingresos de Irán -la de los peajes que ha empezado a cobrar hace unos días- que podría ser importante si la situación sigue enquistada, además de arrebatar una baza de negociación diplomática con otros Estados como ha venido haciendo el régimen de los ayatolás con China, Rusia, India o Pakistán.
Por una parte, al cerrar la puerta al paso de petroleros por la ruta por la que antes de la guerra transitaba el 20% del crudo mundial, los precios del ‘oro negro’ podrían experimentar otro fuerte repunte. Sin embargo, algunos analistas, como Robin Brooks, de la Brookings Institution, señalan que el bloqueo de Trump podría verse como una medida que aceleraría el fin del conflicto, entre otras cosas porque incentivaría a que China presionase a Irán para ceder, ya que el gigante asiático compra la mayoría del crudo iraní.
De hecho, el petróleo de Irán es el único que ha circulado con libertad por el estrecho de Ormuz desde el inicio del conflicto. Se calcula que el país exportó 1,85 millones de barriles diarios en marzo, más de lo que hacía antes del conflicto, según la empresa de análisis Kpler. Esto ha supuesto una fuente de financiación constante y ha impedido que el precio de la materia prima se disparase aún más.
China, por su parte, sí apuntó en las últimas semanas que debe garantizarse el libre paso por el estrecho, pero sus gestos no han ido hacia una conciliación. Informaciones de medios especializados han avisado de que el país liderado por Xi Jinping y en el que se encuentra de viaje Pedro Sánchez podría estar preparándose para enviar sistemas avanzados de misiles y defensa aérea a Irán. «Si China lo hace, tendrá grandes problemas», advirtió Trump el sábado ante la prensa.
El ‘juego del gallina’ al que vuelve a jugar Trump es, por tanto, bastante más complejo que un enfrentamiento entre dos. Pero cabe recordar cómo acaba el juego en la película: el personaje de Corey Allen se acobarda y quiere salir del coche, pero, cuando quiere hacerlo, se chaqueta se engancha en la puerta y el vehículo se despeña por el acantilado.
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