“Galardonado como ganador regional del Caribe por su precisión lírica y su atmósfera inquietante, el relato destacó por el aplomo y la contención de su voz”, escribió el jurado de los premios de relatos de la Fundación Commonwealth sobre el cuento La serpiente en el bosquecillo, del autor de Trinidad y Tobago Jamir Nazir. El texto fue publicado por la prestigiosa revista literaria Granta, que no intervino en el proceso de selección. Dos días después, internet se llenó de mensajes que acusaban a Nazir de haber escrito su relato con inteligencia artificial (IA). “Bueno, lo nunca visto: un relato generado por ChatGPT gana un prestigioso premio literario”, fue uno de los más virales. La polémica ha generado un debate profundo: ¿la IA se entrometerá en todo lo que leamos a partir de ahora?
Un relato publicado en la prestigiosa revista ‘Granta’ despierta numerosas especulaciones sobre su autoría y muestra la dificultad actual de cazar textos artificiales
“Galardonado como ganador regional del Caribe por su precisión lírica y su atmósfera inquietante, el relato destacó por el aplomo y la contención de su voz”, escribió el jurado de los premios de relatos de la Fundación Commonwealth sobre el cuento La serpiente en el bosquecillo, del autor de Trinidad y Tobago Jamir Nazir. El texto fue publicado por la prestigiosa revista literaria Granta, que no intervino en el proceso de selección. Dos días después, internet se llenó de mensajes que acusaban a Nazir de haber escrito su relato con inteligencia artificial (IA). “Bueno, lo nunca visto: un relato generado por ChatGPT gana un prestigioso premio literario”, fue uno de los más virales. La polémica ha generado un debate profundo: ¿la IA se entrometerá en todo lo que leamos a partir de ahora?
Nazir, contactado por este periódico, dice que el relato es solo suyo, en un inglés bastante distinto al del cuento: “Lo escribí yo. Desde mi infancia he escrito, y eso ha continuado mientras me fue absorbiendo mi vida profesional. Ahora una enfermedad me ha obligado a quedarme en casa, y así retomé la escritura. Vi el anuncio de este concurso y me presenté”. Ahora, añade: “He aportado pruebas de que efectivamente yo lo escribí”. En internet, el único rastro de un pasado literario de Nazir es un volumen de poesía, pero tiene planes de futuro: “Trabajo en otros proyectos, entre ellos la historia de la expulsión forzosa de mi abuelo desde India y su traslado a Trinidad y Tobago. Una historia muy, muy triste”.
Pero para los expertos, la respuesta es clara: el relato es artificial. “Es muy obvio que es un texto generado por IA”, dice Tuhin Chakrabarty, profesor del Departamento de Informática de la Universidad Stony Brook (Nueva York). El texto tiene un montón de tics de escritura que huelen a un programa inteligente, según Chakrabarty: “Seis usos de la palabra ‘hum‘ (zumbido); paralelismos negativos (no X, sino Y); demasiadas metáforas incoherentes y sin sentido: ‘el sol sobre el zinc es un instrumento cruel’, ‘el tejado responde con un gemido seco’, ‘el aire se pegaba, espeso como la nata de la avena’ o ‘tenía esa manera de andar que hacía que los bancos se volvieran hombres’, y la regla de los tres elementos: ‘tierra húmeda, humo de leña y el deje agrio del cacao fermentando’, ‘ni ventilador, ni bombilla, ni zumbido». La foto de Nazir también provocó cierto debate razonable sobre su origen:
Además de este caudal de recursos artificiosos, algunos expertos confían en determinados detectores de texto de IA. “Es inexacto decir que no existe ninguna herramienta de detección fiable. Pangram es extremadamente precisa”, dice Chakrabarty. Pero el debate sobre la fiabilidad de estas herramientas no está cerrado. “Yo soy muy escéptico con el tema”, dice Julio Gonzalo, catedrático de IA de la UNED y autor de artículos científicos sobre escritura. “En el entorno académico, los detectores de IA, que a veces nos obligan a usar, fallan como una escopeta de feria. Y es lógico: no se trata de diferenciar estilos, que es algo sencillo, sino de diferenciar entre un montón de estilos por un lado y una máquina imitadora de estilos por otro”, añade. También hay que distinguir estas herramientas sofisticadas de lo que hizo Granta, según su propio comunicado: preguntar a Claude si aquel relato era IA.
El esfuerzo por descubrir textos escritos por IA es uno de los grandes entretenimientos en internet hoy. Cualquier organización que deba revisar detenidamente textos para descartar el uso de IA tiene ante sí una tarea casi imposible. Este premio recibió casi 8.000 relatos y la obra de Nazir es solo uno de los cinco finalistas regionales. Si alguien aspira a que un jurado humano distinga algo de IA entre 8.000 textos de 8.000 autores, tiene un trabajo descomunal por delante. “En un premio literario puede suceder lo mismo que en un proceso de selección en una empresa grande”, dice Gonzalo. “Si se presentan demasiados candidatos, no hay tiempo para evaluarlos todos, y es tentador interponer algún proceso de filtrado automático”.
En un comunicado publicado por la Fundación Commonwealth parecen admitir que es una dificultad sin solución en esta nueva era. “El uso de la IA generativa, y su rápida evolución, plantea retos importantes para la labor literaria”, dice la Fundación. Y añaden que lo que han hecho es pedir a los autores que confirmen su honestidad, lo que es bastante pedir: “Cuando presentan relatos al Premio, los escritores aceptan nuestras normas, que incluyen confirmar que su obra es original y de su autoría. Todos los escritores finalistas han declarado que no se utilizó IA y, tras una consulta posterior, la Fundación así lo ha confirmado”.
Surgen muchas preguntas sobre el futuro de la IA para la escritura. Una inmediata: ¿Hay algún modo de regular esto? Las imágenes generadas ya tienen marcas de agua, aunque se pueden quitar. También podría hacerse para el texto, pero exigiría un estándar. Para algunos expertos, la mejor solución es híbrida. “La detección de IA es quizá la mejor solución ahora mismo”, dice Paramveer Dhillon, profesor de la Facultad de Información de la Universidad de Míchigan. “Estas herramientas no son precisas al 100%, y existe un riesgo muy limitado de falsos positivos, que es precisamente la razón por la que deberían complementar el ojo entrenado de un editor, no sustituirlo”, añade.
Otra pregunta es cómo puede ser que los humanos no sean capaces de valorar la originalidad de otro humano. Para eso antes hay que entender para qué es lícito usar la IA, dice Chakrabarty: “Si queremos preservar la creatividad humana y la originalidad, el miedo a hacer acusaciones falsas debe dar paso a conversaciones lúcidas sobre cómo y por qué usamos la IA generativa”.
Esta semana hubo otra polémica con la Premio Nobel polaca Olga Tokarczuk, que admitió en una charla con lectores que se había suscrito “a la versión más avanzada de un modelo de lenguaje y a veces me quedo en shock viendo lo fantásticamente que amplía los horizontes y profundiza el pensamiento creativo”. Al día siguiente, alguien tradujo la crónica periodística del acto al inglés y de pronto había gente denunciando a Tokarczuk por escribir sus novelas con IA. La escritora sacó un comunicado negando que escribiera con IA.
Una vez hayamos aceptado qué es lícito al escribir con IA, habrá que admitir también que la calidad en literatura es difícil de aclarar. “No existen las métricas objetivas de calidad: la métrica es el lector”, dice Gonzalo. ¿Hay lectores que se conforman con libros escritos por máquinas? Claro que sí. Aunque otro debate es a quién darle un premio literario. “Distinguir el valor o la originalidad es una cuestión subjetiva. Sin que medie una declaración previa, hay lectores que disfrutan de la escritura generada por máquinas. En cuanto a la originalidad, ¿respecto a qué? La originalidad es una métrica que depende de una referencia. Si desconoces una idea y alguien te la presenta, puede parecerte original, pero si más tarde se revela que es derivativa, tu percepción podría cambiar”, dice Chakrabarty.
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